Colombia y Cuba: una nueva Guerra Fría

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Resultan insólitas las teorías de una conspiración contra Colombia que desde los círculos más conservaduristas del país pretenden devolvernos hacia un pasado ya superado de enemigos internos y externos, propios de la Guerra Fría.

Hace 60 años, el 9 de diciembre de 1961, el presidente liberal Alberto Lleras Camargo protagonizó la ruptura diplomática entre Colombia y Cuba uniéndose a Estados Unidos en la Conferencia de Punta del Este (Uruguay, enero de 1962) en la iniciativa de expulsar a Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) “por ser un factor de perturbación para el sistema interamericano”. John F. Kennedy felicitó al gobierno por su papel en defensa de los principios de la libertad y democracia. En esos años, fuimos el alumno ejemplar de la Alianza para el Progreso pues existía en el país un sentimiento anticomunista ligado a tradiciones políticas y religiosas.

Fue tan evidente el protagonismo colombiano en contra del fantasma comunista – recordemos nuestra solitaria participación en la guerra de Corea – y de la amenaza cubana al continente que, al momento de la ruptura diplomática entre Argentina y Cuba ocurrida en 1962, hubo manifestantes en Buenos Aires que arrojaron bombas de alquitrán a la sede diplomática colombiana gritando: “Muera Colombia y viva Castro”. Al tiempo, el gobierno de Fidel Castro acusaba al país de estar sirviendo de base, junto a Panamá, Guatemala, Venezuela y Estados Unidos, para el entrenamiento de mercenarios anticastristas.

Hace 40 años, en marzo de 1981, el gobierno de Julio César Turbay Ayala volvió a romper relaciones diplomáticas con la isla argumentando que esta nación colaboraba con la guerrilla del M-19. Posteriormente, después de un largo período de recuperación de la confianza mutua, el gobierno de Cesar Gaviria restableció las relaciones consulares entre Colombia y Cuba en octubre de 1991. Justo en ese año se terminaría de derrumbar el bloque socialista con la caída de la Unión Soviética.

Ha corrido mucha agua por el puente desde que Cuba cesó su apoyo a los movimientos armados en América Latina pues ante el final del telón de acero, esta isla no tenía capacidad ni interés de intervenir en ningún país de la región. Desde esos años, Cuba se ha convertido en un aliado clave de las iniciativas de paz en Colombia como el proceso del Caguán, las negociaciones del gobierno Santos con las FARC y el frustrado proceso con el Ejército de Liberación Nacional.

Pese a estos buenos oficios, hoy múltiples voces de la derecha reclaman “mano dura contra Cuba” porque este país se niega a extraditar a los cabecillas del ELN que están en su territorio desde 2018 debido al protocolo pactado con Colombia que les otorgó inmunidad, indistintamente las conversaciones de paz se rompieran. Aunado a este clima de hostilidades, la revista Semana publicó un Informe Secreto sobre Cuba, en el cual se afirma que nuestro país “está amenazado” por una conspiración del eje Rusia-Cuba-Venezuela para desestabilizar al gobierno e incidir en las elecciones de 2022. Incluso añade que el ELN está financiando a grupos Amigos de Cuba para apoyar estas actividades. En igual sentido, la senadora Paloma Valencia sostiene que “Cuba quiere imponer el modelo comunista en Colombia y el continente” y María Fernanda Cabal pide romper relaciones diplomáticas con la isla.

Resultan insólitas las teorías de una conspiración contra Colombia que desde los círculos más conservaduristas del país pretenden devolvernos hacia un pasado ya superado de enemigos internos y externos, propios de la Guerra Fría.

El que los Estados Unidos gobernado por Barack Obama restableciera relaciones diplomáticas con la Habana en 2014 y excluyese a la isla de la lista de países patrocinadores del terrorismo ilustra cómo incluso para la Casa Blanca los tiempos cambiaron, no así para Trump y sus nostálgicos seguidores criollos.

*Roberto González Arana, Ph.D en Historia

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