Educar, ¿para qué?

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¿Educar para el dinero y el poder? No, para entender la complejidad, contesta el maestro Julio Carrizosa.

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Lo sucedido en el Campín, las declaraciones de los paramilitares y las FARC en la Comisión de la Verdad, el atentado contra el Presidente, el asesinato en Haití me llevaron a releer libros acerca de lo que es Colombia y de cómo hemos llegado a esta situación.

Probablemente todos los que se trataron de matar unos a otros en el estadio son bachilleres, fruto de nuestros “éxitos” educativos de los últimos 30 años. Es también probable que todos los funcionarios que ayudaron a los paras hayan pasado por alguna universidad. Timochenko confesó que fueron las ideas comunistas de su padre las que lo orientaron hacia la guerrilla. Se ha descubierto que fue un oficial quien trató de asesinar al Duque y otros dos, también graduados en una escuela militar, quienes dirigieron a los mercenarios en Puerto Príncipe.

Sin duda son muy pocos los educadores que desean formar asesinos, pero sí hay algunos, con ideas de izquierda y derecha, que priorizan educar para que sus alumnos sean poderosos. Nadie educa para formar corruptos pero sí hay muchas escuelas que enseñan cómo enriquecerse. En medio de estos dos extremos, subsisten algunos sistemas educativos estructurados para educar a vivir.

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Los objetivos educacionales tienen detrás conjuntos ideológicos, como lo detalló en 1984 Horacio Gómez Aristizabal en Decadencia del Pueblo Colombiano, lo explicó Jorge Giraldo Ramírez en Las Ideas en la Guerra y lo sostiene Hernando Gomez Buendía en su último libro, titulado Entre la Independencia y la Pandemia cuando insiste en la vigencia actual de las ideas de Adam Smith.

Estamos tratando que el Pacto por la Vida ayude a que los colombianos nos alejemos de la codicia y de la violencia y que insistamos en que ambos modelos – el guiado por Adam Smith y el que propuso Karl Marx – han fundamentado los procesos que nos han conducido a donde estamos. Quienes consideramos que el ambiente es la totalidad que nos rodea no podemos reducirnos a tratar que disminuyan las emisiones de gases de efecto invernadero porque en el fondo de nuestras actitudes permanece el reconocimiento de la complejidad de la realidad, la consciencia de que en este planeta nos enfrentamos a multitud de variables relacionadas por conjuntos discontinuos en tiempo y espacio.

¿Cómo educar para vivir bien o, por lo menos, para vivir con dignidad en un mundo complejo? Lo primero podría ser tratar de que los niños y los adolescentes conformen conciencia de la complejidad de sus propios cerebros y de todo lo que los rodea, como lo explico en mis libros ¿Qué es ambientalismo? y Colombia Compleja y lo segundo insistir en nuestra unión indisoluble con el resto del planeta. Estos dos pasos que hoy, infortunadamente, no son comunes en nuestros sistemas educativos, son los que nos permiten comprender el país en donde vivimos y nos protegen de los principios simplificadores, de las reducciones, disyunciones y abstracciones que llevan a debilitar los objetivos éticos, estéticos y cognitivos de la humanidad y reducen nuestra vida a la obtención de dinero y de poder.

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*Julio Carrizosa Umaña, ingeniero, ambientalista, miembro honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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