Condenados al fracaso

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Sacado de Agencia de Periodismo Investigativo

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Los principios de la Coalición de la Esperanza llaman la atención, pero no precisan nada, sostiene Juan Camilo Castillo.

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En los últimos días, se hizo la presentación pública de los principios éticos que, según se da a entender, serán la base de la acción política de la Coalición de la Esperanza. Más allá de lo diciente que es que la famosa presentación haya tenido como eje cinco hombres ‘blancos’, heterosexuales, clase (medio) alta y citadinos, mi conclusión es una sola: la Coalición de la Esperanza está condenada al fracaso. A continuación, daré algunas razones para ello, pero primero hay que entender que la Coalición de la Esperanza está hecha a medida de S. Fajardo y será, salvo deslegitimación histórica, el candidato presidencial, de ahí que primero hay que entender el fenómeno Fajardo.

Más allá de la simpatía con la que cuenta en círculos del poder económico en Colombia, es cierto que Fajardo, como fenómeno político, es atractivo para muchas personas de diferentes sectores sociales. ¿Por qué es así? Lo más importante es observar alguna entrevista de Fajardo, pues todas son iguales: en ellas Fajardo no dice nada. Sus respuestas son vacías y abogan a lugares comúnmente aceptados y son amenas al oído humano, sobre todo en una sociedad tan golpeada como la colombiana. Él recalca una y otra vez que, en tanto que él es un buen ser humano, es un excelente político. Lo cierto es que, entre lo uno y lo otro, no hay relación necesaria. De la misma forma, si surge algún tipo de crítica fuerte a sus decisiones políticas, argumenta que, o bien son habladurías (aunque es el argumento menos utilizado), o bien son situaciones de las que él aprende todo pues ‘él escucha, se puede equivocar y da la razón’. Una vez más respuestas agradables al oído. Fajardo, sin embargo, no habla ni de la política real, ni de la economía y mucho menos del proyecto de país que tiene en la cabeza, pues esto, otra vez, lo remitiría a la economía, a la política real e, indudablemente, a decisiones que atañen el ámbito social y militar. Contrario a lo que muchos creen, Fajardo no es tibio. Él es la escenificación perfecta del camuflaje político. Él tiene un proyecto de país en la cabeza, una idea justicia social y de economía justa, pero obvia presentarlos, pues eso le traería problemas, lo enfrentaría a críticas y lo llevaría al debate.

Ahora bien, los principios éticos de la Coalición de la Esperanza son como Fajardo, suenan bien, pero no dicen nada. Como ejemplo tomemos el siguiente apartado del principio número 2 “la violencia a la que ha sido sometido el país exige superar la cultura de la guerra y construir una nueva ética social y pacífica.”. Después de leer esto, surgen preguntas instantáneamente, por ejemplo, ¿hará la Coalición de la Esperanza un nuevo proceso de paz con el ELN, con las águilas negras y los demás cárteles? ¿Regulará la coalición las drogas ilícitas? O, por lo menos, ¿cómo se construye esa nueva ética social? Claro, eso no se responderá, pues lo conocido sólo son los principios para presentarse como personas íntegras.

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Continuemos con un apartado del principio número 3: “En todas nuestras actuaciones privilegiaremos el bienestar general y la justicia social, y protegeremos a los más débiles.” Este principio es un buen ejemplo de no decir nada, dejando de lado la pregunta fácil sobre lo que se entiende por justicia social. ¿Qué significa proteger a los más débiles? Podría significar o bien que un eventual gobierno de la coalición tomaría una posición de clase y defendería a los más pobres, es decir, se utilizaría el Estado como un ente conciliador de la lucha de clases, o bien se dedicaría a observar que la explotación y la exclusión social funcionen con relación a la ley, sin interés alguno por modificarla. No obstante, lo más problemático de este apartado es la segunda parte, a saber: “la política pública debe estar orientada al servicio de la ciudadanía y no al enriquecimiento de unos pocos”. Este aparte llega a ser tan vacío, que puede ser verídico por partes iguales en un modelo económico neoliberal, en uno (neo)keynesiano o en uno socialista. Todo eso se dirime en la propuesta que sale de ese principio.

Después de estos ejemplos, se puede entender más fácil cuál es la principal razón del porqué está condenada al fracaso (quizás incluso antes de las elecciones). Ésta tiene dos aristas, por un lado, de principios no se ejecuta una campaña presidencial: están en la obligación de nutrir de propuestas esos principios, lo que los llevará a caracterizar su línea de acción más allá de bellas palabras. Por otro lado, la Coalición de la Esperanza está en la obligación de crecer, si quieren aspirar a ganar, pues sus miembros, todos con excepción de Fajardo, son sujetos políticos con un peso específico insignificante: Robledo, perdió con sus decisiones la fuerza en la izquierda que históricamente tuvo el MOIR; además, la existencia de Petro y su posición a la izquierda, lo obligaron a tomar un lugar más adecuado para él y su movimiento (pese a su pomposo acrónimo): centro (derecha). Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán y Humberto de la Calle sólo convocan electorado en tanto tienen consigo la maquinaria electoral que representan sus respectivos partidos políticos. Solamente Fajardo convoca electorado: él es el alma de la coalición, ella le pertenece en cuerpo y alma, él lo sabe y no permitirá que su candidatura sea puesta en peligro.

Así pues, se permite entender que, salvo una campaña presidencial similar a la de Iván Duque en la que no se enfrentó a grandes interrogantes, la necesidad de pluralidad acompañada de la imperiosa necesidad de concreción de propuestas de la Coalición la llevarán al fracaso.

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*Juan Camillo Castillo, M. A. Philosophie.Ph. D. Student Universität Leipzig, @Bi_Bite

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