El centro, misión imposible

3
547

WP Post Author

Esta grabación se autodestruirá una vez sea escuchada”. Del libreto de Misión Imposible.

El verdadero realismo sabe que el presente es un momento en un devenir”. Edgar Morin. (París,1921). Cambiemos de vía

(Lea también: Candidato Cronopio, Candidato Fama, Candidato Esperanza)

Construir un centro político se ha vuelto una misión casi imposible en Colombia. Lo más curioso es que la mayoría de los ciudadanos se declaran en una posición de centro político, en diferencia con izquierda o derecha. El último intento no salió bien librado electoralmente en la reciente contienda, pero quedó jugando. El personaje de izquierda sigue polarizando, en versión cierta o falsa o entremezcla de ambas, para soportar un miedo colectivo que derive en una efectiva e irreconciliable situación que vuelva a beneficiar a los mismos de siempre, que la mayoría parece repudiar. El odio y el miedo mezclados van a traer más de lo mismo. Esta vez parece más inminente una victoria electoral de la izquierda, si nos atenemos a los números y el centro podría quedar aplastado en medio de esa confrontación, sobre todo con el argumento de una situación parecida al país vecino. Sin embargo, acudiendo a la misma metáfora de la Misión Imposible, lo que parece imposible pues se podría volver posible.

Hacer centro político es una tarea difícil, porque es el lugar de “pesca y caza” de los extremos, ¿porque adónde más van a buscar? Pues obviamente en el centro y de diversas maneras: desprestigiando a sus dirigentes, minimizándolos o ignorándolos. Pero, el único modo de ser una verdadera alternativa de cambio es rompiendo la polarización a la que nos quieren llevar. Reeditar 2018. Esta vez con un candidato aparentemente menos “uribista” de parte de la derecha, para dar una apariencia de cambio para no cambiar, como en el Gatopardo de Tomasi de Lampedusa.

Hay elementos objetivos y subjetivos que dificultan la constitución de un centro político. Como ya mencionábamos, la estrategia polarizadora es una alimentada por ambos extremos. La polarización termina alineando a la gente en uno u otro extremo. Si el discurso propositivo del centro no es contundente, distintivo y disruptivo facilitará esa alineación polar. La democracia entra en juego, porque ambos extremos polarizadores no se avienen mucho a ella. El autoritarismo, a su vez, alimentado en la derecha por el discurso de seguridad, la represión y la conculcación de derechos, ya no es exclusivo de esta posición. Ambos extremos son proclives a ello. Socialismo democrático o reforma social no se pueden asociar con autoritarismo o despotismo como ocurre en algunos países latinoamericanos, que además adoptan (quien lo creyera) formas monárquicas, donde el poder se hereda o se transfiere a un familiar.

Este centro político que se pretende construir en Colombia no solo tiene las circunstancias objetivas de ser campo de disputa, sino que, en este caso, la propia coalición se desperfiló por sí misma y pagó un precio electoral alto. Todavía no se ha aprendido a hacer coaliciones y se mantiene esa cierta característica de la izquierda colombiana de competir sobre quién es el más puro intérprete de la doctrina, o quién es doctrinariamente más puro. De igual modo, ha ocurrido con la coalición de centro. Se confunde fácilmente maquinaria política (en sentido peyorativo, para indicar clientelas cautivas) con organización política o cauda electoral.

(Texto relacionado: Manual sobre coaliciones)

Una democracia vigorosa necesita del centro político y pareciera ser que requiriera de un alto soporte de ciudadanos con alta conciencia política. Pero esto tiene el problema irresoluto de quién es primero, el huevo o la gallina. Esa condición para que se dé no se lograría si a la vez no se diera la opción política del centro. Una cosa alimenta a la otra. Cobrar mayor conciencia política acerca de una ciudadanía protagónica alejada de la estridencia de los extremos debe ser un propósito pedagógico al menos para abrirle paso a un centro sólido que no sea la perpleja posición de los indecisos, o de los indefinidos. El baile de los que sobran…

El centro tiene una relevante posibilidad de respuesta a todo lo que develó la pandemia. La crisis, producto de la pandemia, a nivel global y en nuestro propio país ha llevado a replantear dogmas que se vendían como verdades de la modernidad o postmodernidad. Hay varias tendencias derivadas de esta crisis que se erigen, de alguna manera, como opciones y que están soportando posiciones de carácter electoral. De un lado, los neo-autoritarismos que en su versión más elaborada vemos en la Rusia actual de Putin y sus trágicas consecuencias bélicas; de otro, el regreso a estatismos populistas que repiten viejas fórmulas fracasadas y también la vieja monserga de la ineficiencia del Estado y la gran eficiencia del interés privado. Ni lo privado y lo público son eficientes o ineficientes por definición. Podríamos decir: Tanto estado como sea necesario y tanta iniciativa privada cuanto sea posible.

¡Ser parlamentario pilo no paga!

Hay otro aspecto, un poco diferente del análisis anterior y tiene que ver con un resultado electoral ciertamente perverso en alusión a que excelentes congresistas de diferentes partidos no fueron reelectos. Quienes más se destacaron por hacer una labor parlamentaria de importancia más allá o distinta a cumplirle a clientelas o a asegurar financiación a través de contratación estatal o disponer de cuotas burocráticas, sufrieron la derrota. Casi se puede concluir que haber sido buen parlamentario, en el sentido de aportar con proyectos, debates e iniciativas produjo el efecto contrario electoralmente.

Figuras como José Daniel López, de Cambio Radical, Gabriel Santos de Centro Democrático, Juan Fernando Reyes del Partido Liberal, Mauricio Toro de la Alianza Verde, Iván Marulanda de Compromiso Ciudadano no volverán al Congreso, ya que su excelente labor dentro de esa institución no tuvo el reconocimiento ciudadano correspondiente en las elecciones recientes.

(Le puede interesar: Glosas y aporías, picos e impuestos, candidatos y pobreza)

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

Autor

3 COMENTARIOS

  1. En el centro colombiano hay de todo, como en botica. Bien intencionados y oportunistas. También muchos ingenuos. En la lucha por el poder el centro se propone pescar y cazar en la derecha e izquierda tanto como la derecha e izquierda se propone lo mismo en el centro. Pecados del centro advertidos en la pasada elección: discurso gaseoso y débil sobre temas en los que debería ser contundente (había candidatos que daban pena ajena con palabras vacías y lugares comunes para ganar audiencia de todos los flancos); egos exacerbados (que explican, al menos parcialmente, la confusión del electorado ante tanta lista y división); linajes político-partidistas que sentados en reales o ficticios pasados trataban de vender imágenes de impolutos y ajenos a la crisis política colombiana (y la gente no es tonta e ingenua, valgan los temas: usufructo del estado y de las gabelas de este, vínculos anteriores con maquinarias non santas, etc).

  2. Este texto es un buen punto de partida para entender los infortunados resultados electorales de la Coalición del Centro a pesar de ser una actitud mayoritaria en las encuestas. No podemos minimizar el papel del “fuego amigo” de sus lideres visibles, pero sobre todo, EL VACIO DE CONTENIDOS. No vimos la defensa de la institucionalidad fundada en el Estado social de derecho, de los valores liberales, de los derechos fundamentales, del reformismo democrático como métodos y las políticas públicas prioritarias, de la defensa de los acuerdos de paz y de la legítima e integral presencia del Estado en el territorio, del multilateralismo en las relaciones internacionales y en fin, de todo aquello que nos permitiría lograr una nación incluyente y equitativa. Que desperdicio. Una oportunidad perdida.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here