Érase una vez el amor, pero tuve que resucitarlo

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“En mi opinión, amar a una persona quizá sea más fácil que entenderla, pero mucho más peligroso porque el amor siempre duele” Érase una vez el amor y tuve que matarlo, Efraím Medina. 2004

Tradicionalmente, para nosotros los colombianos, este mes de septiembre simboliza “amor y amistad”, pero más allá del marketing que genera el tema, se encuentra una lastimosa verdad cargada de mitos e imaginarios con matices novelescos que distan mucho de lo que es realmente este sentimiento.

Con la melancolía de estos días entre un calor sofocante y lluvias intermitentes, se me ha dado por releer libros que daba por perdidos y que como por arte de magia aparecen queriendo hablar por si solos, haciéndose vigentes una vez más en mi mesita de noche. Una de estas obras, es la de Efraím Medina, Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo, la cual confieso que cuando la leí por primera vez, tuve que dejarla varias veces sobre mi cama, oculta por debajo de las sabanas, tratando de detener quizás, el impacto tan grande que causó en mí, este relato de amor tan complejo, tan humano, tan imperfecto, pero a la vez tan necesario. En esta novela, del escritor cartagenero se puede encontrar el amor coexistiendo con otros elementos truculentos, tales como drogas, amistades y violencia, girando todo alrededor de la vida de Rep, un chico de Ciudad Inmóvil quien además está perdidamente enamorado. Pero no hay nada de romanticismo en esta novela, más bien para muchos resultaría hasta escatológica, pero a mí me gustó desde mi primer encuentro con ella y considero tremendamente actual lo que allí se desarrolla.

Y es que precisamente en estos años cuando las dinámicas del amor han cambiado, centrándose más que nunca en lo visceral y pasional, desplazando, lo axiológico y racional, que, en honor a la verdad, según los psicólogos, resulta la esencia del rey de los sentimientos: “su majestad el amor. Está claro que la idea no es anular nuestras emociones a tal punto de convertirnos en seres poco empáticos, pero por así decirlo: “hay que meterle razón más que corazón al amor”

El amor real, dista mucho del ideal romántico, tan común en el siglo pasado; ya que este no se encuentra en el sentimiento, más bien en la decisión consiente, madura, sincera y respetuosa de “querer” compartir instantes, lugares, vivencias con la firme convicción de que lo que se cuenta en con un día a la vez; y así poco a poco construir esa torre que para muchos se llamaría amor. Con esto no quiero significar que lo que conocemos como amor, se ha muerto, pero si hay que resucitar su esencia humana desprovista de dolor, mezquindad y egoísmo, todo lo anterior se logra con inteligencia emocional sepultando las leyendas entorno a este sentimiento.

*Doris Ortega. Abogada egresada de la Universidad de Cartagena, Magíster en Derecho de familia y derecho penal de la Universidad de Barcelona, Docente Investigadora. @DorisOrtegaGal

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