Estrategias para blindar la corrupcion

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Estrategias para blindar la corrupción

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Un campesino que en su alacena
Guardaba un queso de nochebuena,
Por los contornos de su refresco.
Y pronto, pronto, como hombre listo
Que nadie pesca de desprovisto,
Trájose al gato, para que en vela
Le hiciese al pillo la centinela.
E hízola el gato con tal suceso,
Que ambos marcharon: —ratón y queso.”
Gobierno dignos y timoratos,donde haya queso no mandéis gatos.

Rafael POMBO. (1833-1912. Escritor y poeta colombiano).

Sí, no leyeron mal, el título dice o habla sobre “blindar la corrupción”, lo que puede ser paradójico como si se propiciara o encubriera un delito, pero es precisamente para lo contrario: para examinar cómo obra, cómo se encubre o blinda y se pone traje de camuflaje, para desde luego poder combatirla con eficacia.

(Lea también: Poniendo tema)

En una reciente encuesta de esas que están abundando en época electoral, realizada por Politics180 y por encargo de “Mi causa es Colombia”, de los cuales no tengo referencia, realizada en enero 15 de 2022, en 13 capitales del país, se preguntó a los entrevistados cuál era el principal problema del país. El 52% respondió corrupción y el segundo fue desempleo con el 19%. Éstas fueran las respuestas principales, pero, evidentemente, la percepción de corrupción es ampliamente mayoritaria. Entonces, al ser un asunto de alta percepción ciudadana y sensible en estas épocas de decisiones políticas en torno a elección de miembros de corporaciones públicas nacionales y de Presidente de la República, se impone como tema prioritario de atención, análisis y compromiso.

Una de las formas en que la corrupción se blinda y se expresa es en la afirmación de que “uno gobierna es con sus amigos”. Esta frase encierra muchas cosas. En principio, suena lógico que, si un grupo obtiene el poder pues gobierne con los de ese grupo. Pero esa lógica tiene dos consecuencias: una, la lealtad que se buscaría en el “gobernar con los amigos” está implícita más bien compinchería, por no decir complicidad, que además supone una cierta concepción del poder como botín que se reparte entre los vencedores. Dos, el pago de favores electorales implica que no se pueda gobernar con los mejores y los más capaces sino con la corte que se forma en una campaña, que representa muchas veces la mediocridad y la adulación. Ésta es en buena parte la triste tradición de los equipos de Gobierno. Así, ¿cómo puede esperarse buen gobierno o resultados positivos, con la excesiva burocracia, que ha tomado el camino de las abultadas nóminas paralelas a través de la contratación de servicios?

Lo primero que piensa un parlamentario – o, al menos, la mayoría – al día siguiente de ser elegido es como reelegirse. Si es un político tradicional de los que repiten y repite curul o está subido al tren de maquinarias electorales, ése es su horizonte.  Para ello, necesita dos cosas: cuotas burocráticas y contratos. Cuotas burocráticas para pagar favores electorales y colocar amigos en posiciones gubernamentales y obtener contratos para contratistas amigos suyos o dispuestos a dar tajadas del valor del contrato para su padrino político. En la medida en que el modelo neoliberal de Estado redujo las funciones de éste en términos de obras y servicios a los ciudadanos, la contratación es la máquina de dinero del poder. Contratos van y vienen, con sus respectivos padrinos. Así es difícil evitar elefantes blancos u obras inconclusas o deficiencias en servicios y malversación de dineros públicos o detrimentos patrimoniales. Con esto no quiero generalizar y señalar que todos los parlamentarios son así. Hay muy buenos, los hay regulares y los hay como el “retrato hablado” que hicimos aquí… como el país….

El Congreso es absolutamente necesario y es la garantía de la democracia siempre y cuando actúe como representación de la Nación y trabaje por los que la componen como sociedad civil. Hay que elegir un buen Congreso. Los ciudadanos tienen el arma más eficaz contra la corrupción en sus manos: el voto. No votar a los corruptos, ni a los que los amparan o cubren o a quienes le son indiferentes.

(Texto relacionado: Falsos profetas)

Recientemente se aprobó una nueva ley anticorrupción (ley 2195 del 18 de enero del 2022) de 69 artículos; seguramente tendrá algunos efectos positivos en la lucha contra la corrupción, pero el asunto es que más normas no han detenido la corrupción y casi que puede decirse que, entre más normas contrarias, más corrupción.

El asunto es político y debe ser desde las medidas políticas que se combate eficazmente la corrupción. En la norma anotada no hay ninguna medida política para combatirla. Esto no se logrará mientras no haya responsabilidad política y un ethos político que propicie y sancione el mal comportamiento político y no me refiero al empleo de instrumentos contra los que no están en el poder o de la manipulación de los organismos de control para tal propósito. En la precitada ley se mencionan siete organismos de control (exceso de ellos) y hemos visto su utilización con fines políticos perversos en algunos casos.

La corrupción es el cáncer de la democracia que la conduce al autoritarismo, que es la corrupción total. Espero que éste no sea el camino del desespero ciudadano, que tratan de capitalizar los disfrazados de anti-políticos que, con la verborrea de la vindicación, el insulto y la agresión verbal (y hasta física), ganan adeptos fáciles en la inconsciencia y exasperación ciudadana.

Cuando decimos que la corrupción debe combatirse desde la política, estamos diciendo que la mayor responsabilidad es de los partidos políticos. Mientras ellos sean una asociación de grandes electores, sin estructura orgánica, norte programático, compromisos éticos, la corrupción será el alimento de la politiquería tradicional, su modus vivendi. Se requiere un gran acuerdo de todos los partidos democráticos para establecer un código común ético que involucre y comprometa a todos los que ejercitan la representación política o asuman cargos de gobierno ya sean nacionales, regionales o locales.

La lucha anti-corrupción, como bien lo señala el último informe de la ONG Transparencia Internacional (TI), lleva un estancamiento de 10 años en Colombia y retrocesos en América Latina, y no sólo “ha socavado la democracia y los derechos humanos”, sino que “ha incidido en los índices de pobreza y desigualdad y ha afectado la lucha contra la pandemia”.

(Le puede interesar: Manual para perdedores (II))

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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3 COMENTARIOS

  1. Mientras las personas que son elegidas por medio del voto no entiendan que son servidores públicos, que no son elegidos para su beneficio personal exclusivamente, que no deben utilizar su posición para el pago de favores burocráticos, cualquier esfuerzo por combatir la corrupción será una utopía

  2. Muy interesante la corrupción debe combatirse desde la política, estamos diciendo que la mayor responsabilidad es de los partidos políticos, ese gran acuerdo nacional podría iniciar desde las cualisiones, por supuesto el camino no es fácil

  3. Debería de hacerse desde los partidos, pero sin duda no es un camino fácil, algunos partidos funcionan fundamentalmente como empresas basadas en la corrupción y podría decirse que todos los partidos caen en ella en diversos grados. Tal vez otra opción sea el movimiento ciudadano.

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