En monumento equivocado: La Pola llena de consignas

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Sacado de @MuseodeBogota

El monumento reconoció la figura femenina de “La Pola” en medio de una estatuaria dominada por figuras masculinas.

El 8 de marzo, la estatua de Policarpa Salavarrieta, en Las Aguas, estaba vestida con una larga bufanda morada que caía hasta sus pies. Un detalle sencillo y poderoso que contrastaba con los mensajes escritos que desde hace meses se pueden leer en su pedestal: “El miedo cambió de bando”, “Primero muertas que oprimidas”, “Dejar salir la furia de las mujeres”.

Sacado de @MuseodeBogota

Aunque estas consignas pueden interpretarse como la intención de aprovechar la imagen de una mártir para protestar contra el machismo, queda la sensación de que no se está haciendo justicia con la razón de ser del monumento en este punto de la ciudad. Significa una contradicción que supone el desconocimiento de la iniciativa popular de principios del siglo XX que, al contrario, buscó reconocer la figura femenina de “La Pola” en medio de una estatuaria dominada por figuras masculinas.

Para celebrar los cien años del Grito de Independencia (1910), se erigieron varios monumentos en la ciudad por encargo de la Junta del Centenario para recordar a próceres y personajes fundamentales en la construcción de la nación. Todos hombres: Simón Bolívar, Antonio Ricaurte, Camilo Torres, Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño, entre otros. En cambio, mujeres como Manuelita Sáenz, Las Juanas o Manuela Cumbal estuvieron al margen de la celebración. 

Las estatuas que conformaban los monumentos fueron encargadas a artistas europeos y se ubicaron en barrios de Bogotá que estuvieran aislados de zonas marginales. El machismo y el elitismo en la historia oficial colombiana estaban dejando una prueba en el espacio público. 

Pero surgió un acto revolucionario en una época en la que no se hablaba con tanta fuerza, como hoy, de asuntos de género: habitantes del barrio obrero de Las Aguas, liderados por el cura Darío Galindo, ubicaron en la actual calle 18ª con carrera 2 una escultura en homenaje a Policarpa Salavarrieta. Dionisio Cortés, artista colombiano y residente del barrio, creó la estatua en cemento, a partir de un modelo que presentó en la Escuela de Bellas Artes en 1899.

Contra todo pronóstico y con recursos propios, lograron erigir el monumento en su barrio, el único que recordaba a una mujer importante en el proceso Independentista del país. Así se refirieron al hecho Lorenzo Marroquín y Emiliano Isaza en el libro Primer Centenario de la Independencia de Colombia: 1810-1910: “El más pobre barrio de Bogotá le ha dado con esta fiesta un provechoso ejemplo a la nación entera”.

Aunque hoy la estatua de “La Pola” es un referente geográfico y el concepto de monumento está en entredicho por los conflictos que genera, no hay que perder un sentido de justicia y hasta cierta coherencia narrativa. Pararse hoy frente a la estatua deja una inquietud: ¿será el monumento adecuado para escribir esas consignas como las que están ahí actualmente? También despierta una idea ambigua de si se rayó el pedestal por desconocimiento o como una petición urgente de reivindicación que, por cierto, también deja inquietudes: si el miedo cambió de bando, ¿la revolución significa cambiar de victimario? ¿Se trata de un ciclo de violencias de nunca acabar?  ¿Cuándo buscaremos superar los miedos y radicalismos?

*Felipe Lozano, comunicador social de la Pontificia Universidad Javeriana con posgrado de la FLACSO (Argentina). Salió de Bogotá, renegando de ella, y regresó con el rabo entre las piernas. Camina como terapia para purgar sus culpas y así descubre las maravillosas contradicciones del país que se sintetizan en su capital. Ha estado vinculado a entidades como el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, Museo de Bogotá, Museo Nacional de Colombia y la Casa Museo Alfonso López Pumarejo, de la cual fue director. No discute en redes sociales porque es mejor de forma presencial.

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