El lado más oscuro del no futuro

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“El suicida es el antípoda del mártir. El mártir es un hombre que se preocupa a tal punto por lo ajeno, que olvida su propia existencia. El suicida se preocupa tan poco de todo lo que no sea él mismo, que desea el aniquilamiento general”. Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

El suicidio varía en proporción inversa al grado de integración de los grupos sociales a los que pertenece el individuo.”. Emile Durkheim. (1858-1917. Francés, uno de los fundadores de la Sociología).

(Lea también: Los y las ninis: ¿no futuro?)

Si, vamos a hablar de un asunto preocupante, el aumento significativo de los casos de suicidio en Colombia, que lo conectamos con el artículo anterior sobre los jóvenes que “Ni estudian, Ni trabajan”. El “no-futuro”, lo ligaremos a falta de oportunidades en estudio y trabajo para la población joven (entre 15 y 30 años), que lo analizábamos en artículo anterior. En conductas suicidas, muerte por autolesión, como un problema agravado, en el sentido de cifras cada vez mayores, el cual lo analizaremos hoy. Un tercer elemento de expresión del “no-futuro” que corresponde a la emigración, que escudriñaremos en otra oportunidad.

Las estadísticas recogidas por el Instituto de Medicina Legal advierten sobre un aumento significativo de los casos de suicidio (los que se registran) especialmente en jóvenes. Si tomamos los adolescentes (de 10 a 17 años) y lo sumamos a las cifras de otros grupos de edad como las de 25 a los 40 años, los casos ocurridos de “muerte por autolesión” como los denomina Medicina Legal, resultan en un alto porcentaje de estas edades, que pesan más porque son vidas jóvenes que se truncan. Nos dice la fuente (IML) que comparando 2023 (primer semestre) con el mismo período de 2022, han aumentado los suicidios en este grupo etario en más de un 10%.  Pero el aumento ya venía grave en 2022 respecto de 2021, pasó de 29.072 casos a 37.359 y esta tendencia alcista se mantiene en 2023.

En salud pública se maneja un concepto de años de vida perdidos, que se calcula con respecto a la esperanza de vida que se da en un país., si por ejemplo tal cifra es de 72 años, se le resta los años de la muerte ocurrida, a los 18 o 20 años serían 54 o 52 años perdidos. Ese es el peso de la pérdida, sólo mirándolo así y desde una perspectiva de política pública sin considerar, el dolor del entorno de la muerte de un o una joven para una familia. Dejo a los economistas y actuarios el cálculo del valor en pesos de esas muertes tempranas para dimensionar su impacto. A nivel mundial el suicidio es la segunda causa de muerte entre jóvenes de 10 a 29 años (OMS).

El suicidio no solo puede ser visto como un asunto individual de salud mental, si lo es, pero es también un asunto de integración social y explicaremos por qué. El suicidio como un hecho social lo planteó pioneramente Emile Durkheim, en un estudio publicado en 1897, titulado precisamente El Suicidio. La osadía investigativa y conceptual de Durkheim, frente a un hecho que se podría considerar como de carácter netamente individual, como el suicidio, con base en estadísticas y correlaciones demostró basado en la evidencia, que había un contingente de suicidios en la sociedad que se producía en cifras similares anualmente y su aumento o disminución lo correlaciona con crisis sociales y económicas. Durkheim tipificó el suicidio en 3 principales clases de ideación y conductas: Suicidio Egoísta (la ligazón de la persona se afloja con la sociedad, se pierde la integración y se absolutiza la voluntad personal). El suicidio altruista (quien da la vida por los demás) El suicidio anómico (cuando en el individuo la fuerza regulatoria de la sociedad se debilita y se origina un conflicto normativo).

(Texto relacionado: Borrador para un guion de ficción)

El sentido de hecho social (también) asignado al suicidio se produce en unas situaciones en donde la sociedad próxima o contextual no responde a las expectativas de la persona y pierde para ésta el sentido de la vida. A esto ligamos precisamente la dura expresión” No-futuro”.

Un caso muy dramático es el suicidio de jóvenes indígenas en donde la tasa de suicidios (la relación entre el conjunto de la población y los suicidios acaecidos dentro de ese conjunto) es mayor que la tasa nacional de Colombia. El choque cultural entre la sociedad no-indígena (mayoritaria) y la propia comunidad original produce en los jóvenes indígenas un conflicto cultural muy fuerte que los lleva a la desazón, entre no ser bien vistos en sus propias comunidades y el rechazo de la sociedad mayor, es decir el peor de los mundos.

Tenemos entonces un tema de salud mental y desintegración social que afecta especialmente a los jóvenes, aunque hay algunos factores protectores (por ejemplo, la familia o la misma escuela) no siempre el entorno familiar o escolar son propicios a la protección. El sistema de salud tampoco tiene los recursos para atender estas situaciones de salud mental. Normas hay, como la Ley 11616 de salud mental, pero son disposiciones legales que se quedan en las buenas intenciones y no derivan en políticas públicas. Inclusive esto ayuda a comprender el aumento significativo de consumo de sustancias psicoactivas especialmente en esta población joven. Las cifras de suicidio como ya hemos aludido antes son dramáticas, en aumento, entre jóvenes de 5 a 29 años se incrementan en un 37% del año 2021 al 2022.

Las acciones afirmativas como las que planteábamos en escrito anterior, respecto a una política de juventud que combinara trabajo y formación ayudan a desbrozar el “No Futuro” y permitirá abrir para todos el “Si Futuro”.

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*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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