Se nos ha hecho creer que la desregulación del mercado, incluyendo el laboral, se traduce en bienestar social y se ha presentado su justificación como lo más normal y sensato cuando no lo es.

Algunas correcciones a los paradigmas económicos actuales

La economía desde el siglo XVIII tomó a la física como referente para la construcción de su cuerpo teórico. De la mecánica celeste de Newton se trasladó elementos para construir la idea de mercados expuestos a fuerzas que los llevan al equilibrio. Según G.L.S. Shackle, “se asumió que las ciencias económicas se parecen a las ciencias de la naturaleza donde todo lo que es podría reducirse a un solo y solitario secreto del cosmos.” Han transcurrido más de doscientos años y la idea de equilibrio permanece incólume; los economistas poco reparan en lo nocivo de este concepto pese a las consecuencias duraderas que tuvo la gran recesión o crisis financiera del año 2008.

En su obra Elementos de Economía Pura de 1926, León Walras fue el primer gran exponente de la idea de equilibrio neoclásico; sin embargo, fue consciente que, para entender la interacción entre diversos mercados y llegar a la idea del equilibrio general, debía hacer abstracción de problemas profundos y entrar en peligrosas simplificaciones. Walras nunca pensó que el mercado fuera un cruce entre la curva de oferta y la de demanda; él sabía que esta reducción omitía el papel de las instituciones y hacía a un lado temas importantes como la justicia, la felicidad o la distribución de la riqueza.

Las advertencias de Walras desaparecieron de la mente de los economistas y, desde 1972, Robert Lucas impuso el Nuevo Consenso Macroeconómico (NCM) que centró su esfuerzo en encontrar relaciones entre el comportamiento de los individuos en mercados particulares – micro – y el análisis de la economía agregada – macro – . El NCM inventó un agente representativo y condujo ingenuamente a los economistas a suponer que aquello válido en el comportamiento individual es extrapolable la sociedad. Los economistas entonces empezaron a desconocer la dificultad que existe de obtener consensos entre diferentes preferencias (el Teorema de Imposibilidad de Arrow) y, por tanto, han ignorado trabajos como Salida, Voz y Lealtad de Albert Hirschman, quien reconoce la importancia de la acción colectiva frente a fallas del mercado o del Estado.

Los modelos de equilibrio general dinámico estocástico (DSGE) son la expresión máxima del  razonamiento del NCM y hoy son ampliamente aceptados en los bancos centrales y en los Ministerios de Finanzas Públicas. Para la mayoría de economistas, es suficiente reducir todo a un agente representativo y suponer que éste es el dueño de una sola empresa y que, a su vez, es su único empleado. Que la empresa produce una sola mercancía y que el agente representativo es su único consumidor. De suerte que la economía se interpreta como las decisiones que maximizan la utilidad de este trabajador y consumidor que es el agente representativo simultáneamente. Pero el absurdo no se detiene aquí. El agente representativo además tiene un conocimiento perfecto del mecanismo económico y de las distribuciones de probabilidad de todas las variables macroeconómicas, de tal forma que sus expectativas son acertadas y no existen obstáculos para llegar al equilibrio económico (expectativas racionales).

Increíblemente el NCM se impuso al sentido común al punto que economistas como Prescott llegaron a afirmar que el alto desempleo de la Gran Depresión era el resultado de una decisión racional de los trabajadores porque descubrieron que más horas de ocio les generaba mayor utilidad. “El problema – afirmó Romer, un economista decepcionado del NCM –  no es tanto que la macroeconomía hable de cosas que no tienen relación con la realidad; el problema verdadero es que haya economistas que no les importe que existe un grupo amplio de economistas a los que no les importa la realidad.”

Del estrecho planteamiento del NCM se han posicionado algunas conclusiones que son equivocadas y que es necesario corregir:

Los mercados NO son perfectos

Ningún mercado es libre; todos necesitan de reglas e instituciones para su adecuado funcionamiento. Sin embargo, el NCM no acepta ninguna imperfección del mercado porque esta es contraria a la idea del equilibrio, para ellos las leyes de Say y de Walras son válidas, los mercados se ajustan solos y no requieren de instrumentos de estabilización. Solo en casos extremos y en el corto plazo puede recurrirse a la política monetaria (siempre y cuando no la anticipe el mercado) como principal instrumento de estabilización de las variables reales.

