Llegué a Cúcuta el #23F, el día que Guaidó había definido como el Día D para la entrega de la ayuda. Solo un mar humano que acompañara a la caravana podría poner a prueba la voluntad de los oficialistas, con o sin uniforme, de disparar contra sus connacionales. ¿Estaríamos frente al inicio de un movimiento de resistencia al estilo Gandhi? No lo creía, pero las expectativas creadas en torno al ingreso de camiones contra de la voluntad del régimen ameritaban el desplazamiento.

  • El fracaso de la convocatoria

Lo que más me sorprendió al ver el puente Simón Bolívar, mucho antes de que llegaran los vehículos, fue la pobre concurrencia. Era evidente que tan poca gente no lograría crear un escudo humano para la ayuda. Hasta el gobierno colombiano fue sorprendido por la falta de gente. Varios manifestantes dijeron que se habían inscrito vía whatsapp y correo electrónico. Pero los organizadores del operativo no compartieron números esperados con los periodistas y, al parecer, tampoco con los representantes del Gobierno colombiano. No solo fracasaron en la convocatoria sino también cometieron la imprudencia de permitir la presencia de niños en las tractomulas.

Foto por: Javier Castañeda

Uno no podía dejar de contrastar la limitada respuesta a la convocatoria con la masiva presencia la víspera en el concierto Aid Venezuela. Unos, como el cantante Nacho, señalaban que buena parte de los venezolanos habían regresado al país el día anterior y no habían podido volver a cruzar. Otros, como el magistrado Rafael Ortega, decían que habían elegido mandar solo jóvenes. También, supongo, tiene que haber contado el miedo. Pero, la gente de Guaidó sí falló. No puso en frontera la gente requerida. ¿No quiso o no pudo?

  • El debate sobre el lenguaje

Pasé la mayor parte del tiempo rodeada de dos periodistas francesas. Para los medios internacionales, uno de los desafíos consistió en caracterizar el operativo. “Nosotros no participamos en lo que para nosotros no es una ayuda humanitaria”, dijo Christoph Harnish, el representante del Comité Internacional de la Cruz Roja. Muchos le copiaron y la colega de Le Soir de Francia, por ejemplo, optó por la expresión “ayuda americana”. También se discutió acerca de los calificativos que habría que ponerle a la represión. ¿Brutal, así como lo planteó El Tiempo? Quizás no tanto… También dio mucho que hablar la quema de los camiones. Entre los extranjeros, la mayoría no se atrevió a señalar el responsable en tanto ningún video o foto muestra con claridad el origen del fuego.

  • Los ganadores y los perdedores

En el corto plazo, Nicolás Maduro triunfa porque, no solo cumplió con su amenaza de detener a los camiones, sino también compró tiempo. Pero le costará más adelante porque le dio mayores argumentos a sus opositores en la arena internacional y aumentó su determinación.

Del otro lado, Guaidó estaba en un escenario de gana-gana. Ganaba si entraba la ayuda y también si había actos de violencia estatal. Ismael García, diputado venezolano y uno de los organizadores de la operación de ayuda, manifiesta, como lo pueden escuchar en el audio que se encuentra publicado en esta página que el fracasado operativo constituyó un triunfo político. ¿Sería eso lo que se buscaba con la colaboración de Colombia?

A más largo plazo, su gente también pierde. Muchos de los venezolanos que quedaron del lado colombiano expresaron su disgusto mientras se acomodaban para dormir a la intemperie. “¿Dónde están los políticos que nos convocaron?”  No cuenten conmigo para otra manifestación” “¿Por qué Guaidó no nos da instrucciones?” De hecho, varios organizadores les pidieron regresar al puente Simón Bolívar el domingo. El presidente Duque no lo permitió despejándolo desde la noche. No habrá más operaciones de ayuda desde la frontera colombiana.

Cúcuta, 24 de febrero de 2019

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