Exclamaba sollozante

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Sacado de ANDINA

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En 1908, el poeta Filippo Tomasso Marinetti escribió el Manifiesto Futurista. Fue el precursor del movimiento que ayudó a cimentar el fascismo en Italia. En el mes de mayo del 2021, el poeta pasó una tarde en Bogotá.

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Exclamaba sollozante, mientras apretaba cada vez con más fuerza el volante. Es hora de recuperar el tiempo perdido, pues el tiempo es oro y no hay más tiempo que perder. Su boca gesticulaba, incesantemente, la palabra tiempo, produciendo unos leves tañidos que eran opacados por los ruidos del tránsito, las protestas y el sonido de la radio de volumen bajo que ambientaba el trayecto. Unos ligeros chasquidos entre sus dientes eran la inconsciente banda sonora que le daban el tempo a sus murmullos. La puesta en escena estaba diseñada; sólo faltaba el texto dramático que daría el cuerpo para dar inicio a esta representación teatral. Filippo lo escribiría de su puño y letra. Este hombre recalcitrante se sumía en la velocidad de su vehículo que avivaba su omnipresencia para ser testigo de la caída vertiginosa del tiempo y del espacio que se verían abrumados, de nuevo, con su apariencia. 

Él, sentado y observador, contemplaba las serpientes humeantes de los gases que lo acompañaban bajo la luz roja del semáforo, mientras se estiraba en el minúsculo espacio de su carro, como quién quisiera pararse en un pedestal para admirar con vuelo de pájaro su alrededor, emanando sudor que evocaba la energía y la fuerza de su eterna juventud.

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Así, desde su promontorio, invocó a Marinetti para cantarle la tabla a las muchedumbres vestidas de hollín y con banderas que corrían desenfrenadas con el afán constante del día a día de la protesta. Promulgaría entonces el manifiesto de su desconocido maestro diciendo: gloria a la guerra como saneamiento del mundo; el tiempo es un bien precioso y no se puede detener; apoyemos al militarismo; no se debe ser crítico en tiempos de crisis pues de ésta se vivirá; seamos incondicionales ante los caminos que nos conducen al patriotismo, sobre todo si éstos ya fueron labrados por hombres de bien; no seamos moralistas ¿quiénes son ellos para decirnos qué hacer? Combatamos el feminismo, ya que no es más que una cobarde creación de las sociedades oportunistas y utilitarias.

Dicho esto, sonrió; su arsenal moral estaba preparado para enfrentar el porvenir. Abrazó sus pensamientos mientras se regocijaba con sus ideas flameantes. Para Filippo, el futuro es velocidad, maquinaria y movimiento que permiten perpetuas obras reflejo de su imagen. Volteó hacia su izquierda y con su pícara sonrisa revolcó sus emociones sobre aquella vieja penitenciaría que hoy hace de museo. Desde lo más profundo de su ser, expulsó agravios hacia este viejo edificio porque es parte del pasado y sólo ha sido admirado por tristes melancólicos sin éxito y con un futuro desalentador. Apremiaba la combustión ensordecedora del futuro que lo nutría para existir. De esto concluyó: si de la velocidad con la que consumimos se debe nuestra grandeza, el tiempo y la juventud no pueden ser esquivos y debemos domesticarlos con urgencia. Se gana o se pierde; no hay ni habrá otra opción. Así, en su camino a la oficina, Marinetti embalsamaba las heridas que le causaron sus añoranzas fascistas sobre el mundo prometedor que en 1908 se imaginó. 

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*Alejandro Serrano Sierra, joven bogotano con 29 años, de papá opita y mamá bumanguesa. Arquitecto javeriano con maestría en construcción de ciudad del Politécnico de Turín, Italia. Actualmente, profesor universitario, arquitecto teórico y práctico dedicado al hábitat popular de su ciudad. 

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