El año 2022 puede ser un punto de quiebre en la historia política colombiana si los jóvenes resuelven participar con vigor en el debate electoral para buscar un modelo de desarrollo compatible con el derecho a gozar de un medio ambiente sano tanto para las actuales como para las futuras generaciones.

El fin de semana anterior acudí a una sala de cine para ver el documental “El Sendero de la Anaconda”. Su fotografía es majestuosa y sus relatos obligan a la reflexión. Es enorme el patrimonio ambiental que encierra la Amazonía y son terribles las consecuencias del creciente proceso de deforestación que allá se observa. Como lo dije en una columna anterior, hasta la provisión de agua de Bogotá está en riesgo.

¿Cómo detener la deforestación del bosque amazónico? La respuesta es simple: con voluntad política y con gobernantes auténticamente comprometidos con la preservación de nuestros recursos naturales.

Unos pocos liderazgos se empiezan a mostrar en el espectro político colombiano con unas narrativas en defensa de los recursos naturales. El actual gobernador de Boyacá es un ejemplo. Sin embargo, en otras latitudes, los jóvenes se están haciendo sentir con fuerza en las urnas para elegir a dirigentes cuya agenda prioritaria es la defensa del derecho a gozar de un medio ambiente sano y la lucha contra el cambio climático. En las recientes elecciones de parlamentarios Europeos, los conservadores y los social demócratas perdieron terreno con los ecologistas. Según los analistas, la juventud alemana, francesa, irlandesa, holandesa, británica y belga se movilizó como no lo había hecho antes para dejarle claro a su continente que su principal preocupación son los riesgos ambientales que se ciernen sobre el planeta.

Uno de los aspectos que más llama la atención de los sondeos de opinión en Colombia es que el sector poblacional en el que menos goza de simpatía el Presidente Duque –que, en general, ya goza de muy poca- es el de los jóvenes. A riesgo de equivocarme, me tomo una licencia para interpretarlos y concluir que una de las razones para desaprobar a Duque es que no ven en él a un dirigente cuya prioridad sea la defensa del derecho a un medio ambiente sano y la lucha contra el cambio climático. No es fácil identificar una agenda del Presidente de los colombianos, pero sus frases más pronunciadas son “legalidad”, “el que la hace la paga” y “economía naranja”. Si de esas frases se desprende su agenda, agravada además con su propósito de restablecer las aspersiones con glifosato, habría que decir que es muy difícil que los jóvenes descubran en Duque un dirigente dispuesto a resolver sus preocupaciones ambientales. Por el contrario, lo observan como un dirigente con una agenda más del pasado que del futuro.

El año 2022 puede ser un punto de quiebre en la historia política colombiana si los jóvenes resuelven participar con vigor en el debate electoral para buscar un modelo de desarrollo compatible con el derecho a gozar de un medio ambiente sano tanto para las actuales como para las futuras generaciones.

Algo debe estar ocurriendo con los jóvenes en esta sociedad para que un joven presidente sea descalificado por amplias mayorías a pesar de que expida un decreto para prohibir el consumo de drogas en sitios públicos, proponga un cerco diplomático al régimen de Maduro, desarrolle talleres sabatinos en las regiones y le hable a los lideres religiosos de la importancia de la familia. A lo mejor no le está ofreciendo respuestas a las angustias de su propia generación. 

*Guillermo Rivera, @riveraguillermo, director del Instituto: Economía, Empresa y Derechos Humanos de la Universidad del Externado. Exministro del interior, exconsejero presidencial para los derechos humanos y exrepresentante a la Cámara por el Putumayo, abogado.

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