No sé si los magistrados van a considerar válida la genérica, impersonal e intemporal solicitud de perdón del Carlos Holmes Trujillo, o si la calificarán como un desacato. Pero inquieta el talante del ministro de defensa y del gobierno del cual hace parte.

El perdón alivia tensiones internas; quien lo pide es consciente de que ha hecho algo indebido, sabe que defraudó a otro u otros con su conducta y necesita liberarse de esa carga mediante su reconocimiento, pero también requiere que la confianza en él sea reafirmada mediante su concesión. Por su parte, quien lo otorga necesita que aquel que se ha portado mal reconozca haberse comportado de manera incorrecta, que le confirmen que su dolor no es culpa de él, de la mala suerte o del destino, sino de un inadecuado actuar atribuible a otra persona. Hace algunos días Carmenza López le dijo a Carlos Antonio Lozada y Sandra Ramírez de las desmovilizadas FARC, que les daría un abrazo de perdón cuando le dijeran la verdad sobre el asesinato de su esposo Guillermo Leal, un edil de Sumapaz muerto por integrantes de ese grupo subversivo. Ése es un claro ejemplo de la importancia que para las víctimas tiene el reconocimiento que el ofensor hace de su actuación equivocada: ¿cómo se puede perdonar por lo que hizo a quien no reconoce que lo hizo?

Si bien las responsabilidades penal y disciplinaria son estrictamente individuales, cuando el autor de la conducta reprochable es un integrante de la Policía Nacional, por ejemplo, es importante que el Estado deje constancia expresa de que la desaprueba; cuando así lo hace, no solo envía a la opinión pública el mensaje de que no comparte ese proceder por considerarlo equivocado, sino que le muestra a la ciudadanía el respaldo a la Policía y a quienes dentro de ella actúan correctamente. Solo si deja en claro que ésa no es la forma en que se deben comportar sus integrantes puede conseguir que la ciudadanía reafirme su confianza en ella como institución. Si, por el contrario, se guarda silencio frente a comportamientos que la sociedad reprueba, lo que está comunicando es que se los avala y que la ciudadanía puede esperar en el futuro que ellos sigan ocurriendo. El resultado de esta última actitud es el de que la gente no se limite a censurar a quien individualmente desbordó sus atribuciones, sino que extienda ese reproche a la institución que no se pronuncia en contra de él y al gobierno que no pide perdón porque considera que esa es la forma correcta en que deben proceder quienes hacen parte de la Fuerza Pública.

Es verdad que ese complejo acto de perdón se revela por medio de expresiones externas, algunas veces con palabras y otras a través de gestos como el abrazo, pero, como es algo que ocurre en el ámbito subjetivo de quienes toman parte en él, lo que realmente importa es que las manifestaciones objetivas transmitan esa disposición interna. Por eso, si realmente alguien quiere ser disculpado, debe estar en capacidad de transmitir sus sentimientos a través de su comportamiento exterior.

Después de ver la reacción de Carlos Holmes Trujillo frente a la orden que le impartió la Corte Suprema en el sentido de “presentar disculpas por los excesos de la fuerza pública, en especial, aquellos cometidos por los Escuadrones Móviles Antidisturbios de la Policía Nacional -ESMAD- durante las protestas desarrolladas en el país a partir del 21 de noviembre de 2019”, no sé si los magistrados van a considerar válida su genérica, impersonal e intemporal solicitud de perdón o si la calificarán como un desacato. Pero no deja de inquietar el talante que con ese gesto muestra el ministro de defensa y el gobierno del que hace parte hacia los excesos de algunos miembros de la Fuerza Pública; no es un buen mensaje para las víctimas, ni para la sociedad, ni para la comunidad internacional; tampoco lo es para los miles de integrantes de esas instituciones que cumplen fielmente con sus deberes y aspiran legítimamente a no ser estigmatizados por actuaciones de quienes los infringen.

*Yesid Reyes Alvarado, ex-ministro de justicia.

2 COMENTARIOS

  1. El perdón junto al amor son los Dones que más nos asemejan y unen con Dios!
    Errar es humano y el perdonar es divino!
    Dar o pedir perdón nos refresca el espíritu.

  2. De acuerdo Carlos. Ademas demuestra hidalguía o repudio a la violencia. Su negativa a pedir u ofrecer perdón lo hacen ver que comparte la violencia de sus subordinados. Malo para las instituciones, para el pais y la imagen del ministro por el suelo.

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