Derrotar la crueldad contra los animales también requiere consensos

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Los animales no tienen color político, su defensa debe ser una bandera nacional, igual que la de proteger a los niños y a la naturaleza.

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Llega con proyectos de ley para derrotar actividades crueles con animales que están arraigadas a sectores de la sociedad ¿Qué le hace pensar que prosperarán?

Lo del arraigo no tiene sustento. Es un pretexto para no avanzar que se ha convertido en disco rayado. En Bogotá decían que las corridas de toros tenían arraigo, pero, según sondeos de hace algunos años, más del ochenta y cinco por ciento de los bogotanos rechaza las corridas de toros por violentas. Además, como consecuencia de las tragedias ocurridas en corralejas, gentes de municipios han salido a exigir educación, oportunidades e inversión social, en vez de festejos que en nada contribuyen a sus vidas. Lo del arraigo es una mentira rentable que construyeron gobernantes de municipios para entretener a sus pueblos a punta de pan y circo. La crueldad no tiene arraigo. Lo que sí tiene arraigo, y hay que desarraigar, son los gobiernos mediocres y corruptos.

Ahora bien, ¿qué me hace pensar que prosperará la agenda legislativa de la protección animal? La nueva conformación del congreso y el cambio cultural. Políticos de partidos tradicionales, con fuerte trabajo regional, hoy comprenden la necesidad de liderar procesos de transformación cultural; no solo por empatía, sino en beneficio de los pobladores a quienes se deben.

¿Cuáles son las expresiones culturales de crueldad en las que concentrará su actividad legislativa?

Son muchos y complejos los escenarios de crueldad contra animales en Colombia, pero nos concentraremos en dos: los barcos de la muerte, que son las exportaciones marítimas de miles de animales vivos a países de oriente medio – un negocio de extrema e innecesaria crueldad, pues Colombia exporta carne refrigerada desde 40 años a más de 10 países -, y los espectáculos crueles con animales. Sobre este segundo frente, ya radicamos un proyecto de ley que busca prohibir progresivamente corridas de toros, novilladas, becerradas, peleas de gallos y corralejas.

Sobre corridas de toros se han presentado en otros congresos iniciativas legislativas, pero ninguna ha superado los dos debates ¿Por qué esta vez sería distinto?

Por la forma como hemos planteado el proyecto. Aunque haya una nueva configuración del congreso, las mayorías siguen siendo de partidos tradicionales y es con ellas con quienes debemos construir. Derrotar la crueldad contra los animales también requiere consensos. Por eso nuestra propuesta es de transición: que la prohibición entre a regir dos años después de sancionada la ley, para que en ese período podamos identificar plenamente a las personas que obtienen recursos legales de estas actividades, y para construir con ellas alternativas económicas que no afecten su sustento. Esto no se resuelve con arengas para la galería, ni en seis meses, ni diciéndole a gente que haga un curso en el Sena. Si queremos que el cambio sea profundo y sostenible, hay que acompañar a las personas en la transición. Proteger a los animales y a las personas debe ir de la mano.

Ahora bien, el proyecto también plantea que en los dos años de transición los espectáculos crueles deban acogerse a la sentencia C-666/10 de la Corte que ordena eliminar o morigear las conductas especialmente crueles contra los animales. Por ejemplo, prohibiendo el uso de instrumentos punzocortantes y la matanza de los animales como parte de los espectáculos. También planteamos prohibir la venta y el consumo de bebidas embriagantes, cero inversión estatal y un no rotundo a la participación o asistencia de menores de edad. Todas ellas, medidas de desincentivo de las que también habla la Corte en la misma sentencia.

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¿Una prohibición a dos años no es ceder en sus convicciones?

Mi convicción es acabar con los espectáculos crueles, con la violencia absurda contra los animales ¡Qué más quisiera yo que prohibir, de un plumazo, todas las expresiones de maltrato a los animales y vivir en un país donde ellos estuvieran en el centro de la inversión social, junto a las personas más vulnerables de la sociedad! Pero en la política hay que construir acuerdos, hacer consensos. Y mi interés es sacar adelante los proyectos, no ocupar titulares.

Cuando en Bogotá presentamos el proyecto que buscaba desincentivar las corridas de toros, con medidas como las que señalé antes, además del aumento de impuestos, algunas personas nos dijeron que haríamos más difícil su erradicación. Lo cierto es que este año ningún proponente se presentó para realizar la llamada “temporada taurina” y la licitación quedó desierta. La política es buscar caminos. Y la política por los animales no es distinta de la política en general: hay que construir soluciones que produzcan cambios de fondo, generen utilidad social y beneficien a todos los sectores de la sociedad. Lograr que los animales sean respetados es un proceso de cambio cultural que, para ser sostenible y profundo, debe construirse con las gentes que han normalizado su maltrato, tanto como lo han hecho con la ausencia del estado y la falta de inversión social.

¿Con qué apoyos cuenta para respaldar su proyecto?

El proyecto fue radicado el 29 de julio con firmas de más de 40 congresistas de todos los partidos. Otros parlamentarios nos han dicho que también quieren acompañarlo, pues se sienten tranquilos con nuestro planteamiento de transición y progresividad. Como siempre lo he dicho, los animales no tienen color político, su defensa debe ser una bandera nacional, igual que la de proteger a los niños y a la naturaleza.

Hay otro proyecto que cursa y que también busca prohibir las corridas de toros ¿No riñen?

Es un proyecto distinto. Primero, porque solo incluye corridas de toros; segundo, porque plantea prohibición inmediata, lo que, en mi opinión, lo hace frágil. Es probable que se unifiquen. Ojalá su autor lo revise para no afectar el debate sobre las peleas de gallos y las corralejas que, aunque menos taquilleras, son expresiones de mayor crueldad.

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*Andrea Padilla Villarraga, PhD., Senadora, activista por los derechos de los animales

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