Del texto a la imagen, conversaciones al margen, dinero y estética

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El profesor David Camargo y el maestro de artes plásticas Heiler Torres discuten la estética del dinero.

La obra de Heiler Torres explora distintas técnicas gráficas en el dibujo: realizado de manera tradicional con lápiz o tinta, o buscando otras maneras de configurar la línea como el esgrafiado – una de las técnicas denominadas “a la manera negra” -, lo que permite trabajar temas referentes a la luz y a la iniquidad. También explora el uso de betún de judea para plantear una aproximación a los escenarios sociales mecanizados, así como trabajos en pintura, escultura y ejercicios de arte colaborativo, en un ejercicio constante de pedagogía del diseño y la crítica social, dentro de aquella manifestación que ahora tiene el nombre de “artivismo.”

A raíz de la columna “Papel, moneda y desigualdad”, de finales del mes de julio 2020, se produjo un intercambio narrativo entre las letras y las imágenes que desembocó en este escrito que explora el hablar como una práctica estética, construyendo notas al pie, al margen de aquella columna.

Paralelo al tiempo en el que salió publicada aquella columna, Heiler estaba iniciando una propuesta creativa entre dibujo sobre papeles para impresión (propalmate) y fotografía del dibujo, más objetos que dialogaban con la imagen: monedas, tornillos e incluso el esfero con el que fueron dibujados. Por alguna razón se dio un punto de contacto entre lo expuesto en el artículo con ciertas ideas frente a la ironía vivencial con el dinero, entre ellas cómo es marcada la desigualdad entre un bolsillo con billetes y otro con monedas, e incluso la gran diferencia estética en cuanto a diseño y concepto entre las monedas y billetes de las dos últimas generaciones.

Este juego macabro de la moneda – en relación a la equidad y el servicio a la gente – es uno de los temas principales de la película española “El Concursante”, dirigida por Rodrigo Cortéz; en ella se cuenta la situación de un docente de economía llamado Martin, interpretado por Leonardo Sbaraglia, quien gana infinidad de premios en un concurso de televisión, cuyos costos son casi que obscenos: autos, mansiones, ropa costosa, joyas, barcos y hasta un avión, premios que se convierten en un afanoso estado de agiotismo y rapiña cambiaria e incluso un motivo de endeudamiento imposible de pagar.

En el centro del guión aparece el personaje Edmundo, interpretado por el actor Chete Lera, quien es algo así como un anarquista culto e informado de las prácticas de la banca y la economía en general, y le da a Martín una alucinante lección sobre el abuso de estas empresas a sus clientes.

Cuando Heiler comparte su trabajo, David le muestra a su hijo de cuatro años la imagen de la mujer que piensa el dinero y reza/recibe sus frutos, y la del hombre que recibe dinero para ver y hablar del mismo; entonces, Emilio pide acceder la imagen y permitirle jugar a meter las monedas, como en una alcancía, para que salieran por ese mágico tobogán que se forma al romper el papel, en lo que se ve el paso entre lo imaginado y lo obtenido.

La alcancía en su forma de cerdito, la “hucha”, nos introduce en lo mágico, en el sueño de lo prometido, como otro hijo, pero de una gran amiga músico – Angélica Gámez -, quien le dijo a su abuela hace ya muchos años: “no te preocupes abuelita si no tienes dinero, ve a la caja en la pared de donde salen los billetes (- el cajero automático -)”.

Ese universo mágico en el que vivimos nos lleva a gastar en lo innecesario, pero a la vez nos muestra lo innecesario del dinero si se tiene, la banalización del arte en el billete y la moneda (como tener los billetes o monedas “más bonitos del mundo”), o la burbuja del mercado artístico como un universo del derroche y la apariencia. Una vida vivida como puesta en escena de ilusiones, como la “caja oscura” del cine o la fotografía: fantasías de Netflix en “La Casa de Papel”, como lo está viviendo Argentina hoy en día, frente a la realidad de la sangre, la muerte, el hambre, el dolor por la imposibilidad de alimentarse, tener salud, vivienda digna, o tal vez de cumplir los sueños del capital.

Tenemos una obsesión por el dinero, como individuos, derivada del hecho de no tenerlo, pero, a la vez, como sociedad, glorificamos el derroche del mismo como muestra de lo absurdo de su existencia. Pablo Escobar encuentra que en la realidad cotidiana el fin último del dinero es solo ser papel, cuando debe quemarlo para calentarse con su familia, así como el arte muestra que es un papel con dibujos.

En la práctica, la destrucción de moneda (p.e. Estados Unidos), su maltrato o deterioro, es penalizada por el Estado como una forma de “cuidar” un bien producido, de la misma forma como se impide la creación de papel falsificado, o de otro tipo de monedas, temiendo que desaparezca un circulante que lo mantiene “vivo”, que le permite controlar nuestros sueños y realidades, como anuncian Deleuze y Guattarí en Mil mesetas.

Es por ello que las “monedas sociales”, los “Local Exchange Trading Systems – LETS” o los “Kooperationsringe” (un LETS con énfasis cooperativo) son organizaciones de personas asociadas que construyen alternativas económicas al control que ejerce el Estado y comercian con tiempo de trabajo y productos con reglas internas acerca del valor, la moneda, la duración de la moneda, los servicios ofertados, generando procesos equitativos de acceso al trabajo humano, y operando con otras lógicas del sentido, para recuperar el control del tiempo que nos termina robando el papel moneda (horarios de trabajo, cuál es y cuál no es tiempo libre, acceso en calidad y cantidad a bienes y servicios).

  • David Camargo, docente asociado Universidad Antonio Nariño, científico analista de datos, asesor en políticas públicas con doctorado en el área de reconstrucción centrado en consecuencias de la guerra sobre la propiedad de la tierra.
  • Heiler Torres, maestro en artes plásticas y visuales, magister en educación, @torresheiler

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