Estragos ideológicos

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¿Es fácil ser de extrema izquierda e identificarse con los “oprimidos del mundo” y dar el volantín a la extrema derecha y hacerse magnate de la forma más sucia del capitalismo salvaje, como lo es el violento narcotráfico?

En el fondo, la ideología tiene un poder de persuasión indiscutible. El discurso ideológico amenaza anestesiar nuestra mente, confundir la curiosidad y distorsionar la percepción de los hechos, de las cosas, de los acontecimientos” 

                              Paulo Freire. Educador Brasileño. (1921-1997).

Ideología es un concepto veleidoso (versátil), de muchas acepciones e interpretaciones, que sirve para bien o para mal. Algunos lo toman como una forma de velar la realidad o crear una falsa conciencia sobre la misma; otros, como una óptica para interpretarla o lograr propósitos. Es muy frecuente su uso en política para designar el ideario de un partido o de una posición política. Es difícil ponerse de acuerdo en un sentido unívoco del término. Podríamos decir que sirve para designar a un conjunto de ideas a partir de unos principios. Su efecto distorsionador, cuando se absolutiza, es por lo menos de cuidado y de bastante temor, especialmente, cuando ocurre aquello que Maquiavelo, dijo o se le atribuye que el “fin justifica los medios”, traduciéndolo aquí como la “ideología justifica todo”. (Hay que aclarar que Maquiavelo señala esto o lo implica como analista del logro o del mantenimiento del poder, no como una máxima ética).

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El Diccionario de la Real Academia Española – DRAE – define la ideología como conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político. Digamos que el DRAE propone la “buena acepción” del término. También se le ha asignado al término el significado de labor de “adoctrinamiento” o “ideologización” en el sentido de inculcación acrítica de determinados principios que se presentan como incuestionables y fuera de los cuales no hay salvación posible.

De alguna manera, ideología se ha contrapuesto a pensamiento crítico, en la medida que la ideología provee una “zona de confort” del pensamiento para mirar la realidad que se opone a cuestionarla. Slavoj Zizek, el filósofo esloveno de pensamiento marxista-lacaniano, “asume el tema de la ideología como un proceso de producción de prácticas y sentido cuya función es la producción y legitimación de relaciones de poder. El análisis ideológico remite siempre a lo extra-discursivo, a prácticas que son mediatizadas por el lenguaje, sin por ello agotarse en éste” (García y Aguilar. Poliéticas. UNAM. México). Ello nos remite a la concepción de la ideología como revestimiento de la realidad, pero al mismo tiempo productora de realidad.

Mi propósito, con esta larga introducción para un escrito corto, es un intento muy hipotético de respuesta frente a un hecho reciente de nuestro acontecer nacional, la captura del jefe del “clan del Golfo”, Otoniel Úsuga (Dairo Antonio Úsuga David), gran capo del narcotráfico colombiano, según las autoridades nacionales. Tomo nota de la información alrededor de este personaje en cuanto fue militante del Ejército Popular de Liberación – EPL –  (1967-1991), la guerrilla marxista- leninista línea maoísta, que combatió especialmente en el norte de Antioquia, Córdoba, Bolívar, Sucre y el Catatumbo (N. de Santander) y que derrotada se desmovilizó, por lo visto, parcialmente. La pregunta es por ese tránsito de pertenencia a una guerrilla de carácter marxista a la orilla del narcotráfico y el paramilitarismo. ¿Es fácil ser de extrema izquierda e identificarse con los “oprimidos del mundo” y dar el volantín a la extrema derecha y hacerse magnate de la forma más sucia del capitalismo salvaje, como lo es el violento narcotráfico? Lo único que sabemos es que sí se puede. Interesante sería preguntarle al nefasto personaje sobre esa maniobra. ¿Cómo es ese tránsito? Pero eso será tarea, si a alguno se le ocurre, de fiscales o periodistas inquietos.

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Me atrevería a hacer alguna hipótesis a partir de dos elementos: la ideología y el hilo conductor de la violencia en su máxima expresión. El reclutamiento de combatientes en las fuerzas guerrilleras, en la teoría, obedecería a identificaciones supuestamente ideológicas con los postulados de esos grupos – por ejemplo, establecer un Estado socialista -. La pertenencia de Otoniel al grupo se supondría implicaba “un fuerte adoctrinamiento” que se colocaría en entredicho. La hipótesis del reclutamiento forzado cobra fuerza en donde la dominación violenta – la amenaza del fusilamiento si se intenta desertar – tendría más sentido y la línea de la violencia interna y externa es el vínculo de fuerza más probable. En otras palabras, lo que termina dominando en unos individuos es una ideología de la violencia en cuanto el empleo de las armas da poder territorial y es ese espacio el que requiere la producción de estupefacientes y el tráfico de tales. Desde luego, ahí se instala o continúa instalando el narcotráfico.

No todos los que participaron en esa experiencia guerrillera, algunos idealistas los podríamos llamar, continuaron ese camino de la violencia, como se narra en la biografía novelada de Sergio Cabrera, el gran cineasta, en un libro reciente de Juan Gabriel Vásquez (Volver la vista atrás).

Quienes insisten en el camino de la violencia y no se desmovilizaron en los distintos procesos que se dieron, llamados disidentes y grupos armados organizados, tienen una convicción ideológica que les impide ver de otra manera la realidad y su intervención en ella, o tienen inconfesables propósitos de bandas armadas que, perdiendo algún norte ideológico o político, ejercen la violencia al servicio de oscuros intereses.

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*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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1 COMENTARIO

  1. Como aporte al tema de la ideología hay que recordar a Mannheim para quien un estudio y una postura consecuente con la ideología implica ver la de otros … y la de uno mismo.

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