Con hambre pero con parque

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Han entendido nuestros gobernantes que, cuando de cumplir se trata, mostrar obras de infraestructura es suficiente.

Pronto tendremos las elecciones presidenciales. ¿A quién escogeremos? ¿Al que más experiencia tenga? ¿Al de las mejores propuestas? ¿Al que nos señalen? ¿Al que enfrente el sistema? ¿Al que pague el precio por el voto? O, ¿simplemente al que más conozcamos?

Han salido incontables precandidatos a la presidencia de la República. Todos ellos saben que el futuro de sus postulaciones está sujeto al poderío económico con que cuenten. Yo no sé si en su departamento sea diferente, pero en el mío, el Atlántico, la elección de los políticos no se determina por sus conocimientos, capacidades, don de gentes, ni mucho menos por sus propuestas. Se define o por negociación del voto, o por el grado de recordación que se tenga de los líderes, incluso sin importar lo exitosas o lo nefastas que hayan sido sus tareas anteriores. Mucha gente sabe de Uribe, Petro, Santos, Fajardo, pero al resto, les tocará muy duro para que su nombre sea conocido por el país profundo.

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Entonces, si se tienen aspiraciones políticas, se debe contar con importantes recursos económicos, ya sea para desarrollarse como corrupto politiquero, de esos que no duermen tranquilos negociando votos, o para posicionar un nombre, igual que una marca, pues hoy, para bien o mal de la democracia, lo más importante es que se sepa quien es el candidato y caiga bien. Lo demás es secundario.  

En todo caso, el reto para Colombia es acertar con un presidente que tienda puentes, que se sintonice con el pueblo, que logre leer las coyunturas y de respuesta oportuna. Ya tenemos suficiente de vivir en el contexto de la confrontación. Se desmovilizó el grueso de los grupos paramilitares y guerrilleros; sin embargo, la disputa por el poder político, sigue siendo liderada por el odio de hijos de la guerra. 

Precisamos de un liderazgo que no destruya las instituciones, que se ocupe en reformarlas a fondo, que avance en la implementación del Acuerdo de Paz y que se concentre en encausar a la patria en el post conflicto, para lo cual se cuenta con el respaldo de la comunidad internacional. Dejar de una vez por todas la disputa de los extremos, que solo encuentra sentido generando polarización y  buscando el exterminio político de sus contrarios, pero que hace retroceder el país de forma consistente. En estos últimos tres años, por ejemplo, hemos retornado  socialmente, a la primera década de este siglo.

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Han entendido nuestros gobernantes que, cuando de cumplir se trata, mostrar obras de infraestructura es suficiente. Poco o nada importa que a esos mismos ciudadanos, a los que les hacen rimbombantes vías, plazas y parques, tengan hambre, estén sin agua, alcantarillado, salud, educación y empleo.  Según cifras del DANE, la pobreza pasó del 34.7% del 2018 al 42.5% en el 2020 y la pobreza extrema se dobló del 8.2% al 15.1% para el mismo período. Uno de cada tres hogares en nuestro país no puede tener sus tres comidas.

En nuestro territorio, la experiencia política es asociada con la ineficacia política. No obstante, se requiere de alguien que conozca al menos sobre el funcionamiento de la estructura institucional y la manera como se debe interactuar con cada uno de sus actores. Insisto, las soluciones no se logran cerrando puertas. Todo lo contrario. Se construyen entre todos, sin que ello implique dejar a un lado la legalidad, principios y valores.  

Transcurrido este periodo de gobierno, retumba en mi mente, y con sonido de grito desgarrador, el mensaje de: “las elecciones son importantes, debemos elegir a conciencia a personas capaces y nunca, nunca más, cometer el error de escoger porque alguien dijo que ese era”. 

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Escojamos gobernantes empáticos, que se pongan en los zapatos del pueblo, que se preocupen por su bienestar, que no solo se dediquen a la pulpa de las obras de infraestructura. Y recordemos, no todo lo nuevo es bueno, ni todo lo viejo malo. Buscar el equilibrio siempre vendrá bien. El balón sigue estando en la cancha de la ciudadanía.

*Rodney Castro Gullo, Abogado, escritor y columnista. @rodneycastrog

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