Avanzar lentamente y con todas las precauciones en un proceso gradual de retorno a la nueva normalidad parece inevitable, la única salida.

Poco más de dos meses después de que apareciera el primer contagio de coronavirus en Colombia se acerca el momento de la verdad para el país. El próximo 25 de mayo completamos dos meses de cuarentena y sin duda el aislamiento de la población ha tenido un efecto muy positivo en el comportamiento de la pandemia y su velocidad de propagación. Hasta el momento no tenemos las trágicas cifras de países desarrollados como Estados Unidos, Inglaterra, Italia y España, que perdieron decenas de miles de vidas de sus habitantes, con cifras de contagios inmensas. Sin embargo, no podemos cantar victoria porque, en la medida en que crece el número de pruebas diarias y se flexibilizan las normas de comportamiento social, aumenta el promedio diario de contagios y muertes. No tenemos hoy la catástrofe de las potencias mundiales, pero tampoco las cifras son positivas. Hoy ocupamos el 4to lugar en el continente en número de casos. Son tiempos de miedo e incertidumbre sobre el futuro.

Con ese escenario en materia de expansión del virus, una red hospitalaria aún insuficiente para atender un eventual desbordamiento en exigencias de atención a pacientes en unidades de cuidados intensivos y una muy profunda crisis económica que se evidencia, no solo en las cifras del DANE y Banrepública, sino en las calles, esta semana el Gobierno tendrá que adoptar nuevas decisiones sobre la cuarentena que está prevista hasta el 25 próximo. Ojalá atienda las voces científicas ante todo y acierte. Es cierto que la gente ya está desesperada en sus casas, que los niños quieren regresar a los colegios, que los informales ya se lanzan a las calles justificadamente a buscar sus ingresos mínimos, que los trabajadores independientes no aguantan más sin ingresos, que los gremios presionan para abrir totalmente la economía y evitar mayores daños al aparato productivo. Pero, más allá de esas circunstancias, se debe garantizar que los sacrificios que de manera juiciosa hemos hecho millones de colombianos en estos dos meses no se tiren por la borda en un par de semanas.

El pico de la pandemia que se ha venido moviendo hacia adelante, como consecuencia de los resultados exitosos del aislamiento social, y ahora se prevé su llegada dentro de dos o tres semanas, precisamente en el momento que muchos esperan que se levanten las restricciones y comience un retorno a la nueva normalidad. Por ello, hay que ser cautelosos en las medidas que se adopten los próximos días. Es una tarea que corresponde no solo al gobierno, sino también a los ciudadanos. Ya en algunas regiones de Colombia podemos ver un alto grado de indisciplina social, en muchos casos ni siquiera justificada en la necesidad de trabajar y asegurar el ingreso familiar, sino en la diversión y la rumba. Esa actitud es inaceptable y merece el mayor rechazo social.

Entramos entonces desde esta semana en días de ansiedad y expectativa. En estas crisis la mayoría de los ciudadanos estamos atentos a las orientaciones y decisiones de los gobernantes, bien sean nacionales, regionales o locales. Se pondrá a prueba nuevamente el inevitable dilema de salud vs economía y necesariamente tendremos que movernos en zonas grises que requieren una mayor consciencia y disciplina ciudadana para que cada uno se proteja sin tener un policía detrás. Sería irresponsable abrir completamente el país, recomendando simplemente el tapabocas y la distancia social. Tampoco parece conveniente mantener cerrados muchos sectores de la producción y el comercio que aún lo están. Navegaremos entonces entre ambigüedades en las que los controles de las autoridades serán cada vez más complejos e irreales.

Avanzar lentamente y con todas las precauciones en un proceso gradual de retorno a la nueva normalidad parece inevitable, la única salida. Para ello hubiera sido ideal tener mejores resultados durante estos tres meses en materia cantidad de tests, equipamiento de unidades de cuidados intensivos y seguridad biomédica para nuestros profesionales de la salud, que cada vez aparecen más infectados. Desafortunadamente, los responsables de estas tareas han sido ineficaces y lentos y, por ello, hay que extremar medidas y cuidados, para que no se extiendan a todo el país casos muy preocupantes como los de Amazonas, la cárcel de Villavo o Cartagena, por solo citar algunos. En los próximos meses, seguiremos con el mismo miedo e incertidumbre. Y no sabemos hasta cuánto durará. Ya algunos señalan que el virus llegó para quedarse. En cualquier caso, nuestra salud dependerá cada vez más de nosotros mismos.

* Juan Fernando Cristo, @cristobustos, ex Ministro del Interior y ex senador.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here