Keynes rechazó esta idea y afirmó que las crisis ocurren por restricciones en el consumo que conducen a ajustes en las expectativas de producción y, por tanto, a una menor demanda de recursos de inversión y de trabajo. Estos desequilibrios o imperfecciones son el principal atributo del capitalismo y, por esto, para él es importante la intervención gubernamental.

El mundo NO es predecible

Para el NCM, el futuro puede predecirse con base en el pasado. Paul  Davidson afirmó que esto solo tiene sentido si se cumple la hipótesis de ergodicidad, es decir, si las distribuciones de probabilidad de los eventos económicos son invariantes en el tiempo. No obstante, se evidencia en la realidad que los efectos de un choque transitorio pueden persistir en el tiempo (histéresis) y, en consecuencia, no es posible alcanzar el equilibrio ni hacer algún pronóstico veraz. Debido a que no es posible conocer del futuro, las decisiones de las personas obedecen más a la euforia o al miedo que a los cálculos racionales.

A pesar del gran desarrollo matemático de la teoría de la probabilidad, ésta no ha dejado de ser entendida como una opinión, como un juicio de valor de acuerdo con nuestros hábitos o costumbres. Aunque la probabilidad de un evento sea reducida, éste puede suceder. Fue el caso de la crisis financiera del 2008. “Las probabilidades – dice Shackle – son un reconocimiento de que no se tiene conocimiento y estamos en libertad de usar la imaginación y hacer conjeturas (…) que descansan en testimonios escurridizos, fragmentarios y confusos, cuya interpretación y sugerencia puede cambiar de un momento para otro sin causa visible”

El dinero NO es neutral

Cuando el dinero únicamente se considera como medio de cambio y unidad de medida, se termina aceptando la falacia de la neutralidad del dinero. Los modelos del NCM no tienen en cuenta el dinero ni la presencia de los intermediarios financieros y, por tanto, tampoco el crédito. Ellos simplemente asumen la hipótesis de la neutralidad del dinero, es decir, que los cambios en las variables monetarias dejan inalteradas las variables reales. La crisis financiera demostró que hay actores que llegan a asumir riesgos excesivos que desestabilizan la economía y que el responsable está en las variables monetarias que Alan Greenspan administró.

La crisis se manifestó con un alto desempleo y un fuerte descenso del producto. La respuesta del Banco Central fue usar el mismo mecanismo que originó el problema: bajar más la tasa de interés. Pero cuando este instrumento llegó a niveles cercanos a cero, se implementó el mecanismo de expansión cuantitativa (QE) de la oferta monetaria con el fin de afectar las tasas de interés de más largo plazo. De acuerdo con Joseph Stiglitz, esta estrategia fue la responsable de que la economía entrara en una trampa por liquidez y que la recuperación fuera demasiado lenta; para él, unas medidas de política fiscal hubieran sido más oportunas. En diciembre de 2017, finalmente, se aplicó un aumento del déficit del 3% al 6% del PIB y éste se tradujo de manera rápida en un crecimiento económico del 4% y en una disminución del desempleo a niveles de 3.7%.

El trabajo NO es una mercancía

En los modelos del NCM, siempre existe el pleno empleo. Se pasa por alto que el mercado laboral tiene unas rigideces que no se superan con la equivocada idea de flexibilizar el salario. El nivel de empleo responde mucho más a la demanda agregada que al salario. Stiglitz enuncia otros factores que las autoridades económicas deben tener en cuenta para entender el mercado de trabajo:

  1. Los cambios demográficos impactan la tasa de desempleo en el sentido que existen niveles de desempleo estructural mayores para ciertos grupos. El desempleo juvenil, por ejemplo, tiende a ser un poco mayor que el resto.
  2. Las mejoras en la productividad deben reconocerse por medio de mejoresniveles salariales e incidir positivamente en la calidad de vida de los trabajadores.
  3. La internacionalización de los mercados laborales, los niveles de sindicalización y las modificaciones regulatorias también tienen incidencia en los salarios.
  4. Cuando elevadas tasas de desempleo son persistentes, ellas generan desmotivación, las personas pierden la esperanza de encontrar trabajo y los que están empleados se conforman con salarios bajos a cambio de mantener sus puestos de trabajo.

El crecimiento económico NO erradica la pobreza

Para el NCM, debe procurarse una desregulación total de los mercados para que la competitividad aumente el crecimiento económico y un mayor ingreso llegue hasta los más pobres. Esta idea conocida como efecto derrame no puede ser más simplista y falsa. La desigualdad, además de ser éticamente inaceptable, es una traba al crecimiento económico. Entre más profunda es la desigualdad, más bajo es el crecimiento. Un crecimiento elevado cuyo ingreso se concentra en unos pocos ciudadanos es un freno al efecto multiplicador porque la demanda efectiva se restringe.

