Cuba, Colombia y el derecho a protestar

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Sacado de Diario Público

¿Las protestas se apoyan o rechazan, se impulsan o criminalizan, se respaldan o sabotean, dependiendo solamente de los colores, las pasiones y los sesgos particulares?

Sacado de Diario Público

Claro que Cuba ha estado sometida a un espantoso y doble moralista bloqueo gringo que la mayoría del mundo condena.

Claro que la gesta de hace más de sesenta años de Fidel, el Che, Camilo Cienfuegos y muchos otros rebeldes que se jugaron la vida para tumbar una dictadura que – no se olvide – estaba manejada por Estados Unidos y su mafia fue muy atractiva y, en muchos casos, inspiradora (para mal y para bien).

Claro que la Revolución Cubana cuenta con logros que países como Colombia – la ensangrentada, masacrada, corrupta y violenta Colombia – no tienen ni de cerquita. Un ejemplo concreto: las vacunas contra el Covid-19 que Cuba tiene prácticamente listas.

Claro que Cuba cuenta con otros grandes logros, como las misiones médicas que, solidariamente, han hecho presencia en muchos lugares del mundo, como por ejemplo Haití, lugar que menciono porque Colombia ha resultado haciendo presencia reciente allí de maneras menos aleccionadoras. O, ¿alguien puede cuestionar eso?

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Claro que Cuba se la jugó, en una acción impensable para un país en vías de desarrollo, contra realidades injustificables como las del apartheid, apoyando a Mandela, en tiempos en que este gran líder era visto por Estados Unidos como un “terrorista”.

Claro que Fidel Castro es una figura histórica y heroica que trascendió la “Guerra Fría” y que generó simpatía mundial, no solo por su carisma sin igual, sino por su férrea y digna postura que asemejaba a “David” contra “Goliat” ante el nefasto imperialismo gringo que imponía y respaldaba dictaduras militares en todo el mundo y tumbaba a todo gobierno que declarara cierta “independencia” de su órbita.

Claro también que el régimen cubano ha estado sometido a presiones y saboteos de todo tipo y que gran parte de su crisis económica es resultado de todo esto.

Claro que Estados Unidos está detrás de muchas acciones que se hacen, por todos los medios, para desestabilizar al gobierno cubano, al tiempo que no se la monta a China, Arabia Saudita o Vietnam (con el que, incluso, tuvo una guerra), pues hay buena plata de por medio y su preocupación por la “democracia” es solamente una excusa ya muy rebuscada.

Claro que algunos miembros de los movimientos del exilio cubano son personajes que, en su momento, eran consentidos del régimen, pero que, caídos en desgracia, se dedicaron a atacar y destruir fanáticamente lo que antes defendían con ahínco.

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Y claro que Cuba ha servido de excusa para que personajes muy fanáticos – y muy ignorantes – pretendan vender la idea de que todo proyecto político de avanzada en América Latina es “comunista”, pues, al parecer, la extrema derecha (que he visto, ahora se autodenomina “libertaria”) es nostálgica de la “Guerra Fría” y de las “cacerías de brujas” que sirven para defender y promover agendas reaccionarias y regresivas.

De hecho, claro que Cuba ha sido generosa con Colombia para apostar por la paz y la reconciliación del país, reconociendo, además, que la lucha armada ya no es el camino para conseguir verdaderos cambios. Y claro que Colombia ha sido tremendamente desagradecida con esto.

Y claro que la Revolución Cubana nos dio a Silvio, Pablo, IrakereSon 14Los Van Van y Alexander Abreu, entre muchísimos más, pues las circunstancias políticas y sociales, con bloqueo incluido y músicos educados con altísimo nivel técnico, generaron inevitablemente nuevas sonoridades que hoy en día nos siguen maravillando.

Todo eso es claro, sin embargo, también es claro – o, bueno, es claro para mí –  que, a pesar de todo eso que menciono, Cuba se convirtió en un régimen despótico, represivo y de partido único, que no permite disentir o expresar abiertamente puntos contrarios a las verdades oficiales.

Y también lo es que la Revolución Cubana, que fue, en su momento, la esperanza para mucha gente de postura crítica y rebelde de todo el mundo, terminó transformada, luego de sesenta años de existencia, en una dictadura que no permite cuestionamientos, interrogantes y visiones críticas sobre la realidad concreta, con una crisis que no se puede negar.

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De hecho, es claro que con las revoluciones triunfantes, como la cubana, pero también la francesa, la mexicana, la china y otras se presenta la triste paradoja de que, cuando ganan, terminan, con el tiempo, convirtiéndose en el poder establecido, es decir, derechizándose.

Por eso, para mí es claro – aunque no siempre pasa y Colombia es un ejemplo de eso – que las personas, en cualquier lugar del mundo, deberían hacer valer su derecho de expresar sus desacuerdos libremente e incluso pedir transformaciones sin que los repriman violentamente. Eso es algo mínimo – y claro – que toda persona debería tener garantizado.

Y debería ser claro y elemental que, si aquí en Colombia apoyamos las protestas que, por razones muy válidas, adquirieron visos de insurrección popular ante un gobierno indolente, mediocre y, sin duda, represivo, también es claro que se debería respaldar el derecho de las personas de otros lugares como Cuba, la querida Cuba, a manifestarse contra su gobierno, o contra lo que quieran, si así lo consideran necesario. De hecho, creo que las causas de las protestas, tanto en Cuba como en Colombia, tienen bastantes similitudes, incluso, en la forma en que sus malquerientes acusan a los marchantes de ser instrumentalizados por otros intereses.

No obstante, y por todo esto, vale preguntar si ¿las protestas se apoyan o rechazan, se impulsan o criminalizan, se respaldan o sabotean, dependiendo solamente de los colores, las pasiones y los sesgos particulares?

Ojalá que no, pues el derecho a ser, pensar, vivir, actuar y sentir-y, por supuesto, disentir debería ser claro para todo el mundo.

Y abajo el bloqueo, que también quede claro.

*Petrit Baquero, historiador y politólogo, autor de El ABC de la Mafia. Radiografía del Cartel de Medellín(Planeta, 2012); La Nueva Guerra Verde (Planeta, 2017) y Manual de Derechos Humanos y Paz (CINEP/PPP, 2014)

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