El show de los partidos de gobierno, quienes insisten que Hernández Solarte es un mafioso, no fue sorpresa. Fue sorpresa, y grande, el espectáculo de los congresistas de la Alianza Verde para la entrada del exguerrillero a la Cámara.

Después de un largo camino, que aún no termina, llegó Jesús Santrich a la Cámara de Representantes. Todo el tema del exjefe guerrillero electo para la Cámara con acusaciones haber reincidido en el narcotráfico ha desgastado la opinión pública de forma intensa en las últimas semanas. Y por eso mismo, hubo conmoción tanto en comisión séptima como en plenaria por su entrada.

El show de los partidos de gobierno, quienes insisten que Hernández Solarte es un mafioso, no fue sorpresa. Fue sorpresa, y grande, el espectáculo de los congresistas de la Alianza Verde para la entrada del exguerrillero a la Cámara. El argumento de “acepto pero no comparto”, pareció populista ante quienes prima el principio de inocencia inclusive para los opositores políticos. Quienes habían liderado la oposición a los cambios propuestos por el gobierno al proceso de paz, hoy parecían distanciarse de varios de los postulados de este acuerdo.

Imagen: MSN 14/06/2019

Hay varias verdades en juego en el caso Santrich. La primera es que no hay ninguna condena en contra de Santrich por el delito de narcotráfico posterior al primero de diciembre de 2016. Otra es que él estaba electo para el Congreso, o más bien designado, por un artículo de la Constitución. Otra es que por esta razón tiene fuero, y solo la Corte Suprema lo puede juzgar. Todo lo demás, todas las opiniones que son válidas en una democracia, no pueden tener fuerza en la realidad.

Es peligroso dejarse caer en el estado de opinión. La democracia designó una separación de poderes dentro de lo público para evitar que la opinión pudiera condenar a alguien sin que esta persona pueda defenderse de algo falso o erróneo. Y ya veremos: el máximo tribunal en temas penales de nuestra república está a cargo, y así como han perseguido diferente delitos de todo tipo de escándalos, investigaran este y tomarán una decisión en derecho. Mientras tanto todos tenemos el derecho a opinar, pero no tenemos el derecho a condenar antes del fallo.

Mientras tanto, como sociedad colombiana, debemos darle la oportunidad a Santrich de que participe mientras puede. Debemos entender que tiene un liderazgo importante con quienes durante años estuvieron alzados en armas y quienes hoy le apuestan a la paz. Darle esa oportunidad de liderazgo a Santrich puede afianzar el proceso con los excombatientes que hoy sienten inseguridad jurídica. Es, sobre todo, a ellos a quienes se les tiene que demostrar que el proceso se lleva con todas las garantías y que el resultado de este responderá a realidades fácticas y jurídicas, desvirtuando el argumento de la persecución.

También debemos darle la oportunidad a todos los tribunales de que hagan su trabajo. Es difícil actuar en derecho cuando la decisión tomada puede llevar a un referendo derogatorio. La decisión sobre Santrich, así como todas las demás, debe ser tratada por ellos como la de cualquier otro ciudadano. Esto solo es posible si tomamos el tema con paciencia y dejamos que se haga el trabajo debido.

Pero con más énfasis, es necesario que los colombianos nos demos la oportunidad de vivir en paz. Es necesario que todos y todas, siguiendo el pedido de John Jairo Hoyos, quien vivió la guerra con el secuestro y asesinato de su padre: debemos comprometernos con la reconciliación. Y esta reconciliación ampliamente trasciende el abrazo con quien es distinto. Realmente significa que nos toca tolerar a quien piensa diferente, y discutirle con ideas en vez de insultos. Para esto todo el caso Santrich, con todo lo que ha desgastado la opinión pública, ha servido. Debemos escuchar a Santrich en su trabajo como congresista, pues de su pasado se encargaran las cortes.

*Camilo Villarreal, estudiante de derecho en la Pontificia Universidad Javeriana. Activista por la paz. Co-coordinador Rodeemos el Diálogo Joven, donde ha desempeñado trabajos respectivos a la veeduría de la implementación, pedagogía y construcción de memoria histórica.

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