El día después: Guerra Social o Guerra Económica.

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 “Vale más hacer y arrepentirse que no hacer y arrepentirse”

“El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo”. Nicolás Maquiavelo. (1469-1527. Filosofo Político. Florencia Italia).

(Lea también: La fragilidad de la democracia)

La encrucijada planteada por cada una de las narrativas de las campañas presidenciales en la elección de presidente de la república (2022-2026), nos colocaba en un irremediable escenario bélico si esas tonadas discursivas tuvieran esas consecuencias. Algo así como que si ganaba Petro se vendría una guerra económica de parte de los empresarios, tanto nacionales como inversores extranjeros en Colombia, contra el gobierno. Si ganaba Hernández, se produciría un estallido social de proporciones. Como ganó Petro en franca lid democrática y a pesar de que muchos calificaron el transcurso de la carrera electoral como el más sucio de los últimos tiempos, no se sabe si porque la renuencia del candidato RH a debatir condujo a que no fueran las propuestas el motivo de disputa entre adversarios,  sino las descalificaciones como si para ser candidato hubiese que ser ángel caído del cielo y especialmente las llamadas redes sociales, el ágora virtual,  permitieron todo tipo de vejámenes, ciertos, exagerados o inventados.

Como ganó Petro, en una combinación de expresión de las regiones periféricas y de los sectores políticos urbanos más avanzados. Se han propagado, a raíz de ese triunfo que indudablemente es un desafío al establecimiento tradicional en Colombia, muchas de las cosas que se dijeron en campaña en una especie de advertencia de auto cumplimiento de la profecía sobre lo que significaba la llegada de la izquierda democrática al poder. Que es comunista, que es socialista que expropiará, que se anclará en el poder, que cooptará a los demás poderes del Estado, que se coartará la libertad de empresa y la libertad de prensa, etc. Todo está por verse, pero no en esa perspectiva catastrofista y sin necesidad de salir corriendo para Miami.

¿Qué podemos esperar del Gobierno de Petro? ¡Claro que habrá y debe haber cambios, faltaba más! La direccionalidad de los mismos, su profundidad e intensidad, va a depender de muchos factores, desde la propia personalidad y convicción de quien ejercerá como presidente, de las fuerzas que lo acompañan, de lo que se llaman los poderes fácticos de nuestra sociedad, de la inteligencia de quienes tengan a cargo su ejecución, de la transparencia cómo se gobierne, del compromiso programático y de las saqueadas arcas del Estado, del contexto internacional, etc. No será fácil gobernar, pero tampoco se puede excusar que no se haga. Mejor arrepentirse de haber hecho que de no hacerlo, como aconseja Maquiavelo al Príncipe.

Que logre una convocatoria de Unidad Nacional alrededor de temas fundamentales, como el logro de la paz, la justicia tributaria, la justicia ambiental, el buen gobierno, la lucha contra la corrupción, la solidaridad social y otros temas que se acuerden. Que designe un gabinete que recoja experiencia, pero también renovación. Que no se entreguen parcelas del gobierno al manejo discrecional de sectores políticos. 

(Texto relacionado: Incompletud)

No se pide la Arcadia, el lugar utópico del paraíso, pero si al menos un cambio para mejorar a Colombia y que los colombianos y colombianas queramos quedarnos, no porque no tengamos a donde ir, ni con qué irnos, sino porque encontramos en nuestro propio suelo buena razón de existencia.

A partir de la posesión del nuevo presidente de Colombia, el 7 de agosto próximo, las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la República (Senado y Cámara de Representantes) tendrán un mes para declararse en 3 situaciones posibles respecto del Gobierno que se inicia, o son gobiernistas, o son independientes o son de oposición. Que el ser de Gobierno no quiera decir el abuso de poder, el uso de privilegios y la ausencia de austeridad. Es frecuente ver que el nuevo ministro o ministra que llega o director (a) de Estabelecimiento Público, ordena remodelar su despacho a su antojo, para solo señalar un aspecto menor pero que marca. Ahí cabría una directiva presidencial de absoluta austeridad, clara y contundente en el micro gasto, no solo en el aspecto señalado, sino en prohibir los viajes aéreos en primera clase, o el uso de vehículos para desplazamiento puramente personales o los viáticos extendidos, etc. El Gobierno no solo tiene que ser austero sino parecerlo. Hay usualmente una cantidad de personajillos rodeando a los mandantes del poder que los convencen de que su importancia o poder se manifiesta en la demostración de opulencia o magnificencia (con los bienes del Estado). Aquí se impondría lo que podríamos llamar el “estilo Pepe Mujica”, si el uruguayo. Pero también significa ir más allá en un proceso de cierta remodelación del Estado en cuanto si ciertos programas o aun instituciones son realmente útiles o ya cumplieron su finalidad y entonces se mantienen quizás como fortines burocráticos electorales.

Que el ser independiente no signifique la indiferencia, ni la falta de responsabilidad política frente a lo que hay que hacer en la tarea gubernamental, ya sea exigiéndola o coadyuvándola, y ejerciendo lo que planteábamos en anterior escrito una veeduría ciudadana de vigilancia democrática del   nuevo Gobierno.

Que el ser de oposición no signifique la venganza política, ni el obstruccionismo a priori, o la incoherencia entre lo que se hacía cuando se ejercía el poder o lo que se exige ahora. Que no se pierda la capacidad moral para exigir cumplimiento transando prebendas. Existe un Estatuto de Oposición que es una ley de la República, la cual el Gobierno a diferencia del precedente, no debe hacerle “jugaditas” y obrar, para hacerlo bien de hacerle esguinces a la norma.

Volviendo al inicio, hay una pregunta que anda circulando antes y después del 19 de junio. ¿Tenerle miedo a Petro? ¿O tenerle miedo a quienes odian a Petro y no estiman en democracia que una fuerza de izquierda pueda acceder al poder en Colombia? A Petro se le debe temer que no haga nada y se enrede. Como se enredó en la Alcaldía, en no estar claramente con el respaldo y claridad jurídicos suficiente. En cuanto a los otros, empresarios y algunos miembros de las Fuerzas Armadas, que inclusive polemizaron en la campaña electoral, permitido por el actual Gobierno en clara violación al principio constitucional de no deliberación asignado a quienes portan las armas de la República, hay que darles un tratamiento de neutralización en dos sentidos: uno tranquilizando las aguas con la designación de un Ministro de Hacienda que inspire confianza y un Ministro de Defensa que supere ese viejo resabio ideológico del anti-militarismo de izquierda y permita construir una posición democrática y progresista del papel de las Fuerzas Armadas en el marco constitucional.

(Le puede interesar: El buen gobierno)

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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