El aquelarre magdalenense

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El residente de la Casa de Nariño promueve reuniones al mejor estilo de los aquelarres en los cuales se planea el desangre de la sociedad.

Stoker publicó Drácula en 1897. Sería el libro que lo catapultaría a la fama e inspiraría mas adelante a muchos para llevar su obra al cine. Los vampiros han sido presentados de diversas maneras y, en algunos casos, como personas encantadoras y atractivas. No obstante, son succionadores implacables de sangre humana, incapaces de sobrevivir de otra manera, unos verdaderos parásitos de la sociedad que se reúnen en los aquelarres para encontrar nichos de sangre que succionar.

Más de cien años después, el trabajo literario de Stoker sigue siendo protagonista en las salas de cine y en la vida real. El departamento del Magdalena es un ejemplo.

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Desde que se inició la elección popular de alcaldes, el Magdalena ha sido víctima de unos clanes que fácilmente llegan al Palacio Tayrona como consecuencia de un desbordante poder económico, que les permite comprar las almas de los más vulnerables. La lista de gobernadores implicados en numerosos crímenes es vergonzosa.

Cinco de los elegidos fueron vinculados y condenados por paramilitarismo; otro, sancionado por actos de flagrante corrupción; y dos más, miembros de un clan, vinculados a escándalos de corrupción, paramilitarismo y lavado de activos. Todo un caleidoscopio de personajes del bajo mundo criminal gobernó al Magdalena.

Por ello, el ente territorial se convirtió en el caldo de cultivo ideal para que la clase política se arrodillara gustosa ante los tentáculos del paramilitarismo. Chibolo y Pivijay fueron dos ejemplos de cómo los distintos clanes se subordinaron ante el grupo terrorista y genocida conocido como las Autodefensas Unidas de Colombia.

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Las consecuencias saltan a la vista. La pobreza multidimensional en 2019 ascendió al 31.6%., solo por debajo de Guajira y Sucre. En otras palabras, un maravilloso territorio en el cual se conjugan el mar, las montañas, la cultura ancestral y un acuífero fuente de voluminosos recursos hídricos fue “desangrado” sin piedad por una ralea de corruptos similares a los personajes de Stoker, que beben insaciables las arcas del Estado, hasta dejarlo moribundo, igual que las víctimas de Drácula.

Lo paradójico de todo este sucio entramado es el verdadero déjà vu que estamos presenciando. Igual que en las peores épocas del paramilitarismo, se están volviendo a realizar pactos secretos entre los clanes políticos y un titiritero que dirige ese macabro teatro, unidos por la ambición de poder y su única fuente de vida, el presupuesto departamental.

Lo grave es que quien maneja esos hilos no sea un criminal, sino el propio Gobierno nacional, que desconoce la democracia y la voluntad de un pueblo agobiado por la corrupción.

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Hoy, no obstante que la democracia pasa por un periodo de crisis continúa siendo el “mejor” modelo para garantizar las libertades y los derechos fundamentales de los ciudadanos. Dentro de la democracia, es primordial que las distintas autoridades engranen sus esfuerzos para cumplir con la sagrada misión que el pueblo les entregó. En casos como el Magdalena, esta misión debe enfocarse en superar la pobreza multidimensional, lo que trae inherente mejores condiciones de salud, educación, nutrición y empleo.

Definitivamente, habla muy mal del actual residente de la Casa de Nariño promover reuniones al mejor estilo de los aquelarres en los cuales se planea el desangre de la sociedad.

*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

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