El día de las lenguas

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“No se habita una patria, se habita una lengua. Una patria es eso y nada más”
Emil Michel Cioran

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Hace ya 12 años (2010) que las Naciones Unidas consagraron el 23 de abril para celebrar todos los años el Día de las lenguas, para conmemorar la diversidad cultural y el multilingüismo, aunque por muchos años se aludía sólo a la lengua española, tanto más en cuanto que la fecha escogida responde al día en que se tuvieron lugar las exequias en el año 1616 de Miguel de Cervantes, el hidalgo de la triste figura, que por costumbre de la época se registró como la de su defunción, que se había producido el día anterior. Coincidencialmente ese mismo día falleció William Shakespeare, el más prestigioso dramaturgo inglés. 

Por su parte la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura, las Ciencias y la Educación (UNESCO), en su Conferencia General en 1995 había fijado el mismo 23 de abril como fecha emblemática para celebrar el Día Internacional del libro y la protección de la propiedad intelectual mediante el ejercicio del derecho de autor. Esta fecha, entonces, está cargada de simbolismo para los pueblos, para la literatura y para el libro, que es su depositario y portador.

Colombia se había adelantado a tan merecido reconocimiento, ya que en la administración de Alfonso López Pumarejo se instituyó esta misma fecha como Día del idioma mediante el Decreto 707 de 1938, como homenaje a Cervantes. Posteriormente, en agosto 6 de 1960 fue sancionada la Ley 2ª del mismo año “por la cual se dictan medidas para la defensa del idioma patrio”, se señala “el 23 de abril para recordar al autor del Quijote y rendir culto al idioma” y se establece que “la Academia Colombiana de la Lengua será cuerpo consultivo del Gobierno para cuanto se relacione con el idioma y literatura patrios y fomento de las letras”.

AVANCES DE LA CONSTITUCIÓN DE 1991

Justo es reconocer que sólo con la expedición en 1991 de una nueva Constitución Política, la cual abolió la centenaria de 1886, pasamos del singular al pluralismo en la caracterización del Estado colombiano, tal como quedó consignada en su artículo 1º. Colombia desde siempre ha sido un crisol de razas, como lo concibe José Vasconcelos en su libro La raza cósmica, “un sancocho de gente”, como lo llama coloquialmente el periodista Juan Gossaín. Lo que hizo, entonces, la Asamblea Nacional Constituyente fue reconocer el carácter multiétnico y pluricultural de nuestra sociedad. Aquí en Colombia coexisten y siempre han coexistido varios idiomas, tantas lenguas como pueblos originarios. No existe, entonces, tal “idioma patrio”, se impone la pluralidad!

Así quedó claramente establecido en el artículo 7º de la Carta: “el Estado protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”. De ello se sigue, como lo dispone el artículo 8º que “es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación”. Y, aunque “el castellano es el idioma oficial de Colombia”, como reza el artículo 10º, en el mismo se aclara diáfanamente que “las lenguas y dialectos de los grupos étnicos son también oficiales en sus territorios”. Y va más lejos cuando dice que “la enseñanza que se imparta en las comunidades con tradiciones lingüísticas propias será bilingüe”.

(Texto relacionado: ¡A la carga!)

Tales principios constitucionales han sido anclados por la Ley y la jurisprudencia de las altas cortes. En efecto, en la Ley 1381 de 2010 se desarrollan los artículos citados y los artículos 4º, 5º y 28 de la Ley 21 de 1991 que ratificó el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales. En ella se “dictan normas sobre reconocimiento, fomento, protección, uso, preservación y fortalecimiento de las lenguas de los grupos étnicos de Colombia y sobre sus derechos lingüísticos y los de sus hablantes”.

La Corte Constitucional ha sido enfática y reiterativa, como guardiana de la Constitución Política, en afirmar que “uno de los principios orientadores de la Nación es el pluralismo, como forma de expresión de la democracia en el Estado social de derecho. Este reconocimiento es un avance en el contexto social colombiano, teniendo en cuenta que genera el goce de los derechos fundamentales en un plano de igualdad a partir del respeto por la diferencia” (Sentencia T – 659/2010).

Y al referirse a los derechos que asisten a la población aborigen destaca que “dentro de los varios aspectos que determinan la identidad cultural se encuentra el idioma o la lengua. La protección a la diversidad cultural implica que el Estado lleve a cabo acciones positivas para propender por la no discriminación o creación de barreras con base en la lengua” (Sentencia T- 760/2012).Y remata diciendo que el “uso de la lengua nativa no debe convertirse en barrera u obstáculo para el goce efectivo de los derechos de los indígenas”. Indudablemente, tanto en la Constitución Política como en la legislación se ha avanzado significativamente, pero, como bien dijo el caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán “el pueblo no demanda la igualdad retórica ante la Ley, sino la igualdad real ante la vida”. Y de ello es de lo que se trata, de pasar de la retórica a la real realidad!

SE HA HECHO LO NECESARIO PERO NO LO SUFICIENTE

En Colombia hasta ahora se ha hecho lo necesario pero no lo suficiente para salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial y la tradición oral, que tienen en la lengua la expresión y transmisión por excelencia, generación tras generación de los sistemas de pensamiento propios, al tiempo que constituye un factor clave de la identidad y la identificación, así como de la integración de los núcleos poblacionales. Tal y como lo ha reconocido la UNESCO, el derecho inalienable que asiste a una persona a “habitar” en su propia lengua, como lo afirma Cioran, es “un requisito previo para la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión”. De modo que cuando ello se pone en riesgo se coarta dicha libertad.

De allí la preocupación que nos invade, al deplorar que en Colombia entraron en desuso cuatro lenguas nativas (carabayo, originarios del Departamento del Amazonas, macaguaje  en el Amazonas meridional y opón –  carare en Santander y pijao en el Tolima), mientras otras doce, están catalogadas en “situación crítica” porque sólo las usan un puñado de pobladores y están en vía de extinción, son ellas: la bará, la barasana, la siona, la carijona, la tariano, la nonuya, la pisamira, la tinigua, la cocama, la totoró, la tule y el palenquero. Aquellas que perviven, 69 además del Castellano, según la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), tienen en la presión económica sobre sus territorios, la violencia, el desplazamiento, el confinamiento y la ausencia del Estado las mayores amenazas a su supervivencia.

Y no hay que perder de vista que la pérdida de la lengua arrastra consigo una forma de vida y de concepción del mundo, la cosmogonía, la cultura, los rituales, el folklor, las artes, las recetas culinarias de unos pueblos, de unas comunidades, que se transmiten desde los mayores a sus descendencias, prolongando a través de estas sus vivencias, creencias, su propio ethos.

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*Amylkar Acosta, ex Ministro de Minas y Energía, ex Director de la Federación Nacional de Departamentos, Miembro de Número de la Asociación Colombiana de Ciencias Económicas, @amylkaracosta

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