Mientras se agrava la situación en Latinoamérica, será más evidente la crisis de liderazgo por la que atraviesa la región

Una pandemia del calibre como la que estamos viviendo pone a prueba el liderazgo de los que ejercen el poder. Más pronto que tarde será evidente quién estuvo a la altura de las circunstancias. Las sociedades tendrán que dividir entre aquellos que con honestidad y tesón nos ayudaron a navegar mares inciertos y en quienes hicieron de la angustia y sufrimiento un uso frívolo.

Hace tan solo unas semanas, veíamos como lejanas las noticias de los contagios que se desbordaban en China por un tal coronavirus. Hoy, estamos atónitos al ver la voracidad con la que el virus se propaga por nuestras calles, pero no todos. Algunos insisten en hacer caso omiso. O, por lo menos a algunos les ha tomado más tiempo y han esperado ser arrinconados por la verdad.

No es de sorprenderse que los que detestan la verdad y desprestigian a aquellos que la buscan fueran los primeros en minimizar el peligro que la ciencia daba por inminente. A la cabeza de estos está el “líder del mundo libre” (leader of the free world), como suelen llamar a los presidentes de turno de Estados Unidos, quien todavía a inicios del mes de marzo,  declaraba que la enfermedad causada por el coronavirus era un vil engaño promovido por el partido demócrata. Como era de esperarse, el aprendiz de presidente brasileño salió a denunciar que el número de contagios, que tiene a medio mundo encerrado en sus casas, eranun simple truco mediático. Al populismo le estorba la ciencia.

La evidencia del peligro de la pandemia que vivimos es contundente. Poco espacio le debería quedar al político que está acostumbrado a matizar las realidades, a torcer la verdad para enamorar a los electores y en el camino frenar a sus contrincantes. Pero el ser humano tiene dotes de creatividad interminables y, como suele ser de costumbre, en momentos en que la resiliencia humana se pone a prueba, qué mejor forma que apelar a la mística.

Frente a la insistencia de la prensa mexicana para conocer que hará México para enfrentar a la pandemia y, después de ridiculizar las prácticas de distanciamiento social, el presidente López Obrador le dijo a los mexicanos que lo mejor que podían hacer es conseguir un “detente”, refiriéndose a unos escapularios que colgaban de sus dedos y los presentaba como los amuletos que protegerán a México, en caso de que haya una crisis sanitaria, lo cual es inminente.

En Costa Rica y Nicaragua, con gobiernos de ideologías supuestamente contrarias, ambos hacen gala de oprobiosos actos para combatir los contagios. El gobierno costarricense, junto con los jerarcas de la iglesia católica, organizan un sobrevuelo de la efigie de un personaje bíblico sobre todo el país, para contener los contagios. En Nicaragua, donde han ridiculizado a médicos que pedían se prohíban eventos públicos como estrategia de mitigación, la vicepresidenta llamó a una marcha masiva para convocar al espíritu santo y la llamó “Amor en tiempos del COVID-19”. La Iglesia tiene responsabilidad ya que tiene el poder del púlpito. O, pide a sus fieles que se laven las manos o la Iglesia se lava las manos y dejan a los centroamericanos que desgranen rosarios para contener los contagios.

El liderazgo no solo se espera de los presidentes y ministros.  Si uno tiene quien le escuche, uno es responsable de contribuir a frenar los contagios que, de lo contrario, seguirán cobrando más vidas. Alcaldes, curas y pastores, profesores, empresarios, y periodistas. Y no olvidar del poder que ejerce la pantalla de la televisión y la voz que sale de las radios. En Perú, días antes de que declaren toque de queda, los programas más vistos de farándula en horas de la tarde, promocionaban jugos de verduras para curar la enfermedad del Covid-19. En la calurosa ciudad de Guayaquil, Ecuador, se corrió la noticia en la radio de que el coronavirus no se propaga en clima caliente y empresarios de deportes acuáticos llamaban a hacer caso omiso de las alertas. Hoy, Guayaquil tiene un crecimiento exponencial de contagios.

Mientras se agrava la situación en Latinoamérica, será más evidente la crisis de liderazgo por la que atraviesa la región. La pandemia pondrá en evidencia la solidaridad y humildad de muchos pero también la arrogancia de otros. Todos tenemos que arrimar el hombro, pero también debemos demandar que quienes se paran en frente vean mas allá de sí mismos. Que busquen el grano de la sabiduría que a menudo está enterrado en las profundidades de viejas e irrelevantes presunciones y suposiciones.

*Luis Ortiz, @LuisOrtizDC, es co-fundador de Voces, un podcast sobre política latinoamericana, con el auspicio de la Escuela McCourt de Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown.

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