Día de pajaritos

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Elías corrió tan rápido que no pudo ni procesar las dos ráfagas que acompañaron el último paso del don.

Hasta los huesos está Elías. Hace unas semanas, en una plantación cercana, desaparecen diariamente plátanos que nadie extraña. La dieta de Elías además de dos plátanos consiste en lo que se le cruce o pueda comprar con lo que vendió, esto para poder tener algo en los bolsillos. Si esto lo sabe la doña, seguro se lo quitará.

La doña al pelao sagradamente le roba lo que trabaja y de ello saca para los alimentos de sus crías; pero el don, el don le guarda manjar blanco siempre que lo acompaña a cazar pajaritos. Es una buena persona.

La última mañana de lindos arreboles, el don se levantó temprano y le dijo:

– Vamos temprano chino, hoy tengo un presentimiento. Por ellos nos darán muchísimo, ya lo verá.

El don tenía una gran habilidad cazando pajaritos azules con una jaula que llenaba de crin de caballo. Le hacía unas argollas usando la crin y con su voz que imitaba a la hembra los pajaritos caían en picada en búsqueda de su amor y quedaban atrapados sin poder escapar. A las 8:00 am ya tenían unos tres azulitos, esperaban cazar dos más para poder regresar y venderlos. Unos minutos después aparecieron dos “pájaros”, dos conservadores que se dedicaban a sacarle la lengua por la garganta a los liberales. Uno de ellos dijo:

– ¿Ustedes qué son?

El don responde:

– Liberales, pero señor ya nos íbamos. No se preocupe.

A los chulavitas no les agradó la respuesta, eso por la cantidad de groserías que Elías escuchó en el momento. Los pájaros los despojaron de sus zapatos y los echaron a andar varios kilómetros. El don tratando de llamar la atención del pasmado Elías le señalaba otros pajaritos que cruzaban el cielo. Cuando por fin Elías lo miró, vio que la boca del don emulaba:

– Cuando yo le diga, corra. -Susurró

Las escopetas de los pájaros se movieron y el don gritó. Elías corrió tan rápido que no pudo ni procesar las dos ráfagas que acompañaron el último paso del don. Luego de varias balas al aire y lágrimas, Elías logró llegar a la estación de policía más cercana del pueblo.

Apenas llegó dijo:

– ¡A mi papá lo acabaron de matar, ayúdenme!

Luego de calmarlo y escuchar su historia el comandante del pueblo, le dijo a todo el mundo.

– Mañana temprano, vayan a donde dice el pelao. Si no encuentran un cuerpo o un hijueputa pájaro, mátenlo.

Dedicado a mi abuelo José Elías Topa.

*Alejandra Sánchez, comunicadora social y periodista.

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