Las enormes movilizaciones en las principales ciudades del país en contra del gobierno del presidente Iván Duque ocupan las redes sociales, las portadas de los grandes, medianos y pequeños medios de comunicación, que no pueden ocultar el descontento social que crece en diversos sectores de la población colombiana.

Esta historia no comenzó el 21 de noviembre; ha sido un largo caminar de muchas manos y pies que han ido mostrando que algo no está bien en el país, que han tomado una fuerza histórica porque reúnen muchas reivindicaciones, que no están liderados por las anquilosadas dirigencias de las centrales obreras, ni están esperando la orientación de los excandidatos presidenciales y que tienen tanta dimensión social que han podido construir símbolos, algo que permite que la sociedad identifique plenamente, tanto lo que se exige como lo que cuesta lograrlo.

Digo que esto no comenzó el pasado jueves. Se inició con fuerza pasado el 14 de diciembre de 2018 cuando el estudiante de la Universidad del Cauca Esteban Mosquera perdió uno de sus ojos, hecho que, como él mismo señaló en una entrevista a Unicauca Al Día Radio, fue producto de un disparo de un integrante del ESMAD. Esteban es un artista, un joven creativo amigo de muchos y, por eso, su dolor y sus palabras se transformaron en muchas artes, palabras y hasta silletas de flores en municipios caucanos, hasta sintetizarse en la consigna: ¡Que la educación no te cueste un ojo de la cara!

En Popayán, el Cauca y todo el país, se entendió que la gente que estaba luchando tenía rostros como los de Esteban, personas del común que buscan que la vida de todos mejore, que es una paranoia seguir diciendo que estos movimientos hacen parte de una conspiración interna y externa.

El doloroso caso de Esteban aumentó las movilizaciones y las presiones y la gente lo tomó como un símbolo que debía unir a los manifestantes para lograr justicia y mayor presupuesto para la educación superior pública, tema que antes de finalizar ese año se pudo materializar con el Gobierno nacional.

Desde allí vimos que algo nuevo se estaba gestando y eso era un gran respaldo social a unos reclamos y unas formas de manifestarse que se vieron como un problema de todos, y no de los mismos de siempre.

Hoy, todo ese descontento de solicitudes no resueltas se alimenta de las medidas anunciadas por el Gobierno que luego retira y luego vuelve y anuncia. Dice que no habrá reforma pensional, pero participa en foros donde se discute ese tema con los empresarios. Al final, la gente siente que no le están siendo sinceros desde los micrófonos de la Casa de Nariño.

El 23 de noviembre, millones de colombianos seguían en las calles de manera pacífica con sus cacerolazos. Uno de ellos, un joven de 18 años, Dylan Cruz, fue herido de gravedad por un integrante del ESMAD de la policía en el centro de Bogotá, llenando de dolor, rabia e indignación a la gente que tranquilamente está en las calles. Ello ha indignado, pero también ha forjado la Dignidad, esa que va más allá del pliego de peticiones que ya se está armando de manera colectiva. Es esa dignidad que permite que los parques, las calles, las plazas y las ventanas de las viviendas se conviertan en pequeños espacios de libertad.

Esto por ahora continuará.

* José Marulanda, periodista de UniCauca Estéreo, @marulojose

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