El legado cultural de Galán

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Sacado de Vanguardia

De aquella sociedad recordada por nuestros abuelos, padres y los jóvenes de aquel entonces,  se siente aún el “¿qué hubiera pasado si?” y “¿y qué sería de nuestro país si? Aquí no solo falleció un caudillo.

Sacado de Vanguardia

El 18 de agosto de 1989 falleció Luis Carlos Galán. Hoy, observo el parque de Ovejas, Sucre y pienso en el legado cultural que nos ha tocado vivir a mi generación.

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La cultura es la expresión de los pueblos, es la esencia de su identidad; es por eso la expresión de los pueblos requiere una atención constante a su historia y a sus más grandes protagonistas.  Entonces, me planteé el siguiente interrogante: ¿qué quedó de ese legado?

Del legado de Luis Carlos Galán quedó,  más allá de las estatuas y homenajes, la esencia de una crisis moral que nos llama a comprometernos con la construcción de la política alejada de las ambiciones de cargos públicos y concebida  como un ejercicio social  de desarrollo más allá de carteles y fotos.

A nuestra generación de jóvenes, de la cual hago parte con mis diecinueve años, siento la necesidad de hacerle un llamado a una construcción de una moral propia, que no solo vea lo trágico de su historia como fue la muerte de este gran caudillo sino su principio como un joven estudiante de economía, comenzando a cuestionar su sociedad, demostrando que, más allá del gran líder y orador, estaba una ciudadanía inmersa en aquella voz, con discursos aún vigentes. Ellos se centrabran en una economía pensada en una base sólida, como en el caso del campo y una necesaria reforma agraria, así como en una educación digna en las comunidades más alejadas en los corregimientos, logrado en parte en su paso por el ministerio de educación.

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De aquella sociedad recordada por nuestros abuelos, padres y los jóvenes de aquel entonces,  se siente aún el “¿qué hubiera pasado si?” y “¿y qué sería de nuestro país si? Aquí no solo falleció un caudillo sino el pensamiento de una sociedad crítica, que requería de unas reformas antes de comenzar el nuevo milenio.

Al ver la necesidad de una moral construida por nuestros jóvenes y también apoyada por los principios de quienes ya no están, puedo decir que el legado cultural de Luis Carlos Galán  fue el “demostrarnos que nosotros también podíamos aspirar como sociedad a algo más”. Nos mostró algo que no requiere extremismos, ni tampoco el uso injustificado de violencia, sino la  razón de ser de una moral con la semilla del poder de escucharnos entre todos, desde aquellas casas de techos de leña frescas en las tardes, en medio de arenas o praderas, hasta los habitantes de una ciudad con cielos naranjas y tonos violetas.

Algo me ha quedado claro: después de vivir en una ciudad de ritmos acelerados  y una cultura diversa como lo es Bogotá y llegar a un pueblo abrigado por su soledad, la cual tiene una belleza de rima y postales, que puedo ver a cada rato, entiendo que la concepción de país no es la misma. He ahí aquella riqueza cultural desde la que debemos ver el legado de Luis Carlos Galán: en la apertura de un diálogo nacional con figuras políticas que no solo hablen y agiten masas en tarimas sino que también escuchen la diversidad de los contextos de la ciudadanía, desde la generación frustrada en aquel 18 de agosto de 1989 hasta el país que somos hoy, aquel con diversas caras visto en uno, que requiere enarbolar el  legado cultural de Luis Carlos Galán.

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*Julián Enrique Beltrán Méndez, gestor cultural, Ovejas, Sucre

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