El Estado de Israel y la banalidad del mal en Gaza

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La mayoría de estas personas no tienen un perfil de psicópatas, pero pueden calificar como seres insensibles a la tragedia humana.

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Hace unos días me encontré con un mensaje del cantante Jorge Drexler, que decía: “Me cuesta muchísimo entender un pueblo que pasó por una deshumanización tan grande en el siglo XX, no pueda sentir una parte importante de la sociedad israelí el dolor del pueblo palestino. … No hay muertos que no me duelan”. Jorge es hijo de Günther Drexler, quien huyó de Berlín en 1939 escapando del nazismo, sabe perfectamente qué es el sufrimiento; pero más allá de las múltiples protestas en el mundo, es lamentable que desde el 7 de octubre de 2023 nada cambie y la muerte es dueña y señora en Medio Oriente.

En Israel asesinaron alrededor de 1200 personas y se calcula que 250 personas fueron secuestradas. En respuesta, la ofensiva israelí ha asesinado 25.000 personas, en su mayoría niños, y para el momento que usted este leyendo esta columna seguramente se habrá superado esta cifra.

Una foto publicada por UNRWA.es, organización que trabaja por las personas refugiadas de Palestina, y que ha perdido apoyo internacional, cautivó mi atención…

En la parte superior decía “SIN PALABRAS”, algún comentario mencionaba “Gaza Está tan destruida, como Hiroshima y Nagasaki después de la bomba atómica.”

Pero más allá de lo que se pueda pensar o reflexionar sobre la magnitud de este desastre, el Estado de Israel debe parar esa masacre. No se puede entender ¿Cómo la comunidad internacional es un simple espectador? sin vincularse de forma activa para condenar esta situación, acaso será que ¿Se deshumanizaron? ¿No pueden sentir el dolor ajeno? ¿Qué diría Hannah Arendt si esto hubiese ocurrido en su época?

Hannah una mujer judía, fue la primera que habló de la banalidad del mal observando el juicio de Adolf Eichman quien fue responsable de la distribución y logística de los judíos a los campos de concentración. Un hombre común y consciente de sus actos, que contribuyó al genocidio Nazi por su incapacidad de juicio a sus propias acciones.

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Hoy se puede observar por distintos medios el horror de la tragedia en Gaza, mientras los mandatarios mundiales buscan sus propio beneficio, algunos religiosos; si léase o escúchese bien “religiosos”, aquellos que se aferran a su creencia y consideran que lo que llaman justicia y venganza debe ejecutarse por su propia cuenta. Y la sociedad en general ni siquiera critica tales actos tan repugnantes como los que se pueden ver en cualquier pantalla de un celular, niños derramando sangre, cuerpos mutilados y demás imágenes imposible de soportar sin que se sienta rechazo. La mayoría de estas personas no tienen un perfil de psicópatas, pero pueden calificar como seres insensibles a la tragedia humana; lo que Arendt calificó como banalidad del mal por estar dentro de un sistema que busca el exterminio de un pueblo trivializando la muerte.

Hannah se aterrorizaría con el espectáculo que estamos viendo todos los días. Contando muertos, como se contaban en los campos de exterminio, y la práctica de acciones que infringen mayor sufrimiento a sus prisioneros en la cárcel más grande del mundo. Como presionarles a que se desplacen a diferentes lugares, bombardearles, dejar sin recursos y alimentos. De hecho, la ONU aseguró que “mujeres y niñas han sufrido enormes abusos en el actual conflicto en Gaza, incluidos ejecuciones arbitrarias, trato inhumano y degradante durante sus detenciones e incluso violaciones en cautividad”.

Pero si vamos un poco más allá, algunos soldados israelíes e influenciadores se han burlado del sufrimiento de los gazaties y su inhumanidad los lleva a publicar tales horripilantes hechos. Juzguen ustedes si esta publicación The New York Times no genera repudio y asco sus actos.

Estoy segura de que muchas de estas victimas prefieren morir antes que ser humillados o torturados. Sin duda, la publicación de Médicos Sin Fronteras del pasado 14 de febrero más real que el infierno mismo, una frase decía “El que sobrevive está condenado a sufrir” y un pueblo condenado a desaparecer si no nos pronunciamos en contra de la barbarie.

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*Sandra Castillo, profesional en derecho, estudios de Maestría en Paz, Desarrollo y Ciudadanía. @sandra_doly

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