El FEPC, el SOAT y la solución para las motos

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Más allá del simple transporte, miles de colombianos dependen de la moto para trabajar y aumentar el precio a la gasolina implica quitarle el sustento así, sin más.

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En la recta final de las elecciones, el hoy presidente y entonces candidato Gustavo Petro hizo un llamado a los moteros para convencerlos de que votarán por él. Disminuir las tarifas del Soat y controlar los precios del combustible fueron algunos de los compromisos adquiridos a cambio del apoyo recibido. Hoy ambos compromisos están por romperse.

Por un lado, el tema del control de los precios de los combustibles es realmente insostenible. Como lo muestra el exministro Amylkar Acosta en una columna publicada en este mismo medio, es indiscutible que hay un problema estructural en los mecanismos para determinar los precios de los combustibles, pues el FEPC desde hace más de 5 años no es autosustentable, tal y como se había concebido en sus principios.

El presidente, en vez de ser claro con este tema, justifica el alza diciendo que el anterior gobierno no pagó lo que le correspondía, cosa que es falsa. El anterior gobierno hizo lo que pudo, pero como en tantos otros temas fracaso.

Entonces sí, es necesario subir el precio a los combustibles porque el subsidio es simplemente impagable. El problema viene a ser cómo impedir que la inflación ya alta se desborde y cómo disminuir las afecciones para las personas que de uno u otro modo viven de la gasolina, como miles de motociclistas.

Sobre las motos, la realidad es que mientras no se brinde un servicio público digno ellas son una salida para el problema del transporte. Por ejemplo, en Bogotá, las motos dan un mínimo de dignidad al transporte personal, las mujeres las prefieren para evitar incidentes de acoso y disminuye los tiempos de desplazamiento considerablemente. Con ellas no es necesario pasar seis horas al día dentro de un Transmilenio en condiciones paupérrimas y con una inseguridad latente. Esto sin mencionar que en gran parte del campo colombiano un campesino cualquiera solo cuenta con una moto para movilizarse.

Pero más allá del simple transporte, miles de colombianos dependen de la moto para trabajar y aumentar el precio a la gasolina implica quitarle el sustento así, sin más. En un país donde se vive del rebusque y este muchas veces implica un gasto de gasolina, como ocurre con los trabajadores de aplicaciones, sea en moto o carro, aumentar los precios del combustible es quitarle el pan de la boca a las personas.

Entonces, si subir el precio de los combustibles está en detrimento de los más vulnerables, quienes son los que trabajan con sus vehículos, pero a la vez subsidiar este precio es imposible, hay que buscar una solución al menos para algunos. Un subsidio focalizado, que tal vez no le guste al ministro Ocampo, puede ser la solución; buscar los mecanismos es la tarea del ejecutivo.

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Por otro lado, el problema con el Soat, del que las motos otra vez son las mayores afectadas, es tal vez más difícil. Desde hace varios meses en distintas zonas del país se han venido presentando denuncias sobre trabas para adquirir el SOAT para las motos. Las razones apenas se conocieron esta semana: en la reunión de Fasecolda se supo que el Soat está en una crisis tan grande que incluso algunas aseguradoras tienen intenciones de dejar de proveerlo.

Evasión, fraude y accidentalidad, dice Fasecolda, son las razones de la crisis. Los usuarios de motos por su parte consideran que no es solo eso: desde hace un tiempo diversos grupos de aficionados a este vehículo han promovido campañas de conocimiento sobre los beneficios legales y económicos que tienen derecho a la hora de un siniestro vial. Dicen los moteros que es el hecho de que ahora se cobran derechos que antes no se cobraban lo que a las aseguradoras no les gusta, pues disminuye sus ganancias.

Evidentemente, ambos grupos tienen razón, hay quejas válidas de parte de los moteros, como que el Soat es muy costoso y no debería ser cobrado nuevamente si el anterior no se usó, es decir que no debería ser anual, sino que se renueve cada vez que se use. Pero también es cierto que la evasión, el fraude y la accidentalidad son demasiado altos, además de que, según el runt, cerca del 80% de las motos que circulan no pagan Soat.

Pero entonces ¿qué hacer? ¿hay que sacar el garrote en vez de la zanahoria, tal como propone el Mintransporte, y obligar a todo vehículo registrado pagar Soat además de quitar el subsidio a los combustibles que podría hacer que la gasolina suba incluso al doble de su precio actual?

Primero que todo, un cobro coactivo es simple y llanamente un absurdo. El propietario es quien decide si desea movilizar su vehículo o no, y mientras yo no use mi vehículo no tengo porque pagar un seguro que es para accidentes de tránsito que no se van a presentar si no transito en él.

Por otro lado, creo que siempre es mejor sustituir el garrote por la zanahoria y esto se haría incentivando la compra del Soat mediante el subsidio a los combustibles. Esta propuesta es justo la misma de la congresista Katherine Miranda, y que es, al parecer, la que el gobierno apoya. Fasecolda mencionó las complicaciones de la logística, especialmente en el control para corroborar que el soat sea real y esté vigente. La base de datos del Runt puede proporcionar esta información, basta crear un aplicativo simplificado para que se corrobore la información directamente en la estación de servicio.

El objetivo debería ser que los precios actuales se mantengan para las motos que usan gasolina corriente, los vehículos de transporte público y vehículos de carga que cuenten con el Soat vigente. Así, quienes no tienen el seguro tendrán que comprar la gasolina prácticamente al doble del precio normal. De este modo se subsidia la gasolina para quien lo necesita y se garantizan los recursos que el Soat busca desesperadamente.

Es cierto que no se puede tener contento a todo el electorado, que hay promesas que simplemente no se van a realizar, se vio, por ejemplo, con la selección de Rusinque para el DPS. Pero los miles de colombianos que dependen de las motos para subsistir no pueden ser ignorados. La transición energética, que pasa por la promoción de vehículos que usen combustibles limpios, es necesaria, pero el aumento de los combustibles, que implicaría el corte de tajo de los medios de subsistencia de miles de colombianos, solo traerá miseria y un estallido social que el gobierno hoy puede evitar.

Adenda. Justificar los errores propios aduciendo que los ajenos son peores no los desaparece. Asumir la responsabilidad de lo que se hace mal es también parte del cambio. Lo del Guavio es excelente. Lo malo se critica, pero lo bueno se resalta. Sin minimizar el logro, es claro que el gobierno y la comunidad tienen objetivos similares. Qué bueno que se llegó a un acuerdo sin el uso de la fuerza.

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*Camilo Andrés Delgado Gómez, estudiante de ciencia política, Universidad Nacional de Colombia/sede Bogotá, @CamiloADelgadoG

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