Se formalizó ayer en Caracas lo que los venezolanos sabíamos. Somos una colonia cubana.

Anoche, el señor Maduro anunció que, de manera inmediata, el embajador cubano participará en el consejo de ministros venezolano. En el fondo cumple él por esa vía el sueño de Chávez de convertirnos a ambos en una sola cosa, lo cual en la práctica ha hecho.

Quizás mis lectores fuera de Venezuela no lo sepan y es bueno afirmarlo o en el peor de los casos recordarlo: el sistema de identificación venezolano es de origen cubano. Los puertos y los aeropuertos lo controlan los cubanos. Igual hacen con los registros y notarías. Todas las compras que hace el Estado, en una triangulación que favorece a las arcas de la isla, pasan por La Habana. Venezuela le ha dado más que oxígeno a los cubanos gracias al chavismo.

En mi país, las decisiones de política internacional no se adoptan en la tierra de Bolívar. Para vergüenza nuestra, las cosas venezolanas se deciden en La Habana. Lo hace desde el Comité Central un anciano octogenario que no tan tras bastidores resuelve lo que allá y en su colonia se debe hacer.

Conforme al artículo 328 de la Constitución de Venezuela, la fuerza armada es el policía de la misma. Cuando todos los poderes públicos se desmadran, corresponde a ella poner orden y un país, donde ocurre institucionalmente lo que pasa en Venezuela, así está.

Quizás las múltiples actividades económicas en las cuales la han involucrado, le impida a sus integrantes observar que, en el sitio desde donde en la práctica quienes usurpan el poder afirman lo ejercen, un extranjero se sentará para transmitir in situ, lo decidido en La Habana.

Gran dificultad tendrán los padres de los niños venezolanos para explicarle a sus hijos como es posible que un país que liberó a cuatro naciones y fundó una, que fue independiente desde 1821, que en democracia demostró que se podía coincidir y diferir de las potencias, hoy esté arrodillada ante una nación más pequeña en tamaño y población.

En lo personal me siento avergonzado, pero mas aún deberían estarlo los padres, esposas e hijos de quienes, obligados como están a defender la soberanía del país, lo único que hacen ante sus ojos es claudicar.

*Gonzalo Oliveros Navarro, magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, presidente de AsoVenezuela, @barraplural

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