La economista Julia Cagé sugiere que los medios tienen que diversificar sus fuentes de financiación via el crowdfunding entre otras cosas, pero también a través de subvenciones públicas indirectas que no dependan de la voluntad de los gobernantes de turno, sino de las preferencias de los ciudadanos.

Después del asunto de la columna de Daniel Coronell en Semana y del despido de los columnistas de Caracol Radio, el anuncio del fin de Noticias Uno, uno de los pocos medios de información reconocidos por su enfoque crítico en el país, ha vuelto a encender las alarmas sobre posibles presiones o censuras por parte del gobierno o de intereses poderosos a los medios y periodistas. Aun si estos asuntos difícilmente se configuran como casos de censura en la acepción clásica del término, la simple posibilidad de que el poder pueda callar al periodismo crítico mediante presiones de todo tipo no deja de ser un problema esencial en la democracia.

Frente a estos debates, algunos señalan que el tema es de financiamiento más que de censura. Las nuevas tecnologías de la comunicación han hecho que muchos contenidos estén disponibles en Internet y redes sociales y cada vez menos gente acuda a los medios tradicionales, y menos si toca pagar por eso. En este orden de idea, Noticias Uno cerraría simplemente a falta de público y eso sería una evolución normal e ineluctable del mercado.

Que el periodismo se encuentre en una severa crisis de transformación es algo bien conocido, pero no podemos hacer como si eso fuera algo tan inocuo como el paso del VHS al DVD. Esto tiene profundas consecuencias sobre la posibilidad de tener acceso a una información pluralista y de calidad y, por ende, sobre nuestro modelo de democracia.

De hecho, la crisis del sector no invalida el tema de la vulnerabilidad a la presión del poder. Al contrario. Cuanto más se agrava el problema, más dependientes quedan los medios de la pauta pública que es precisamente un poderoso medio de presión y chantaje. Para un observador conocedor del debate público en otros países, es notable el peso de la publicidad de los gobiernos nacional y locales en los medios de comunicación colombianos, lo mismo que la cercanía de la mayoría de ellos con el poder de turno, y no hace falta adherir a rebuscadas teorías del complot para darse cuenta de que las dos cosas van de la mano.

La crisis de los medios no solo refuerza su dependencia con el poder político, también los hacen más vulnerables frente a los grandes intereses privados. Solo unos pocos magnates están dispuestos a financiar a pérdida los medios tradicionales, y si lo hacen, es porque encuentran ahí la manera de defender otros tipos de intereses. Ahí también, no hace falta tener una mente particularmente inclinada hacia la paranoia para relacionar eso con el poco avance que han tenido las denuncias alrededor de los escándalos de los Panama Papers o de Odebrecht en el país comparando con los vecinos.

Así, más allá del debate conceptual sobre la existencia o no de censura y auto-censura en los medios, me parece que podemos ponernos de acuerdo en que la crisis de los medios tiene efectos graves sobre nuestra democracia y sobre la defensa del pluralismo. Si esto es así, las soluciones existen y el problema no tiene por qué ser tratado como una fatalidad o una evolución natural del mercado frente a la cual solo cabría adaptarnos.

En 2015, la economista francesa Julia Cagé escribió un ensayo titulado Sauver les médias (salvar los medios) que propone ideas en este sentido desde un enfoque radical de democracia. Sugiere que los medios tienen que diversificar sus fuentes de financiación via el crowdfunding entre otras cosas, pero también a través de subvenciones públicas indirectas que no dependan de la voluntad de los gobernantes de turno, sino de las preferencias de los ciudadanos. Por ejemplo, el financiamiento de los medios podría inspirarse del modelo de las donaciones a las asociaciones deducibles del impuesto a la renta, con la condición de que exista un tope relativamente bajo para que los medios no terminen reflejando las preferencias de los más ricos exclusivamente. Conceptualmente, esto se justificaría con base en su contribución a un bien público esencial: un espacio de información y debates libre, pluralista y serio indispensable al funcionamiento de la democracia.

En un país como Colombia, caracterizado por el gran peso del sector informal y un número limitado de ciudadanos que declaran renta, podemos imaginar incluso alternativas más radicales, pero no tan difíciles de implementar. Por ejemplo, podríamos prohibir la pauta pública que generalmente, solo sirve a promocionar la figura del gobernante de turno, con excepciones para campañas de utilidad pública como mensajes de información, o prevención en materia de salud, seguridad, etc. De hecho, si esas campañas son efectivamente de utilidad pública, deberían tener espacio en todos los medios de manera obligatoria. Los recursos que se dedicaban a estas campañas serían afectados de ahí en adelante a un fondo de subvención de los medios de comunicación, y distribuidos a los mismos en porcentaje que podríamos hacer depender en parte de su audiencia, en parte de una consulta popular anual para evitar congelar posiciones dominantes. Noten que esta solución no supone más costo para el erario de los que asume ahora.

Este fondo también podría ser alimentado con donaciones deducibles de los impuestos, pero ahí también, con un tope, y con únicamente una parte afectable a un medio particular mientras la otra parte se repartiría según las reglas del fondo, para evitar que los sectores más pudientes influencien demasiado los medios.

La crisis de los medios es una realidad, y sus funciones no pueden ser asumidas en totalidad por las redes sociales. Los efectos perversos sobre la democracia no pueden ser ignorados. En nuestro tiempo de fake news y de campañas digitales masivas como nos dieron a ver las películas Brexit y Nada es privado, es nuestro mismo ideal democrático que está amenazado. Es el momento de proponer y debatir soluciones.

*Yann Basset,  profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Doctor en ciencia política del Instituto de Altos Estudios de América Latina de la Universidad de Paris III-Sorbona Nueva. Director del grupo de estudios de la democracia de la Universidad del Rosario DEMOS, @yannbasset

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