“El liderazgo ha estado y debe seguir estando en los jóvenes porque no tenemos una agenda política oculta.”

El pasado lunes 19 de marzo los jóvenes lideramos una masiva movilización en defensa de la paz, que se ve amenazada con las objeciones de la ley estatutaria de la JEP que hizo el presidente Duque. El lunes se renovaron los votos de un matrimonio que lleva varios años: los jóvenes y la paz.

Si bien muchos jóvenes en Colombia no convivieron de manera directa con el conflicto en las grandes ciudades, sí está consolidado en el imaginario común de la gran mayoría de los jóvenes que el proceso de paz es una oportunidad de avanzar como sociedad. Históricamente, los jóvenes hemos sido motor de cambios sociales importantes; el mayo francés del 68, la séptima papeleta, la primavera árabe y las marchas estudiantiles del 2016. Estas últimas en defensa de la paz de 2016 que vuelven a emerger nos dejan varias lecciones aprendidas.

Lo primero es que la tecnología es el principal aliado para quienes queremos movilizar a la ciudadanía alrededor de causas sociales. Cuando un pequeño grupo decidimos que era necesario volver a las calles, un grupo de WhatsApp en el que algunos podíamos agregar nuevos miembros fue la herramienta para comunicarnos en un grupo base de casi 150 jóvenes para acordar mensajes, horas, lugares y voceros. Si hace 20 años había que marcar a un teléfono en la casa de cada uno, a los líderes de la séptima papeleta, por ejemplo, les tocó mucho más difícil. Hoy por hoy, podemos hablar en tiempo real muchas personas para responder a la inmediatez de la coyuntura.


Lo segundo es que los jóvenes somos conscientes de la importancia de converger alrededor de los grandes temas. Para nuestro caso de paz, sabemos que una sociedad en guerra no es el escenario para respetar las orientaciones sexuales diversas, que el conflicto genera graves afectaciones al medio ambiente e incluso que la educación necesita que el Estado pueda hacer presencia en todo el territorio nacional para garantizar la cobertura.

Finalmente, la movilización ciudadana también necesita innovación. Está bien salir masivamente a la calle y llenar las plazas públicas, pero es claro que, para ser relevante, hay que ser noticia, y la campaña “Defendamos la verdad” usó la tecnología para que cada firma de apoyo se convirtiera un correo electrónico que recibieran los presidentes del Senado y la Cámara de Representantes. El mismo Ernesto Macías los convirtió en noticia al sacar un tweet diciendo que un robot o desde una “bodega” de cuentas falsas le habían bloqueado su correo personal.

¿Por qué los jóvenes tenemos la vocería de esta movilización? No es porque seamos los únicos que llenamos las plazas del país. Eso está claro; de hecho, aunque lideremos e invitemos a movilizarnos, siempre hemos necesitado de la ayuda de todos los sectores para tener el impacto que hemos tenido. El liderazgo ha estado y debe seguir estando en los jóvenes porque no tenemos una agenda política oculta. Basta ver que ninguno de los líderes del movimiento que se creó en 2016 después del plebiscito presentó su nombre en las elecciones de 2018 y ninguno de los que se movilizan hoy tiene intenciones de ser candidato en octubre de este año.

Juan José Rojas Ortiz, líder estudiantil, @juanjrojasortiz

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