Cursitis y otras patologías de las buenas intenciones

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Este texto fue preparado por Isabel Londoño Polo y Diana Lucía Vidal Caicedo

¿Qué sucedería si en lugar de enseñarles teoría a las mujeres candidatas les enseñáramos cosas prácticas: cómo construir su imagen pública, cómo interactuar con los partidos, cómo conseguir la financiación de su campaña, cómo usar la tecnología para conectarse y convencer votantes?

En un país como Colombia, donde las mujeres tienen en promedio casi dos años más de educación que los hombres, resulta extraño que todos los problemas de las mujeres desemboquen en el mismo tipo de soluciones: entrenarlas.

Si es promover emprendimiento, es un curso de emprendimiento. Si es eliminar la violencia de los hombres contra las mujeres, es un curso para ellas. Si es participar en política, es un curso sobre la Ley 5 – la operación del Congreso – o sobre qué es la democracia, y así sucesivamente.

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Múltiples hipótesis se pueden plantear frente a esto:  

  • Que hay un pensamiento místico que imagina que las mujeres pueden resolver todos los problemas una vez tienen la información sobre su existencia y los elementos teóricos para su solución – sin los recursos físicos, el acompañamiento, las estructuras institucionales – .
  • Que las personas que inician estos programas no quieren resolver realmente los problemas sino pretender que se interesan en resolverlos.
  • Que una vez completado el curso se logrará el objetivo. En el momento de poner en práctica lo aprendido, se hace un amago de intervención pues se llega a la conclusión de que se carecen de recursos emocionales, financieros y redes de apoyo suficientes para hacer una intervención realmente sustantiva.

Muchos de los programas públicos de las diferentes entidades de gobierno y privados de organizaciones sin ánimo de lucro y departamentos de responsabilidad social de gremios o empresas y hasta los programas financiados por la cooperación internacional tienen métricas estructuradas a partir de sus buenas intenciones y “cortoplacistas” al no medir su impacto en cambios concretos, medibles y visibles del comportamiento sino que se evalúan por el número de personas que van a los cursos ofrecidos. Las evaluaciones de insumos/medios y no de resultados contribuyen a esta “cursitis”.

Una de las cosas que nos encanta de la cultura anglosajona es que no solamente se inquietan por el “qué” de las cosas, sino igualmente investigan y escriben sobre el “cómo”. Enseñan el “cómo” en los cursos, en lugar de concentrarse en el “qué” y el “por qué” donde se concentra la conversación, la reflexión y la capacitación en la cultura latina.

En nuestro país, en los cursos, diplomados, talleres y demás actividades pedagógicas con las mujeres, la concentración es en el “qué” y en el “por qué” y poco se habla del “cómo”. Esto es evidente tanto en los cursos de emprendimiento como en los cursos de prevención de violencia, participación política, empoderamiento y liderazgo.

En esta época preelectoral, muchas entidades públicas, organizaciones sin ánimo de lucro y    cooperantes internacionales están ofreciendo profusamente cursos de capacitación a las mujeres para incrementar su participación en la política. Las mujeres participan con gran energía y entusiasmo en estos cursos.  Sin embargo, no se hace una reflexión obligada: llevamos años haciendo lo mismo y la participación de las mujeres no crece ni siquiera en un porcentaje parecido a la efusividad en la participación en los cursos. No escucho a las entidades oferentes preguntarse: ¿será que los cursos no son suficientes? ¿Será que el contenido es el adecuado? ¿Las mujeres requerirán algún tipo de apoyo adicional/distinto al que se les brinda a los hombres? El incremento en la participación de las mujeres no refleja todo el esfuerzo y los recursos invertidos en los innumerables cursos dictados.

(Texto relacionado: Ocho razones para ser candidata)

Revisando los contenidos de algunos de estos cursos ofrecidos ahora también por los partidos políticos, encuentro que sus contenidos son teóricos y se centran en temas de “género” o la condición de la mujer, la democracia y la estructura institucional de lo público, la legislación electoral – calendarios, inhabilidades, entidades, procesos – y poco en las habilidades concretas, los conocimientos, las metodologías y qué es lo que las mujeres necesitan para ser candidatas y resultar elegidas para un cargo público. Todos los cursos son útiles, pero cursos teóricos si mucho lograrán interesar a las mujeres en el tema o hacerlas más “letradas” en la política, pero para nada las prepararán para ser candidatas y/o para ganar una elección. Pocas entidades se salvan de esta tendencia y es importante una discusión pública sobre el poco impacto que toda esta inversión está teniendo. El resultado de los cursos no se mide en términos del número de mujeres candidatas y número de mujeres elegidas, sino en términos del número de mujeres participantes en los cursos, a veces con controles de asistencia bastante “ligeros”.

