El año que cambió el mundo

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El año que cambió el mundo

Michael Meyer

Crítica

317 páginas

La noche entre el 12 al 13 de agosto de 1961, los berlineses padecieron todos una misma pesadilla de la que sólo se despertaron 28 años después: como si fuese un sueño de terror, era instalado sigilosamente en el sector controlado por los soviéticos un alambre de púas que separaba familias, amigos, compañeros de trabajo y ciudadanos estupefactos; Berlín, la malherida ciudad que aún buscaba reponerse de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, y con la vergüenza viva de lo que significó el nazismo, vería desde ese momento desarrollarse una serie de acontecimientos que la convirtieron en el símbolo de la Guerra Fría y de la Cortina de Hierro, en la puesta en escena de dos sistemas económicos y filosofías políticas, en una verdadera bomba de relojería, en dos países hermanos pero antagónicos, y en una ciudad hermosa pero con una fea e imponente estructura de hormigón que llegó a medir 3,6 metros de altura: El muro de Berlín.

Ese muro cayó hace 30 años, el 9 de noviembre de 1989, y el libro que hoy dejo en la Biblioteca Diaria de La Línea del Medio es la narración sorprendente, agradable y reveladora de esos acontecimientos. Fue escrito en el año 2009 por Michael Meyer, quien durante 20 años fue corresponsal para Alemania, Europa Central y los Balcanes de la revista Newsweek, donde también fue editor. A Meyer le tocó estar en la zona, hablar con la gente, los líderes comunistas, los intelectuales más importantes, y observar no sólo la caída del muro sino la desintegración misma de la Unión Soviética y la Cortina de Hierro.

Desde ese lugar de privilegio, es decir, desde el terreno mismo de los acontecimientos, Meyer siguió de cerca el rápido aunque a veces imperceptible desmoronamiento del sistema comunista soviético en Europa del Este. Con la precisión de un historiador, supo presentar en este libro los matices, las causas intrincadas y desbaratar lugares comunes peligrosos por su capacidad de tergiversar servir de vehículo de ideologías políticas, esas ‘fake news’ que describieron la caída soviética como la simple victoria de las ansias de libertad reclamadas por el pueblo oprimido, como el desplome profetizado del mal representado en el comunismo, o como consecuencia de la fuerza liberadora del poder emancipador de los Estados Unidos.   

En realidad el libro presenta la caída del muro como el paso más trascendental de una serie de corrientes energéticas motivadas por movimientos tectónicos en países como Polonia, Hungría, la extinta Checoeslovaquia o la propia Alemania Democrática, o por el efecto que tuvo en la Unión Soviética la llegada de ese personaje, nunca suficientemente estudiado, que fue Mikail Gorváchov.

Hay, por lo demás, un elemento único en este libro que se convierte en una revelación histórica: el papel que jugó un grupúsculo de cinco o seis líderes húngaros, quienes en el más completo sigilo escribieron e implementaron un libreto que logró tumbar el comunismo. Esa historia es uno de los encuentros más interesantes que depara este libro.

Hay símbolos que llegan a tomar una dimensión tan enorme que el atentar contra ellos se convierte en mucho más que un acto de profanación, tocarlos es rasgar unas fibras tan profundas que no es posible predecir las consecuencias. Ese fue el caso del muro del Berlín. 

Mauricio Arroyave, periodista, lector caprichoso y frustrado librero, @mauroarroyave

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