“Si usted, mi querido lector, ve esta película, acompañará a María en estas pequeñas batallas por la independencia, esas que significan poco para quienes han vencido pero que son el mundo entero para quien las está atravesando.”

Un hogar cálido, teñido de esa luz tostada tan propia de la intimidad, una familia china sonriente porque después de mucho trabajo ha logrado integrarse con éxito y decencia a la sociedad canadiense a la que llegó años atrás, el abuelo que enseña a su pequeño nieto el delicado lenguaje cantonés y una mujer madura y tierna, orgullosa de los suyos – de su esposo sobre todo – de ese hombre que superó la prueba que significa pasar ocho años matando pollos para una productora de aves, soportando los olores y el escándalo de la sangre—. Es una familia feliz.

Esta película, Meditation Park – presentada en Latinoamérica bajo el nombre de El parque de los sueños – , nos recibe a los espectadores con los preparativos y la feliz celebración de los 65 años del padre, por lo demás, muy activo laboralmente. Pero muy pronto nos deja entrever las grietas que en cada uno han dejado los años; a medida que avanza, nos hace saber que el choque de culturas y de generaciones, la inmigración, el cansancio natural de las parejas y, sobre todo, el machismo, han pasado facturas que todavía no se han saldado.

Esta es la historia de María, una mujer de 60 años que siente que tiene su vida resuelta y que ya es hora de recoger los frutos de la felicidad. Apenas se defiende en inglés y eso no le preocupa: su esposo resuelve todo para ella. Por él, incluso, ha perdido contacto con su hijo, un muchacho que se atrevió a desafiar la autoridad de su padre y de quien recibe noticias de su matrimonio. Pero un día encuentra unas delicadas bragas de mujer en el bolsillo de su marido: su mundo empieza a derrumbarse. Asistimos a su proceso interno de negación de la realidad, a su decepción y sensación de culpa, a su silencio temeroso, a su propósito de conocer a su rival y, finalmente, a la conciencia de su realidad: necesita una vida propia.

Aquí la película adquiere ciertos visos de comedia y nos introduce, sin penetrar demasiado, en la vida de otros personajes que, poco a poco, se convertirán en la malla que atajen la caída de María. Con ellos explorará la solidaridad, se verá a sí misma quebrantando la ley y romperá los prejuicios que se alimentan del jugo del desconocimiento del otro. Paralelamente, con la ayuda de su hija – la maravillosa actriz Sandra Oh – , se llenará de fuerzas para explorar su propio potencial. Si usted, mi querido lector, ve esta película, acompañará a María en estas pequeñas batallas por la independencia, esas que significan poco para quienes han vencido pero que son el mundo entero para quien las está atravesando.

El parque de los sueños es una película sobre la mujer y su crisis de la mediana edad, sobre la apuesta que muchas – especialmente en la generación de nuestros padres – hicieron por su seguridad económica y vital a través del marido. Es también una reflexión sobre la infidelidad, puesto que María se empoderará a sí misma a partir de ésta y recorrerá ese camino que va desde ponerse a ella misma en ridículo hasta adueñarse de sí misma e, incluso, proteger al propio marido que la traicionó. Es una cinta que habla de los choques culturales que produce la inmigración, de los orgullos familiares y de las redes de solidaridad femenina, capaces de curar viejas heridas. Ante todo, es una comedia que se deja ver y que, si bien no será la mejor película que usted vea en su vida, sí le hará pasar un buen rato.

Debo confesar que nunca antes había visto una película de la directora de esta película, canadiense de ascendencia china, Mina Shum. Escribir esta reseña me llevó a conocerla un poco: es una reconocida autora de varios cortometrajes, capítulos para televisión y documentales con mucho prestigio en los círculos artísticos independientes del Canadá, muchos de sus trabajos han sido ganadores en diferentes festivales; por lo demás, ha explorado el teatro y el arte plástico. Su trabajo ha estado centrado en la exploración de temas como la sexualidad, el racismo, la identidad cultural y sobre todo, el feminismo. En ese sentido, esta película es una consecuencia lógica en el camino de una directora que ha dedicado su carrera a la reflexión de los temas sobre los cuales gira El parque de los sueños.

Mauricio Arroyave, @mauroarroyave

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