He llegado a pensar que esta cursitis es una estrategia más de la cultura patriarcal para mantener a las mujeres por fuera de la política. Llenar a las mujeres de conocimientos teóricos para que, en esa ilusión de estar preparadas para la contienda, ellas acepten ser parte de una lista que se percibe “más igualitaria”, pero al final excluyéndolas de la sororidad política “de hombres” en donde se comparten, ahí sí, experiencias y conocimientos prácticos sobre cómo hacerse elegir.  

La vicepresidencia de la República, con la Universidad Sergio Arboleda, acaba de iniciar un curso masivo para mujeres, de muchas horas de clase – imagino un contrato con muchos ceros en el monto – cuyo contenido es el siguiente:

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Nos preguntamos si este tipo de agenda temática va a producir algún impacto en la participación política de las mujeres. Y, si esta es una actividad cuyo objetivo es adoctrinar mujeres con algunos planteamientos de tipo partidista, o si es una actividad que realmente busca interesar a las mujeres en ser candidatas a cargos públicos.

¿Qué sucedería si en lugar de enseñarles teoría a las mujeres candidatas les enseñáramos cosas prácticas: cómo construir su imagen pública, cómo interactuar con los partidos, cómo conseguir la financiación de su campaña, cómo usar la tecnología para conectarse y convencer votantes?  Estamos seguras de que el impacto sería diferente.

Una consideración adicional a tener en cuenta es que la mayoría sino todos estos cursos se dictan sin ningún costo para las participantes. Estas mujeres que toman cursos, muchas de las cuales se inscriben en cuanto curso aparece, se acostumbran a recibir servicios sin tener que aportar nada, y encima de todo, sin tener ninguna obligatoriedad de asistir a todas las sesiones, y menos, de hacer algo útil para la sociedad después de recibirlos, usando la capacitación recibida. Esta cultura de recibir sin tener que dar nada, ni producir nada, no es la más conveniente para fomentar el liderazgo que Colombia necesita de las mujeres.

La escuela de derecho de la Universidad de Yale patrocina una Escuela de Campañas Políticas para mujeres, que lleva más de 30 años de operación y ha sido el sitio en donde muchas representantes a la Cámara, legisladoras estatales y municipales americanas han hecho sus primeros pinitos en el mundo electoral.  Sus programas muy variados (de dos horas, un día, hasta una semana completa de inmersión) se enfocan en habilidades prácticas: cómo zonificar el territorio, cómo reclutar equipos, cómo interactuar con el partido y lograr el apoyo requerido, cómo organizar una campaña de recolección de fondos, cómo lograr grandes y pequeñas donaciones y otros temas importantes del proceso electoral en Estados Unidos.

Politikonas, una organización sin ánimo de lucro que promueve la participación de las mujeres colombianas en política como candidatas, como funcionarias de las campañas y como militantes activas de los partidos y movimientos políticos, y la Escuela de Campañas Políticas para Mujeres de Yale, con el apoyo del Instituto Republicano Internacional, IRI, ofrecerá un curso de un día el 28 de octubre. Este curso, al que estamos invitando a todas las mujeres colombianas interesadas en participar en política o entender mejor los procesos que implican una campaña política, es el segundo curso que ofrece Politikonas con la Campaign School de la Universidad de Yale, el tercer curso internacional y una más de las más de 50 actividades para llegar a su objetivo de incrementar el número de mujeres candidatas a las elecciones del 2022. Si tiene interés en participar en política o entender mejor los procesos que implican una campaña política, escríbanos a [email protected] para recibir el enlace al formulario de inscripción y hacer parte de una experiencia de formación innovadora, enfocada en darles a las mujeres herramientas que generan resultados.


*Isabel Londoño Polo, Ed.D, activista feminista, coach política, columnista, escritora.

Isabel Londoño Polo

*Diana Lucia Vidal Caicedo, bogotana. Apasionada por trabajar por el bien común. Economista con pregrado en Ciencias de la Computación, una Maestría en Economía y un MBA.

Diana Lucía Vidal Caicedo

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