Lo que deja el coronavirus: La ilegitimidad del hambre

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Lo que en otrora había sido naturalizado en el país, hoy parece ser impermisible.

Veo a muchos ciudadanos y funcionarios públicos alarmados por las familias que no podrán trabajar corrientemente, auspiciando el agravamiento de los niveles de pobreza y pobreza extrema en el país. Nos aterroriza encontrar personas fallecidas en las calles, temiendo que sean víctimas fatales del Covid-19 como en Ecuador. Que el gobierno nacional implemente medidas serias frente a los microempresarios y trabajadores informales parece ser la petición más expandida desde el inicio de la cuarentena. Los programas de transferencias monetarias, incluido el de Ingreso Solidario, parecen no ser suficientes para despreocuparnos por aquellos que dudan sobre la posibilidad de alimentarse a diario.

Se trata, entonces, de que mientras estemos socialmente aislados, no son legítimos los efectos mortales de limitar la alimentación, el trabajo y la vivienda. Estamos asombrados por el hecho de que haya familias que no tengan garantizadas las tres comidas diarias, cuando el 7.2%[1] de los residentes en Colombia en el 2018 estaban en situación de pobreza extrema, es decir, tenían menos de $117.605[2] ingresos mensuales para vivir. También nos constriñe el alma quienes han sido desempleados por el cierre obligatorio de establecimientos económicos no relacionados con bienes y servicios básicos, cuando en febrero del presente año, el 12.2%[3] de la población económicamente activa estaba buscando empleo.

Lo que en otrora había sido naturalizado en el país, hoy parece ser impermisible. Me pregunto por qué. El resquebrajo de la idea del merecimiento es la más sólida. Hoy, más que antes, tenemos dificultades para aceptar que familias no se alimenten adecuadamente, no reciban un ingreso salarial o sean desalojados de viviendas alquiladas porque, dadas las condiciones de restricción de la libertad, no lo merecen. Ya que no pueden salir de sus casas a buscar empleo, aprobamos que sea injusto que no tengan dinero, y por lo tanto, que no se alimenten ni solventen las necesidades básicas para vivir. Lo cierto es que, si bien hay más personas vulnerables debido a la coyuntura actual, hay una proporción importante de población que no tiene posibilidades de vivir mejor hoy tanto como ayer.

En el ámbito nacional, celebro las ideas económicas y la implementación de programas públicos que plantean una mayor protección social, pero no son sólo necesarias en esta penumbra de la salud pública. Dado que las hondas preocupaciones de los microempresarios y la insatisfacción de las necesidades básicas de numerosas familias ya existían y seguirán existiendo, la responsabilidad estatal deberá avanzar para no retroceder durante y después de la cuarentena. La vulnerabilidad económica presente es un llamado fuerte de atención frente al tipo de país que hemos construido como gobiernos y ciudadanía. El agravamiento de las urgencias de hoy debe recordarnos que es producto de lo ya existente en el pasado.

Es tiempo de implementar políticas sociales y económicas estructurales en torno a la protección social. Garantizar las posibilidades de tener una calidad de vida mejor para cada ciudadano es un deber nacional, y por ello, políticas públicas con enfoque redistributivo que consideren a las clases populares y medias, de larga duración deben ser una prioridad[4]. Diversos estudios académicos han destacado la necesidad de programas que tengan efectos positivos sobre la generación de empleo y el incremento de los ingresos laborales para disminuir la pobreza, a través del mejoramiento del acceso a los activos[5], apoyo financiero al sostenimiento de microempresas,[6]y el desarrollo rural[7]. Implementar esas medidas debe ser el devenir de la política pública en el país.

* Marlyn Vanessa Vargas, profesora universitaria de Economía, Mg en Economía de la Université Paris 1 y en Estudios internacionales de la Université Paris 3, @MarlynVargasR


[1] Departamento Administrativo Nacional De Estadística (DANE). (Mayo 03 de 2019). Pobreza monetaria y multidimensional. Resultados. Recuperado de https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/condiciones_vida/pobreza/2018/pres_pobreza_2018.pdf

[2]  Ibid.

[3] DANE. (31 de marzo de 2020). Principales indicadores del mercado laboral. Boletín Técnico. Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH). Febrero 2020. Recuperado de https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ech/ech/bol_empleo_feb_20.pdf

[4] Desai, R. (2015). “Social policy and the elimination of extreme poverty.” The Last Mile in Ending Extreme Poverty. Brookings Institution Press Washington.

[5] Bebbington, A. (1999). Capitals and Capabilities: A Framework for Analyzing Peasant Viability, Rural Livelihoods and Poverty. World Development, 27(12), 2021–2044.

[6] Moser, C. O. N. (1998). The asset vulnerability framework: Reassessing urban poverty reduction strategies. World Development, 26(1), 1–19.

[7] Ravallion, M., & Chen, S. (2007). China’s (uneven) progress against poverty. Journal of Development Economics, 82(1), 1–42.

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