El poder de lo local

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Quizás parezca extraño, pero el gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo y la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, gozan de varias cosas en común. Se podrá decir que tienen carreras, cuna y trayectorias diferentes. Sin embargo, durante la crisis, se han destacado y se perfilan como figuras que, sin duda, pasarán a jugar un rol más importante del que actualmente desempeñan. Pero, sobre todo, han logrado palidecer a los presidentes de sus respectivos países.

Andrew Cuomo es nieto de inmigrantes italianos. Nació en Queens (NY) y a pesar de una exitosa carrera como abogado, desde finales de los 80s, ha venido desempeñando diferentes cargos en la administración pública. Cercano a los Clinton, ejerció como Secretario de Vivienda. Fue también fiscal general del Estado de Nueva York y ahora es uno de los personajes más visibles durante la crisis.

Por su parte, Claudia López es la hija de una numerosa familia. Tal y como ella misma lo señala, surgió a pulso. Su carrera ha estado marcada por la valentía de sus denuncias y su sentido social. No sólo hizo parte de la séptima papeleta, sino que con sus investigaciones ayudó a destapar los escándalos de la parapolítica. Abanderó, tanto en el Congreso como por fuera de él, la causa anticorrupción, la cual la llevó a ser elegida como la primera alcaldesa capitalina.

Parecería que Cuomo y López no tuvieran nada en común. Sin embargo, si algo han demostrado ambos en esta crisis es que son empáticos y tienen gran capacidad de liderazgo y coherencia. En pocas semanas, han logrado opacar a los presidentes de Estados Unidos y Colombia, llevando tanto a Trump como a Duque a una fracción ínfima de su valor nominal. Hay muchos que ya los califican como posibles candidatos presidenciales. Como los diamantes, su talante brilla bajo la más insoportable presión.

Un aspecto que llama poderosamente la atención de ambos líderes es que han logrado marcar una pauta desde lo local. En sistemas altamente presidencialistas como el nuestro y el norteamericano, desafiaron la ineptitud de los mandatarios nacionales para operar bajo un único mantra: la protección de la vida e integridad de sus representados. Al retomar las banderas de una democracia que no puede ser entendida únicamente desde arriba, han enviado un mensaje. Nadie mejor que los gobiernos territoriales para entender las necesidades de sus ciudadanos. A diferencia de Trump y de Duque, el gobernador y la alcaldesa no responden a las presiones de sectores interesados únicamente en sus ya menguados dividendos.

Podría también decirse que, tanto Cuomo como López, contrastan con sus respectivos presidentes en la forma como ejercen su liderazgo. Son empáticos, carismáticos, cercanos al pueblo. Son dados a la comunicación amable y sincera. La gente los entiende. La gente les cree. La gente confía en su criterio y la razón por la que lo hace es porque, por encima de cualquier cálculo de rentabilidad, ellos están preocupados por la vida de sus electores. Tal vez logran también transmitir la idea de que no hay economía que se justifique sobre una pila de cadáveres. Según ellos, la mejor inversión para reactivar el crecimiento es tener una población sana.

En Estados Unidos y en Colombia, se cacarean a diario decretos y órdenes ejecutivas, pero la gente sigue despistada, con hambre y preocupada por su futuro. Cuomo y López, a pesar de las pasiones que generan, han contribuido a tranquilizar a sus ciudadanos con decisiones basadas en la evidencia. No le temen a lo impopular y están dispuestos a pagar políticamente el precio de sus actuaciones.

Coinciden también en tener que soportar el peso de ser la contracara en países que, además de la pandemia, atraviesan por una crisis política y social aguda. Estados Unidos enfrenta unas elecciones determinantes donde han quedado expuestas las debilidades de un gobierno al mando de un megalómano irresponsable. En Colombia, no paran los escándalos de corrupción, interceptaciones y las fracturas de la díscola relación entre el presidente y su propio partido.

A Trump y a Duque les han salido dos gallos de pelea que los han dejado en evidencia. Cuomo y López han servido como medio de contraste para poner al descubierto que, a lo mejor, tanto allá como acá, estamos mal representados. Su actitud podrá parecer irreverente y atrevida, a veces incluso agresiva. Muchas de las decisiones que han adoptado, por su parte, son desafiantes y extralimitadas. Sin embargo, y a pesar de ello, nadie está dispuesto a negar que su liderazgo ha sido crucial y sus políticas han servido de faro ante la tibia respuesta de los presidentes en ejercicio. Las semejanzas entre el gobernador y la alcaldesa, tristemente, reflejan también las similitudes entre Trump y Duque.

Ñapa: Cada chuzada a periodistas, sindicalistas y líderes políticos es un balazo a la democracia. Sorprende, pero no tanto, que justo cuando se reelige al uribismo, volvamos a ser víctimas de sus peores prácticas. Caerán esos 11 oficiales, chivos expiatorios de un aparato mucho más complejo. ¿A quién le favorecía la información obtenida ilegalmente?

*Gabriel Cifuentes Ghidini, @gabocifuentes, Doctor en derecho penal, Universitá degli Studi di Roma, MPA, Harvard University, LLM, New York University, Master en Derecho, Universidad de los Andes.

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