En la cresta de la ola

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En la cresta de la ola

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El exministro de minas y energía Amylkar Acosta analiza el boom del precio del petróleo y su impacto en Colombia.

En la cresta de la ola

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La volatilidad de los precios

Una de las peculiaridades del mercado petrolero es la volatilidad de los precios del crudo, determinados no sólo por los fundamentales del mismo (oferta y demanda) – dado que la oferta va a la zaga de la demanda -,  sino por factores exógenos tales como la geopolítica y por la interferencia de la posición dominante que ha recobrado en los últimos años el cartel de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), que reúne a 13 países encabezados por los países árabes, después de su debilitamiento por décadas, gracias a su alianza con otros 10 grandes productores de crudo con Rusia a la cabeza, más conocida como OPEP+.

Huelga decir que Colombia jamás ha formado parte de este bloque, entre otras razones, además de la reticencia de los gobiernos, a su irrelevancia como productor y exportador, que no le ha permitido jugar en las grandes ligas. Su producción alcanzó su máximo histórico del millón de barriles/día en los años 2014 – 2015, para luego estancarse por debajo de los 750.000 barriles/día. En cuanto a exportaciones se refiere, éstas no han superado los 500 mil barriles/día y representan menos del 1% a nivel global. De ello se colige fácilmente que Colombia como país no influye para nada en la cotización del petróleo y se limita a ser un tomador de precios del mismo.

Es de anotar que en el mercado global se transan crudos pesados y livianos, siendo estos últimos más apetecidos y mejor cotizados y cuatro variedades, que se distinguen como WTI (West Texas Intermediate), crudo Dubay, el OPC Reference Basket y el Brent del Mar del Norte. Este último sirve de referencia para los mercados europeos y para Colombia desde octubre de 2011. En su canasta exportadora, predominan los crudos pesados y por ello mismo tienen un descuento, a manera de “castigo”, de US $8.1 por barril, aproximadamente.

Las fluctuaciones en los precios del crudo han sido la constante en la última década, oscilando desde los US $117.48 el barril hasta caer vertiginosamente hasta los US $28.71 en febrero de 2016, para luego cotizarse en terreno negativo de abril de 2020, un mes marcado por la pandemia. Al tocar fondo, se ha venido elevando de manera sostenida el precio, que subió en el 2021 hasta los US $71 el barril, para un incremento del 50% con respecto al 2020, superando en este momento los US $90, con tendencia al alza, algo que no se veía desde septiembre de 2014. Aquí vale la pena resaltar que la OPEP+, después de acordar el 5 de diciembre de 2019 un drástico recorte de su oferta de crudo en 500 mil barriles/día para contener la destorcida de los precios, ha venido abriendo nuevamente los grifos e incrementando su suministro en 400 mil barriles/día desde mediados del año anterior

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LOS BANDAZOS DE LA OPEP Y LA TENSIÓN POLÍTICA

El descalabro de la industria petrolera, atribuible en gran medida a la conjunción de la disputa por los mercados, el desencuentro entre Arabia Saudita y Rusia y la súbita contracción de la demanda de crudo a consecuencia de la recesión económica global en 2020, se tradujo en un decrecimiento del PIB del 4.3%, cerca de 2.5 veces más que durante la gran crisis hipotecaria de 2009. El efecto rebote del crecimiento de la economía, ahora en franca reactivación, ha impulsado nuevamente al alza los precios del petróleo.

La lenta y gradual “normalización” del bombeo de crudo por parte de la OPEP+, insuficiente para equilibrar el mercado, la mayor demanda de crudo por la inclemencia del tiempo en Estados Unidos y en la Unión Europea, así como la caída de los inventarios vienen presionando al alza los precios. En enero, la oferta de crudo por parte de la OPEP+ (28.01 millones de barriles/día) estuvo por debajo del aumento previsto, pese al nivel de precios que está en sus máximos en siete años. Este incumplimiento del acuerdo se atribuye, entre otras razones, al bloqueo del cual ha sido objeto el más importante campo de producción (Sharara) en Libia por parte de las milicias.

También obedece a la baja de la inversión en el sector debido a la incertidumbre generada por el nuevo pico de la pandemia del Covid-19 atribuido a la variante Omicron, que torna cautelosas a las empresas. Ello ha impedido que, como en el pasado, un aumento de precio fuera seguido por las mayores inversiones en la actividad petrolera; era sólo cuestión de tiempo para reversar la tendencia al alza de los precios. De allí que, en concepto de Wellingence Energy Analitics, no obstante que se tiene una previsión de un incremento de la inversión global en 2021 del 17%, ésta no alcanzará todavía el nivel alcanzado en la pre-pandemia. A ello se han venido a añadir las tensiones entre las grandes potencias en torno a Ucrania y la amenaza en ciernes de la invasión rusa a la ahora república independiente desde 1991 cuando se dio la disolución de la antigua URSS.

