Edgar Quintero explica la desigualdad manifiesta en la distribución de camas de UCI en Antioquia.

Uno de los principales objetivos de la rigurosa cuarentena a la que se han sometido millones de ciudadanos en Colombia consiste en ganar tiempo para que las autoridades fortalezcan la capacidad de reacción del sistema de salud ante el aumento inevitable del número de personas contagiadas por el Covid-19.

La disponibilidad de camas de Unidades de Cuidados Incentivos (UCI) es uno de los indicadores más importantes para medir ese nivel de fortaleza y su ocupación generalizada puede ser la antesala de una catástrofe humanitaria.

Un mes y medio después del inicio nacional de la cuarentena, Antioquia, uno de los departamentos que mejor ha sorteado la crisis, sigue presentando enormes desigualdades entre el centro y la periferia de su territorio frente al número de camas de UCI.

Este problema, ante la creciente relajación de la cuarentena, puede golpear con dureza los frágiles sistemas de salud subregionales y desdibujar el éxito relativo y parcial que han tenido las autoridades locales antioqueñas.

Los datos Entre los cinco departamentos más poblados del país, incluyendo a Bogotá, Antioquia cuenta con una de las tasas más bajas de camas de UCI por cada 100 mil habitantes. Atlántico y Valle del Cauca, dos departamentos con grandes ciudades y con niveles comparables de presencia institucional, doblan la capacidad que tiene el sistema de salud antioqueño en este rubro.

Cuando acercamos la mirada a la distribución de las 609 camas de UCI entre las nueve subregiones de Antioquia, los datos sobre este recurso indispensable para enfrentar la pandemia resultan más desalentadores.

En un extenso territorio que comprende las subregiones del Magdalena Medio, el Suroeste, el Occidente, el Norte y el Nordeste de Antioquia, no existe una clínica privada o un hospital público que cuente con una cama de UCI.

En estas cinco subregiones, las más despobladas del departamento, vive cerca del 20% de los antioqueños, desprovistos de las herramientas básicas para enfrentar la emergencia del Covid-19.

La totalidad de las camas de UCI se reparte entre los dos núcleos económicos y demográficos de Antioquia y dos de las subregiones más empobrecidas del departamento.

El limitado número de camas de UCI del Urabá antioqueño es, sin duda, el dato más preocupante que deja la comparación. Con una población de más de 500 mil habitantes, similar a la del Chocó o el Quindío, no alcanza a tener una tasa de tres camas por cada 100 mil habitantes.

Las 15 camas de esta subregión están ubicadas en Apartadó y resulta sorprendente que Turbo, uno de los municipios más poblados de Antioquia, no cuente con ninguna.

Las camas de UCI en Antioquia se concentran en el Valle de Aburrá, la potente subregión del departamento que concentra el 60% de su población. Entre Medellín, Bello, Itagüí y Envigado se hallan ocho de cada 10 de las unidades disponibles en todo el departamento.

Otra porción importante de las camas de UCI de Antioquia se encuentra en dos prósperos municipios de oriente -Rionegro y La Ceja-. Juntos suman 72 unidades ubicadas en el hospital San Vicente y la clínica San Juan de Dios, respectivamente.

El plan de las autoridades locales

En una entrevista reciente para Caracol Radio-Medellín, Luis Gonzalo Morales, el gerente de la pandemia para Antioquia, afirmó que los modelos epidemiológicos proyectaban que en el punto más alto del contagio el departamento necesitaría de 900 camas de UCI disponibles.

Morales señaló, además, que la ocupación de las camas de UCI no superaba el 50% y que el departamento pronto contaría con 260 unidades adicionales, suficientes para atender el pequeño porcentaje de personas contagiadas y con cuadros graves que se atienden en Antioquia.

Andree Uribe, secretaria de salud de Medellín, intervino con cifras similares, entregó pinceladas sobre el plan de la administración de Daniel Quintero para dotar a la ciudad de mil camas de UCI y aseguró que los buenos datos locales frente a la pandemia aumentan la posibilidad de que no sea necesario utilizar estas nuevas unidades.

El optimismo de los dos funcionarios está justificado. Dos meses después de la confirmación del primer caso de Covid-19 en Colombia, durante la primera semana de marzo, Antioquia ha logrado evitar un contagio exponencial que ponga contra las cuerdas su sistema de salud. 

En paralelo, y como ha sucedido en la mayoría del país, el número de pruebas ha crecido de manera sostenida y múltiples laboratorios se han sumado al esfuerzo del Instituto Nacional de Salud (INS) por entregar una fotografía mejor enfocada sobre la pandemia.

La combinación entre una notable disciplina social para cumplir con las estrictas medidas de la cuarentena, una creciente y positiva presión social por mejores hábitos de higiene y limpieza, junto a la construcción de un cuerpo de información más preciso sobre la localización y la expansión de la enfermedad, pueden ser algunas de las razones que explican el éxito relativo y parcial de Antioquia.

Sin embargo, la progresiva relajación de la cuarentena anunciada por el Gobierno Nacional y l su efecto lógico, la aceleración del contagio entre las personas, pueden revelar con crudeza las fragilidades de los sistemas de salud subregionales y manchar la buena gestión pública de la pandemia.

El modelo flexible de la cuarentena se aplicará, sobre todo, en los municipios que no han tenido casos positivos y que son, a su vez, los menos preparados para plantarle cara a una arremetida del coronavirus.

La medida está justificada por el enorme impacto negativo sobre las finanzas personales de millones de personas y la aparición, o el recrudecimiento, de realidades sociales injustas y desesperantes, pero sí es riesgosa e inquietante.

Decenas de municipios de Antioquia en donde se practican pocas pruebas de coronavirus y donde es probable que existan grandes subregistros de la enfermedad, están a punto de entrar en un modelo de cuarentena menos riguroso.

Lo cierto es que sus capacidades hospitalarias, a la luz de los resultados de las autoridades locales frente el fortalecimiento de la disponibilidad de las camas de UCI en Antioquia, siguen siendo insuficientes.

Una tormenta perfecta que ojalá los planes optimistas de la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín logren disipar.

*Edgar Quintero Herrera, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia. Conductor de Ojo Antioquia, un programa radial de análisis político.  @edgarquinteroh

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