El exembajador Juan Alfredo Pinto, experto en temas de emprendimiento, formula cinco recomendaciones para el sector solidario.

El proceso de recuperación y rehabilitación de las MIPYMEs – las pequeñas y medianas empresas – , pese a los esfuerzos del gobierno y de las organizaciones gremiales, requiere un refuerzo urgente pues enfrenta tres obstáculos: la aversión al riesgo del sector financiero, el desconocimiento detallado del sector por parte del Gobierno y de la institucionalidad privada y la incapacidad de los hacedores de política para vincular a las MIPYMEs y sus redes en la estrategia de protección del empleo y salvamento empresarial.

El 27 de junio, se celebra el día internacional de este sector. Con tal motivo, considero oportuno formular cinco políticas de refuerzo tanto a nivel de empresas (oferta) como a nivel de la activación de la demanda. Dirijo las propuestas al Gobierno nacional, a Acopi, a las instituciones público privadas, a las cámaras de comercio, a las redes de economía solidaria y a sus instituciones de fomento y control:

1. Un programa integral a cargo del sector solidario y sus instituciones para la irrrigación del crédito que no ha tenido el flujo ni la velocidad requeridos, el cual debe ser ejecutado por el banco cooperativo Coopcentral, las cooperativas financieras de mediano tamaño y las cooperativas de ahorro y crédito. De las 180 cooperativas de ahorro y crédito vigiladas por la Supersolidaria y soportadas por el FOGACOOP, esas dos instituciones públicas pueden seleccionar las 50 de mejor perfil en términos de riesgo y asignarles cupos garantizables – tal es el objeto de FOGACOOP y la entidad tiene el respaldo patrimonial al efecto- que permitan expandir la operación con llegada directa a las bases empresariales en forma individual o a través de cooperativas de primer grado.

2. Los Fondos de Empleados pueden jugar un gran papel en la reactivación de la demanda. Obtienen el ahorro de los trabajadores que, a la vez, son sus beneficiarios. Son 1.700 en el país. Están clasificados y monitoreados por la Supersolidaria. Pueden ser apalancados por las cooperativas financieras para profundizar la financiación y , de contera, retener el empleo y asegurar el repago con el mecanismo de la libranza, el cual podría habilitarse como contragarantía para los fondeadores de segundo grado.

3. En el bloque de las cooperativas multiactivas que reunen toda suerte de subsectores, hay extraordinarias cooperativas de productores y de MIPYMEs de servicios. Muchas de ellas manejan créditos en especie suministrando materiales o mercancías. Son 3.500 organizaciones bajo el control de la Supersolidaria. Administran carteras sanas y de costo moderado para los cooperados. Para no dar nombres específicos, son marcas renombradas las de cooperativas de lácteos, droguistas, impresores, cafeteros, transportadores, comerciantes, tenderos, panificadores, mujeres empresarias, profesionales, pescadores y paneleros. Es la hora de habilitar esas instituciones para canalizar créditos y apoyos directos.

4. Es curioso: Ricardo Lozano, Superintendente Solidario, fue quien diseñó el mejor programa de crédito rural con cooperación canadiense y tiene la metodología al efecto. Mediante un proceso práctico de adecuación institucional, se optimiza la gestión de los otorgantes de crédito y se habilita, con asistencia directa, a los productores para ser sujetos de préstamo en ruta de formalización plena. En aquella oportunidad, se colocaron 6.000 millones de pesos y el recaudo fue del 100%. Escalar este programa con el apoyo del Banco Agrario y enlazarlo con las minicadenas productivas en los ámbitos local y regional es urgente y vital. De otra parte, no nos cansaremos de pedir a los bancos autorizar la compra con tarjeta de crédito a una sola cuota, sin intereses pero con plazo de 60 días para impulsar la demanda.

5. Penosamente, pese a la habilitación de PYMEs como proveedores del sector salud particularmente en el suministro de dotación y vestuario, espacio salvador para una parte de las industrias de la confección tan golpeadas, vamos a enfrentar la parálisis definitiva de cientos de unidades. He tenido experiencias exitosas en democratización de la propiedad y de la gestión con los trabajadores que capitalizan acreencias y promueven formas solidarias con sus antiguos patrones. Los gremios cooperativos y las escuelas de formación tienen una gran oportunidad. Si deseamos comenzar a echas las bases de una economía de mercado con capital social, ético y sostenible, el camino de la economía solidaria es una ruta legítima.

*Juan Alfredo Pinto, economista y exembajador en India y Turquía @juanalfredopin1 

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