El Regiotram será todo menos un “tren de juguete”.

Hace unos días, en desarrollo de un conversatorio sobre la región metropolitana, un concejal de Bogotá se refirió al RegioTram como “un tren de juguete” o “trencito”, cuestionando su capacidad para resolver la problemática de movilidad.

Ahora que se firmó el acta de inicio y con ello se garantiza el comienzo de las obras para que en 2024 tengamos en operación el RegioTram, es pertinente esbozar lo que significa para Cundinamarca y la región.

Dos aspectos hacen del inicio de las obras del Regiotram un hecho trascendental. En primer lugar, será 100% eléctrico; se concreta así una medida urgente desde el punto de vista ambiental en respuesta a la actual crisis climática mundial. Es una necesidad imperiosa que transitemos hacia sistemas de movilidad limpia que sustituyan el nocivo empleo de combustibles fósiles, un logro que solo la ciudad de Medellín y ahora la sabana del occidente cundinamarqués orgullosamente habrán alcanzado.

Vale la pena recordar que tan solo unas cuantas semanas antes del confinamiento a causa de la pandemia del Covid-19, en la ciudad de Bogotá se declaró la alerta naranja ocasionada por la contaminación del aire; dos de los principales emisores del material particulado contaminante son los vehículos de carga y el transporte público.

El segundo aspecto que marca un antes y un después en la movilidad regional del centro del país es que rescata la movilidad férrea intermunicipal, al tiempo que interpela los sistemas de transporte de pasajeros impulsados por combustión sobre vías troncales. Cambiará drásticamente la forma en que nos movilizamos entre Bogotá y los municipios aledaños. Cabe mencionar que uno de los primeros actos de gobierno del actual gobernador de Cundinamarca fue la contratación de los estudios y diseños del RegioTram del norte, que está proyectado hasta el municipio de Zipaquirá y que incluye la opción de transporte de carga. Hacia el sur, con destino al conurbado municipio de Soacha, las opiniones de los expertos están divididas. Algunos proponen replicar el modelo Regiotram y otros recomiendan avanzar hacia un modelo metro, coordinado con el metro de Bogotá.

En cualquier caso, de ahora en adelante, serán los rieles el símbolo del progreso ambiental del siglo XXI en el centro de Colombia y un primer signo se dará cuando la movilidad férrea regional sea priorizada en la agenda pública de la nueva región metropolitana.

Por lo demás, serán muchas las bondades del Regiotram de Occidente: motivará la intermodalidad y el uso de la bicicleta al incorporar biciparqueaderos, el tiquete también servirá para el trasbordo con el sistema Trasmilenio, los tiempos de desplazamiento se disminuirán casi a la mitad y hasta en una tercera parte, los interminables trancones a los que estamos expuestos estudiantes y trabajadores de los municipios de Funza, Mosquera, Madrid y Facatativá serán cosa del pasado y la incertidumbre en el tiempo de llegada desaparecerá, pues las horas de salida y llegada en sistemas férreos son óptimos. Cada tren de 50 metros tendrá capacidad para 442 personas y el sistema transportará inicialmente hasta 130 mil pasajeros día, la estación de destino no será la avenida Américas con 53, donde llegaban usualmente los buses intermunicipales de sabana occidente, sino la Caracas con 22. Complementará, además, el transporte de la localidad de Fontibón. Todo esto sin contar con el aumento de la productividad laboral, los avances en competitividad para una región que hoy aporta más del 30% del PIB nacional y los empleos directos e indirectos que generará durante su construcción y luego en mantenimiento y operación.

Entretanto, las tareas inmediatas, además de las de carácter técnico, serán la provisión de empleos para los habitantes del territorio y acciones de gestión predial o recuperación de los bienes de dominio público, con un abordaje concertado y democrático. De esta manera, queda suficientemente demostrado que el Regiotram es todo menos un “tren de juguete”.

*Diego Hernán Garzón Plazas, politólogo, especialista en análisis de políticas públicas y actualmente es el Director de Gestión e Integración Regional del Departamento de Cundinamarca. @Diegohgarzon

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