A propósito de El Escándalo, mi experiencia en los medios

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Asistí, invitada por Cine Colombia, al estreno de El Escándalo, ‘Bombshell’, la película que describe el patrón de acoso sexual en Fox News que terminó con la carrera de Roger Ailes, uno de los fundadores de la cadena. La presentadora Gretchen Carlson demandó a Ailes y consiguió que 25 mujeres más, incluyendo la entrevistadora estrella Megyn Kelly, denunciaran, no solo la conducta de Ailes, sino también el ambiente tóxico de Fox contra las mujeres.

Más allá de la agresión sexual, la película deja preguntas sobre las condiciones laborales de las mujeres en los medios. Compartiré con ustedes algunas experiencias que, después de casi dos décadas de presencia en los medios, han forjado mis preocupaciones en torno a las cuestiones de género en este sector. Mis reflexiones surgen de mis lecturas, mis vivencias y mis conversaciones. No tienen aspiración de universalidad: sé que más de una mujer dirá “a mí no me pasó”. Pero, por si sirve de algo para mujeres jóvenes con ambición de hacer carrera en la opinión, aquí las dejo consignadas.

Si están esperando revelaciones sobre sexo y medios, mejor STOP aquí. Ni padecí acoso, ni lo presencié. Nunca. Nadie. Según el proyecto #NoEsHoraDeCallar, las pasantes están más expuestas que las periodistas en nómina. De todas formas, desde la opinión, la relación con los medios se mantiene más bien distante: uno manda su columna y asiste a un programa. El conocimiento del entorno diario no supera lo marginal.

  1. Se necesitan más mujeres en la opinión

“¿Puedes venir hoy?” Cuando mi teléfono suena a poco tiempo del inicio de un programa, la razón resulta obvia: la única mujer del panel canceló. Si mi agenda lo permite, trato de ayudar. Cuando dirigí Hashtag Internacional en Canal Capital, aprendí que encontrar mujeres para los debates se puede convertir en todo un desafío. Para trabajo difícil y desagradecido, el de productor de invitados de un programa de opinión debería estar entre los primeros escaños.

No se trata de un problema colombiano. En Estados Unidos, según Women’s Media Center, solo 26% de los invitados a los ‘talk shows’ políticos de los domingos son mujeres y los hombres son citados tres veces más en las páginas de opinión del New York Times. Según Harvard Business Review, a nivel global, para 2015, las mujeres apenas llegaban al 19% de los expertos consultados. Prendan el televisor y cuenten: ¿cuántos hombres por cada mujer?

No solo la mujer está sub-representada en muchísimos campos académicos sino también asume un papel diferente ante la aparición en público. Las mujeres prefieren declinar una invitación si los temas a tratar no encajan con su experticia; los hombres se sienten más seguros de hablar aún por fuera de ella. Esta brecha de seguridad en sí mismo, que la literatura en inglés llama “confidence gap”, está ampliamente documentada. Una investigación de las periodistas Katty Kay y Claire Shipman mostró que las mujeres aplican para un ascenso cuando reúnen el total de los requisitos; los hombres, cuando alcanzan el 50%.

Los roles de género continúan impidiendo una mayor presencia de la mujer en televisión y radio. Nunca un hombre canceló asistencia a Hashtag Internacional porque su hijo o hija enfermó; muchas veces las mujeres lo hicieron. ¿A cuántos productores no les ha dicho una mujer “no puedo porque debo llevar al niño al colegio” o “es tarde y debo estar en casa para acostarla”? ¿Cuántos hombres han respondido de la misma manera?  Lo dijo Anne Marie Slaughter, ex decana del Wilson School en Princeton, ex presidente de la Asociación Americana de Derecho Internacional y ex directiva del Departamento de Estado durante la administración Obama, en un famoso artículo en The Atlantic: “las mujeres todavía no lo pueden tener todo”.

2. Más vale un hombre con enfoque de género que una mujer machista

Recuerdo el día en que fui invitada a una radio, junto a unas seis mujeres más, con ocasión del Día de la Mujer y la moderadora, fuera del aire, nos dijo, antes de empezar, algo más o menos así: “aquí hay dos mujeres que hablan fuerte y con el tono alto; les voy a pedir que se controlen; ustedes verán si quieren reforzar el estereotipo de las mujeres histéricas.” Asumí que yo era una de ellas. Aquí estaba, festejando el Día de la Mujer, con una destacada periodista que, sin vergüenza alguna, fortalecía el cliché de la “mujer fuerte, mujer histérica”. Debí haberme levantado e ido y me arrepiento de mi falta de decisión.

Esta visión de la mujer está vivita y coleando entre nosotros y la candidatura de Claudia López la hizo evidente. Según Kay y Shipman, “si una mujer entra a la oficina de su jefe con opiniones no solicitadas, habla primero en las reuniones o da consejos de negocios por encima de su nivel salarial, corre el riesgo de que eso no guste o incluso, seamos francos, de ser etiquetada como una perra (‘bitch’). No solo se cuestiona su capacidad; se cuestiona su personalidad.” Nos prefieren calladas. Un estudio de Victoria Brescoll, profesora de Yale School of Management, documentó que, para mujeres directoras de empresa, la percepción de competencia, entre hombres y mujeres, aumenta si hablan menos.

Una vez, lista para firmar contrato con un medio, un director me dijo: “te van a ofrecer un millón menos; los demás ganan un millón más”. Los demás eran todos hombres. Luego, en otro espacio, recibí una llamada de un gerente recién posesionado: “usted gana medio millón menos que los demás; necesitamos arreglar esto”. Quizás aquí la diferencia se hubiese dado por razones político-ideológicas. Pero ¿le hubiesen hecho eso a un hombre? Al final, fueron dos hombres los que me ayudaron.

Si ellos no me hubiesen informado, yo no hubiese hecho nada. Un estudio de Linda Babcock, una economista de Carnegie Mellon University, concluyó que los hombres negocian sus salarios cuatro veces más que las mujeres y, para peor, cuando las mujeres lo hacen, piden 30% menos que los hombres. Suena a historia conocida. En Colombia, la brecha salarial entre hombres y mujeres se acerca al 20%.

Como se muestra en la película, aliados, hombre o mujer, uno encuentra en todos lados. Hay que hacer el esfuerzo de buscarlos.

3. “Es complicada”

“Sexy, pero complicada”, así se referían a Carlson en Fox. ¿A cuántas no nos han tratado de “complicadas” solo por reclamar un trato igualitario? Durante una época, me topé con el ‘mansplaining’, esa manera que tienen los hombres de explicarle a uno lo que uno sabe y, a veces, hasta lo que uno acaba de decir, sin saber cómo reaccionar. Mucho de lo que planteaba al aire era ignorado o atacado hasta que un hombre lo repetía y, ahí sí, lo mismo, dicho con la voz grave y autoritaria de un hombre, adquiría valor. “Eres hipersensible”, decían. No lo he vuelto a experimentar en mis intervenciones, ni lo escucho o veo tanto al aire. Pero misoginia en medios sí hay y mucha y se expresa quizás no tanto en el tratamiento hacia las colegas sino en la manera de presentar a la mujer.

El Escándalo deja mucho en qué pensar. Los medios contribuyen a perpetuar los estereotipos de género. ¿Quién los puede cambiar?

*Laura Gil, @lauraggils, internacionalista, directora de La Línea del Medio

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