El imperativo categórico en la manipulación de las emociones

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Colombia no desea vivir en el mundo de la universalidad de Rodolfo donde el candidato utiliza el sentido común conservador, para hacer de la violencia una manera de actuar de la sociedad.

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“Las personas pensamos lo que sentimos”, dice Antoni Gutiérrez-Rubí, en su artículo publicado en Ethic menciona que las emociones conectan e invitan a la acción, en razón a que la oferta política se mueve por acciones y deseos. Muchas personas han incursionado en este campo deseando algún efecto, no obstante, para ser político se necesitan más que emociones, nuestras propias afinidades ideológicas tienen más que ver con el cerebro emocional que con la razón.

Algo muy interesante que cita el artículo es acerca de las sociedades nerviosas basado en el texto del sociólogo William Davis, como el debate político está contaminado por el pánico, la excitación y urgencia, creo que nada de eso esta apartado de lo que vivimos en nuestro país con el famoso discurso del comunismo y otros elementos que no permiten conocer propuestas políticas de forma profunda sino simplista, un hecho que enfrenta la democracia liberal y la pérdida de centralidad como lo menciona el escritor, esto como consecuencia de un debate más abierto que nunca y afectado por la tecnología.

Este fenómeno se fortalece por la incontrolable cantidad de información que lleva a muchos a este espacio tan codiciado, Will Freeman para Americas Quarterly, entrevistó a Rodolfo Hernández, y en una de sus respuestas dijo algo que llama la atención: “Estamos rompiendo este sistema y tratando de ser elegidos no con dinero, sino con emociones, sentimientos, comunicación”, y tal parece que si le ha funcionado, al observar su favorabilidad en la primera vuelta de la elección presidencial en Colombia, ocupando el segundo lugar. El fogueo que al parecer es simplista a juzgar por los resultados, pero muy efectivo. Dice Freeman que cuando se encontró con el candidato presidencial estaba con un puñado de asesores, en su mayoría millennials, la mitad de su equipo de campaña, que son solo ocho.

Para todos es claro que uno de sus medios más atractivos es encontrar a un señor de 77 años haciendo tik tok y eso gusta en una sociedad que en ocasiones busca la facilidad para tomar sus decisiones. Revisando un poco más sobre su campaña en la entrevista con la W Radio, Julio Sánchez le pregunta ¿En qué momento se le ocurrió o pensó que podía ser presidente? En la respuesta el candidato explicó que dio inicio en el año 2013 pensando en la Alcaldía y su hermano le dijo que utilizara una herramienta de la filosofía denominada el “imperativo categórico”, que según Hernández “es la emoción que siente la gente cuando hay algo que la gente cree que tiene la personalidad y la valentía de enfrentar estos políticos que nos han robado…”

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El concepto del imperativo categórico, es del filósofo Emmanuel Kant que funciona como una ley universal de todos los seres humanos, que poseemos en la subjetividad, es una cualidad innata de todo sujeto que le dice al hombre que es lo bueno y que es lo malo, en ese sentido el ser humano atiende al mandato de la razón o no lo hace, cuando se atiende al imperativo categórico rige la conducta moral del hombre y los principios de la acción. En ese sentido atacar la corrupción debería ser una conducta de todos los colombianos y no solo de una persona.

Ahora bien, si el candidato Hernández está apelando a las emociones y si lo trasladamos al lenguaje y sus acciones, no creo que esa debería ser la fuente de integridad del país, tampoco considero que Colombia desea vivir en medio del status moral de él, que ya suficientemente lo hemos conocido, un hombre grotesco que indigna con sus expresiones y vulgaridad, más aún, cuando está enfrentando un proceso por corrupción.

Colombia no desea vivir en el mundo de la universalidad de Rodolfo donde el candidato utiliza el sentido común conservador, para hacer de la violencia una manera de actuar de la sociedad, donde cree que la normatividad y las instituciones no son indispensables para un presidente. Son escasos sus elementos conceptuales para hacer uso del imperativo categórico de Kant, ojalá que no sea este el destino de nuestra nación.

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*Sandra Castillo, profesional en derecho, estudios de Maestría en Paz, Desarrollo y Ciudadanía. @sandra_doly

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