Como lo acota Rob Haworth, estratega senior de inversiones de US Bank Wealth Management, esta espiral alcista de los precios del crudo se puede considerar como “una historia de suministro”. Añade: “el crudo está volando frente a un dólar estadounidense fuerte y un mercado de valores global débil. Se reduce a sus propios fundamentos más que a cualquier otra cosa. Ello, después que estábamos acostumbrados a la relación inversa entre los altibajos en los precios del crudo y la cotización del dólar.

El Presidente de Estados Unidos Joe Biden tiene sentimientos encontrados, pues por un lado la potencia del norte se beneficia de los altos precios del crudo, ahora que se convirtió en el mayor productor y volvió nuevamente a ser exportador de 3 millones de barriles/día, pero por el otro le teme a que atice una hiperinflación, ahora que el aumento de precios ha escalado hasta el 7.5% en enero, cifra record en 40 años y de contera frene la reactivación económica y la generación de empleo. Su preocupación lo llevó al extremo de plantear la posibilidad de echar mano de las reservas estratégicas con que cuenta Estados Unidos desde 1975, después de la gran crisis energética que se desató en octubre de 1973, las cuales eran del orden de los 714 millones de barriles al corte de agosto de 2021, en un intento por detener la escalada alcista de los precios del crudo.

Por ello, también, ha puesto todo su empeño en alcanzar un acuerdo con Irán tendiente a levantar las sanciones de las cuales ha sido objeto por parte de Estados Unidos y volver al acuerdo nuclear internacional de 2015 propiciado por el Presidente Barack Obama y roto por Donald Trump, lo cual permitiría aumentar la oferta de crudo inyectándole al mercado 3 millones de barriles más, aliviando la presión alcista sobre los precios. De hecho, los primeros escarceos en torno a un eventual avenimiento entre las partes han influido en las expectativas de los mercados de futuro del petróleo.

EL IMPACTO EN COLOMBIA

Ocupémonos del impacto para Colombia de este nuevo boom de los precios del petróleo, ahora que están en la cresta de la ola. En primer lugar, con el aumento de los precios del crudo (52.25% en los últimos12 meses), aumenta el volumen de las reservas probadas (si con precio de US $65 el barril se cuantificaban en 2.006 millones de barriles en 2020, con la cotización actual, por encima de US $90  de US $89.64 alcanzan los 2.777 millones, aproximadamente) y debería aumentar la producción porque campos que estaban inactivos por bajos precios se van incorporando a la producción a la par con el alza de precios.

No obstante, la producción ha venido cayendo, desde 865.000 barriles/día en 2019 a 781.532 en 2020 y 736.356 barriles/día en 2021, la más baja desde 2009, acumulando una caída con respecto al año anterior de un 5.7%. El Ministerio de Minas y Energía, pensando con el deseo, aspira y espera a que, en respuesta a esta coyuntura de precios al alza, el  promedio de producción para este año sea de 800.000 barriles/día.

Ahora bien, en 2021 la proyección de precio del MHCP fue de US $63 el barril y el promedio de la cotización fue de US $71. Ello, junto con la devaluación, de 16% en 2021, le representó a la Nación ingresos adicionales, no previstos, entre $8 y $8.5 billones, lo cual contribuyó a reducir el déficit fiscal, pasando del 7.8% en 2020 a 7.1% en 2021. Se proyecta que, para el 2022, con la previsión de un precio de US $70 el barril, una vez más se reduzca el déficit fiscal hasta alcanzar la meta del 6.2%. Es de advertir que los ingresos de la Nación por concepto de la renta petrolera (impuesto a la renta + dividendos) representan entre el 12% y el 15% de sus ingresos corrientes. Finalmente, digamos que por cada 10.000 barriles/día adicionales que se exporten tendríamos $301.000 millones de mayores ingresos. Por cada dólar que sube el precio del crudo, si lo proyectamos al año completo, le significan mayores ingresos del orden de los $424.000 millones. Cada US $10 de aumento del precio le da un impulso al crecimiento del PIB de 0.4 punto porcentual.

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*Amylkar Acosta, ex Ministro de Minas y Energía, ex Director de la Federación Nacional de Departamentos, Miembro de Número de la Asociación Colombiana de Ciencias Económicas, @amylkaracosta

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