Hablan todo el día de la necesidad de un diálogo que permita superar el conflicto armado, pero cada vez es más evidente que no están preparados para abandonar la violencia y dejar las armas

El ELN hace méritos todos los días para convertirse en el mejor aliado de los sectores radicales del gobierno y de su partido, tal como en la primera década de este siglo lo fueron las FARC con su actitud demencial y violenta. Se niega esta guerrilla a aceptar la incontrovertible realidad de que los tiempos de la lucha armada pasaron hace rato y los colombianos unánimemente, más allá de cualquier orientación política, rechazamos con contundencia sus acciones criminales que ocasionan la muerte injusta de humildes soldados y policías y de la población civil de esas zonas.

Hablan todo el día de la necesidad de un diálogo que permita superar el conflicto armado, pero cada vez es más evidente que no están preparados para abandonar la violencia y dejar las armas. Los hechos de guerra, crueles y totalmente injustificados, desmienten de manera categórica su retórica hueca y vacía de búsqueda de la paz. La línea radical y guerrerista de los elenos hace tiempo le ganó la partida a quienes si están dispuestos a una verdadera negociación de paz, que sólo podría hacerse si conduce a la desaparición definitiva del grupo guerrillero. Cada día es más evidente que los cabecillas del frente nororiental en Norte de Santander y Arauca y los del noroccidental en el Chocó, dedicados a la minería ilegal y el narcotráfico, no tienen ninguna intención de abandonar sus lucrativas actividades criminales.

Esa división interna del ELN y la indecisión de avanzar en un proceso de paz serio han impedido en las últimas décadas la concreción de un acuerdo con ellos. Después del fracaso en este frente de los gobiernos de Gaviria, Samper, Pastrana y Uribe, en la administración Santos se logró finalmente concretar una mesa de negociaciones, cuando parecía que los avances con las FARC y el clima a favor del diálogo que había en el país permitirían unas conversaciones serias. Se definió una agenda concreta, aunque compleja y se alcanzó a tener cerca un acuerdo de cese al fuego que, al final, los elenos dañaron supuestamente para esperar el nuevo gobierno.

Y ya sabemos lo que ocurrió en este año y medio de Duque. Entre las atroces acciones terroristas del ELN y las equivocaciones del gobierno en el manejo del tema, incluyendo el ridículo desconocimiento de los protocolos, se frustró cualquier posibilidad de avanzar en una paz que piden a gritos los habitantes del Catatumbo, Arauca, Nariño, Cauca y Chocó especialmente. Es en esos territorios donde la gente sufre diariamente los embates de una guerra que no cede.

Ahora, reeditan el concepto de un supuesto paro armado para justificar la violencia. El país no paró con sus amenazas y las actividades siguieron su curso normal, con excepción de esas regiones en donde sí alteraron el orden público, volaron el oleoducto, atacaron a soldados y policías e intimidaron a los transportadores de algunos municipios para que no salieran a trabajar. De paro no tuvo nada, solo violencia pura. Y al calificarlo de paro lo que hacen es restar legitimidad a las movilizaciones sociales y la protesta contra el mal gobierno de Duque. Afectan las expresiones de rechazo justificado contra las medidas económicas del gobierno, sus abusos, la ausencia de voluntad en la implementación del acuerdo de paz, los asesinatos de líderes sociales y el evidente retroceso en materia de derechos humanos.

Y en esas condiciones se hace imposible un diálogo formal con esta agrupación, que debería ser la salida a un conflicto que debemos superar de una vez por todas. Tiene razón el gobierno cuando exige hechos claros de paz al ELN como la liberación de los secuestrados y el cese de esta criminal práctica, como lo hicieron las FARC en su momento. Es lo que exigimos la gran mayoría de colombianos si se quiere realmente recuperar credibilidad para un eventual proceso.

Y debe quedar claro que nada tiene que ver este absurdo y grotesco “paro armado”, que no es más que la misma violencia con otro nombre, con las protestas pacíficas de millones de colombianos contra las políticas de un gobierno que insiste en devolver a Colombia 15 años a los tiempos de la guerra. Al igual que lo hace el ELN.

Juan Fernando Cristo, @cristobustos, ex Ministro del Interior y ex senador

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