El juego en tablas

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Al referirse a su ambiciosa agenda de reformas sociales, el jefe de estado insistió en sus tesis, pero demostró un tono conciliador al llamar a un acuerdo nacional.

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Los dos hechos más importantes de la instalación del nuevo periodo de sesiones del Congreso fueron el discurso presidencial y la elección del nuevo Presidente del Senado. El tono ponderado y conciliador de Petro fue seguido por la votación de la plenaria de esa corporación que protocolizó la primera gran derrota del gobierno en el legislativo. 

Curiosamente la coincidencia de estos dos episodios, en apariencia contradictorios, implica la necesidad de insistir en la búsqueda de consensos que faciliten la aprobación de las reformas sociales en las que se encuentra comprometida esta administración. Es positivo el mensaje del jefe de estado al convocar a un acuerdo nacional en la medida en que contribuye a distensionar el ambiente de polarización, mientras que, el equilibrio de las fuerzas políticas en el Senado que condujo a la apretada elección de Iván Name, obliga a ejecutivo y legislativo a dialogar, ceder y encontrar coincidencias que garanticen el avance de la agenda reformista del gobierno.

En su largo discurso Petro reiteró su visión catastrófica del futuro de la humanidad, si no se asume con seriedad la lucha contra el cambio climático.Insistió en la necesidad de impulsar con celeridad la transición energética y avanzar en la descarbonización de la economía colombiana. Cuestionó con dureza la especulación y el negocio con las licencias de exploración y se comprometió con la política de generación de energías limpias. El compromiso presidencial con la sostenibilidad ambiental es en serio y se consolida como la prioridad esencial de su cuatrienio en el eje central de su legado. Ese capítulo del discurso presidencial fue sólido, coherente y razonable.

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En la política de paz total incluyó la implementación del acuerdo final con las FARC y la necesidad de acelerar la reforma rural y la entrega de tierras a comunidades campesinas, indígenas y afros. Asimismo, planteó la necesidad de modificar el enfoque en la lucha contra las drogas debido al cambio del mercado mundial de estupefacientes con el crecimiento del consumo de Fentanilo en Estados Unidos y el desplazamiento de la demanda de coca hacia Europa y Asia. Al afirmar que la lucha de la insurgencia armada contra el estado terminó, el jefe de estado se refirió a la transformación de la violencia en los territorios que ya no se relaciona con la lucha de las guerrillas con origen político que buscan a través de las armas el poder, sino de enfrentamientos entre bandas criminales que buscan el control territorial con el propósito de capturar rentas ilegales como el narcotráfico y la minería ilegal. Sin duda se trata de una evolución del conflicto que requiere un cambio de estrategia legal y de la acción de nuestras fuerzas militares para combatir estos fenómenos.

Y finalmente, al referirse a su ambiciosa agenda de reformas sociales, el jefe de estado insistió en sus tesis, pero demostró un tono conciliador al llamar a un acuerdo nacional. Ojalá acepten esta invitación los distintos sectores de la sociedad que han expresado diferencias con los proyectos gubernamentales comenzando por los partidos independientes y de oposición representados en el Congreso. Las dificultades que atraviesa el gobierno para construir unas nuevas mayorías, especialmente en el Senado, deben llamar a la reflexión sobre la imposibilidad de imponer de manera exclusiva su visión sobre la salud, pensiones, mercado laboral, servicios públicos o educación superior. Los nuevos equilibrios en el legislativo y la escasez de tiempo por cuenta de las elecciones regionales de octubre, deben conducir a un diálogo franco y abierto alrededor del texto de las reformas que se discuten. Si el equipo ministerial traduce en propuestas concretas el llamado general del jefe de estado a un acuerdo nacional, no es imposible construir consensos alrededor de muchas de las reformas propuestas por el gobierno, con modificaciones que no sacrifiquen su espíritu reformista. Ni los partidos de oposición tienen la posibilidad de armar una coalición con el fin de obstruir cualquier tipo de reformas, ni el gobierno la de imponer de manera exclusiva sus criterios. El pasado 20 de julio quedó claro que el juego está en tablas y hay que destrabarlo. Es lo que conviene al país.

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*Juan Fernando Cristo Bustos, @cristobustos, Exministro del Interior y ex senador.

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