Duque, la horda primitiva y la salud mental

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El psicólogo Jorge Enrique Gómez describe los efectos del desgobierno en la salud mental.

Todo Estado representa simbólicamente la relación primaria de los humanos con la autoridad y, por tanto, integra elementos psicológicos y normativos basados en un marco externo que regula las relaciones sociales y la elaboración psíquica de la angustia, la rabia y la agresividad.

Inicialmente, en los albores de la cultura, la horda primitiva encabezada por uno o varios machos dominantes regulaban la norma, dirimiendo las diferencias a través de vías de hecho, es decir, la violencia como forma de intimidación y sometimiento al más fuerte. De tal forma, reparar la falta y conseguir sosiego a la ira consecuente se encontraba en manos de todos. Esta dinámica que regulaba lo bueno, lo malo, lo justo e injusto derivó en un estado de barbarie extremo, enfermizo, que hizo necesario plantear y construir un nuevo modelo en el que la relación entre semejantes estuviese supeditada a un marco armónico y razonable para la convivencia.

Fue así como la justicia en manos de todos pasó de un orden real de hechos violentos a un orden reflexivo, el del derecho.

Psicológicamente, bajo este nuevo pacto social, cualquier víctima podría encontrar a través de la justicia estatal la mediación de la ira, logrando mitigar la agresividad, es decir, la violencia manifiesta en el daño a otros o así mismo.

Sin embargo, cuando un Estado deambula en la ambigüedad entre el orden constitucional y la ineficacia para implementarlo tal cual ocurre en Colombia, el procesamiento del malestar se expresa de maneras distinta. En este sentido, algunos podrán reprimirla a través del perdón, otros utilizarán la protesta ciudadana “permitida” por la ley, mientras otros recurrirán a modos ilegales de hacer justicia, tomando en sus manos el mandato de un gobierno ineficaz y ajeno a su responsabilidad como órgano regulador del bienestar social.

En términos de expresión psíquico-emocional, a causa del Estado fallido, emerge la angustia individual y colectiva, confrontando al sujeto a una realidad regulada por un tercero oprobioso que nadie detiene, que nadie limita, nadie sanciona. Por tal razón, la falta de quien lo proteja y lo preserve produce la sensación desesperanzadora de ser tratados como “cosas”, objetos desarticulados y desarraigados, proclives al abuso sistemático, la indefensión y la victimización.

En este contexto, las masacres del último mes, los asesinatos sistemáticos a líderes sociales, el orden y el caos regentado por bandas emergentes en el territorio nacional, la improvisación frente a la pandemia, el cinismo de una clase gubernamental que se enfrenta con rabia a la justicia y un presidente que parece más un coach que un estadista están consolidando con creces el retorno a la horda primitiva, en la cual la autoridad, el orden y la norma son potestad de aquel o aquellos que, a través de la fuerza, intimidan y doblegan la estima de toda una sociedad, transformando a los individuos en objetos a la deriva de la inoperancia gubernamental.

¡Gracias Presidente, la historia lo recordará como el personaje que más influyó en el deterioro de la salud mental de los colombianos¡

*Jorge Enrique Gómez Ariza, psicólogo y profesor universitario.

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