Alesina y Rodrik mostraron en 1994 que las economías que parten de condiciones distributivas muy desiguales en ingreso y riqueza tienen bajas tasas de crecimiento económico en el largo plazo. Para una muestra de 70 países con condiciones similares en 1960, estos autores encontraron que, por un incremento de 0.16 en el coeficiente Gini de distribución de la tierra, se produce una reducción en el crecimiento de 0.8 puntos porcentuales por año. Lo anterior contradice el efecto derrame y llama la atención para que los votantes demanden unas medidas tributarias y un gasto público redistributivo.

Los recursos NO son infinitos

Se ha vendido la falsa idea de que la acumulación material redunda en felicidad y ésta ha hecho que se deprede los recursos naturales que permiten la vida sin importar que estos sean limitados. Lo importante no es la acumulación sino la satisfacción que las personas obtengan de realizar su proyecto de vida logrando mayor cohesión social y participación ciudadana y política. “La prosperidad consiste en nuestra capacidad de desarrollarnos como seres humanos dentro de los límites de un planeta finito”, afirma el economista ambiental Tim Jackson.

El NCM nunca ha involucrado esta preocupación en sus modelos. Para ellos, la función de producción por excelencia, la Cobb-Douglas, no incluye los costos sociales, ambientales y de agotamiento de los recursos no renovables que implica el modelo capitalista de producción. La propuesta de Jackson implica reducir el consumo material e incrementar el consumo de riqueza inmaterial (lectura, escritura, deporte, música, danza, meditación, arte, oficio, etc) y así reducir las actividades productivas que son generadoras de carbono.

Las decisiones económicas SON una expresión del poder político

Para el NCM, el uso de la matemática libera a las decisiones económicas de los juicios de valores y las hacen neutrales de intereses políticos. Nada más falso. “El problema -escribe Shackle – es que el mundo no es económico. Es político-económico, es económico-lucha de poder, económico-descontento social, es económico sujeto únicamente a insaciables codicias, rivalidades y enemistades implacables (…) Los asuntos económicos no están encerrados en sí mismos o aislados, no pueden tener una explicación autosuficiente.”

Una muestra de ello es la afirmación de J. K. Galbraith de que la adopción de la política monetaria se debe al interés de los poderosos por mantener estable el valor de los activos financieros más que por generar mayor empleo e ingresos a quienes dependen de su fuerza de trabajo. Esto fue evidente con los multimillonarios rescates financieros que hizo la Reserva Federal en la crisis financiera de 2008. Usualmente, la preocupación de los gobiernos no es el bienestar general sino unos intereses concretos que Alesina y Perotti enuncian así:

  1. El gobierno se comporta como un monopolista y su máximo interés es garantizar su reelección; por esta razón, puede usar la política económica con fines políticos de corto plazo.
  2. El gobierno tiene incentivos para desviarse de compromisos asumidos previamente por atender coyunturas particulares que tienen mayor rédito político.
  3. El gobierno puede ceder con decisiones presupuestales a favor de sectores sociales que tienen incidencia considerable en las urnas.
  4. El gobierno puede ver oportunidades de manejo fiscal inadecuado tomando ventaja de la información imperfecta y del desconocimiento de los votantes con relación al funcionamiento fiscal del país.

La economía no es una ciencia. No está libre de interés particulares por parte de aquellos que toman las decisiones económicas. Se nos ha hecho creer que la desregulación del mercado, incluyendo el laboral, se traduce en bienestar social y se ha presentado su justificación como lo más normal y sensato cuando no lo es. Éste entramado de la teoría económica no tiene bases sólidas. Aquella gente educada en las universidades más importantes del primer mundo han tomado como serio un relato que solo beneficia a unas élites que están concentrando riqueza a tasas endemoniadas dejando a su paso exclusión, pobreza y deterioro ambiental. ¡Es importante entenderlo y actuar!

*Jaime Villamil, economista y MsC en Matemática Aplicada de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó en diversas empresas del sector privado (Bancolombia, Interbolsa y Old Mutual). Coordinó la Estrategia de Superación de Pobreza Extrema del Gobierno Santos. Asesoró en la Comisión Tercera al Senador Antonio Navarro. Ha sido docente del curso de Macroeconomía de la Universidad Nacional y de Mercado de Capitales y Matemática Financiera en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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