El coronavirus de la desinformación también ataca, dice Sandra Castillo.

Hoy en día, la forma de comunicarnos ha cambiado por la velocidad de la tecnología que lleva toda clase de información y nos hemos abocado a noticias que nos agobian por causa del coronavirus (COVID-19). Es curioso que seamos permeados con tanta facilidad: me refiero a que muchos estamos hablando con propiedad de un tema científico como si fuéramos médicos.

Basta con la opinión de un tercero, con replicar un correo, un video o una cadena de WhatsApp, tomando una fuente no confiable, para estar envuelto en la red de las noticias falsas o de poca credibilidad. Como no somos expertos, algunos, de forma intencional, comparten información para sacar provecho, generar tendencia, ganar dinero,,enviar un software malicioso e infiltrar información y nadie está exento de caer. Así nos ataca el coronavirus de la información que crece como un remolino de arena.

Para nadie es un secreto que el gigante asiático es muy diferente de otros países. China es el lugar donde puedes comer distintas especies animales porque se permite consumir aquello que para ellos sea comestible o que se considere nutritivo. Por ese motivo, existe una variedad de alimentos que en otros lugares no se conocen y han sido juzgados de forma inadecuada, porque fue el lugar donde nació el virus conocido como COVID-19. ¿Será que estamos llegando al punto de la discriminación? ¿Por qué entrar a calificar el consumo de bebidas o comida en China?

Quiero exponer otro punto de vista con el que pretendo que, en un minuto, le des una mirada a nuestra humanidad. No es bueno juzgar a menos que tengas evidencia o hagas un justo juicio, en el caso particular con evidencia científica y médica.

Con el volumen de información en Internet, redes sociales y otros medios, han surgido mensajes con portadas de científicos reconocidos, como la de Rodolfo Llinás, sin protocolo alguno entregando consejos por Whatspp Y Han convertido en viral el video de una joven comiendo murciélago. El interrogante que nos podemos plantear es: ¿somos suficientemente responsables con estos mensajes, con lo que publicamos o replicamos?

Se proclama el fin del mundo, pero esto es imposible de saber y, aunque la situación no es fácil para ningún ser humano, porque estamos luchando por nuestra subsistencia, es importante abocarnos a la prudencia.

Si China, el lugar donde se reportó el primer caso de coronavirus, entró en cuarentena, extremó medidas y entregó sus cifras – 82.122 personas infectadas y  3.304 fallecidos –  y, en este instante, están trabajando para ayudar a otros países y hallar una solución a esta situación, ahora es tiempo de mirarnos a nosotros mismos y ser solidarios. ¿Por qué se ha extendido el virus? No precisamente por el consumo de alimentos porque el origen animal de virus, según la Organización Mundial de la Salud, no ha sido comprobado, ni tampoco existe una conspiración en China mediante la creación en un laboratorio biológico de Wuhan, ni Nostradamus lo predijo, ya que todo esto es información falsa.

Reflexionemos en pro de la vida, revisemos información confiable y no provoquemos más angustia de la que se puede sentir a quienes en medio de la inocencia o la ignorancia confían en nosotros, procuremos hacer lo correcto, tomemos buenos ejemplos y aislémonos, no como lo han hecho mandatarios de Brasil, de México y otros que han tenido que reversar sus medidas frágiles ante la propagación del COVID-19. Por favor, tomemos en serio la salud mental y física porque no hacerlo implica jugar con tu vida y la posibilidad de la muerte.

*Sandra Castillo, abogada, @sandra_doly

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