Gandhi, Nicaragua y Venezuela

0
331

En 1982, el director inglés Sir Richard Attemborough presentó al mundo la película Gandhi con la que ganó el Oscar respecto a la vida del personaje en cuestión. Hay una escena en ella para mi paradigmática que refleja, a mi juicio, una especial manera de actuar. 

(Lea también: Justicia politizada y democracia)

Los seguidores del Mahatma, aún a sabiendas que serían  apaleados por los militares ingleses y sus ayudantes locales, se organizaron en columnas y filas y se presentaron frente a aquellos, quienes en efecto lo hicieron grandemente. Los caídos, asistidos por mujeres, se levantaban y se colocaban al final de la formación para que más adelante, luego de que cayeren quienes les antecedían, repitieran con ellos la lección. 

Nicaragua estuvo sometida durante cuarenta y dos años por la dictadura de los Somoza – padre e hijo -. Ella fue derrotada militarmente en 1979 por el Comandante Daniel Ortega y quienes le acompañaron. Luego, cuando organizaron el retorno a la democracia, Ortega compitiendo con la señora Chamorro perdió la elección pero se negó a entregar, lo que fue conjurado por la dirigencia democrática de nuestro continente – Carlos Andrés Pérez entre ellos – poniendo el derrotado como condición para entregar que su hermano continuare ocupando la cartera de defensa, con lo cual se transigió.  Años después, ese comandante regresó electoralmente a ocupar el palacio presidencial y desde allí ha desarrollado toda suerte de prácticas revestidas de “legalidad” a fin de mantenerse en el poder. 

Este próximo noviembre, Nicaragua celebrará elecciones presidenciales y, en cumplimiento de las políticas implementadas con el objetivo señalado, los tribunales y la fiscalía al servicio del comandante y su esposa, no solo han ordenado la detención ya de cuatro precandidatos presidenciales que habrían de enfrentar al presidente aspirante a la reelección, sino que adicionalmente,  despliegan desde las más altas instancias gubernamentales prácticas contrarias a una competencia leal, no planteándose en ningún momento entre las fuerzas opositoras al accionar presidencial el abstenerse de participar en los comicios a pesar de las circunstancias. Así, si esos candidatos quedan impedidos, otros de similar opinión surgirán pues, por lo visto hay personas dispuestas a retarles como demostración de que existe la voluntad de cambiar ese estado de cosas sólo por la vía democrática.

(Texto relacionado: El caso Petro: la experiencia ajena)

Las acciones desplegadas por el señor Ortega han calcado el actuar venezolano, con la diferencia que nuestra dirigencia prefirió abstenerse de participar durante un tiempo y en la actualidad se encuentra evaluando si lo hará para próximos comicios. Quizás el error de nuestro liderazgo  ha sido considerar que solo cuatro, cinco, seis o diez personas son las únicas capaces de enfrentar atropellos contra la democracia.

Lo ocurrido ayer y hoy en Nicaragua es de resaltar. 

Antaño, los presidentes democráticos de la época en nuestra región se movilizaron activa y efectivamente para que la democracia naciente en ese país fuere respetada, aún con condiciones; hoy respecto de nuestro país la inefectividad está a la vista y por lo que se refiere a Nicaragua el silencio es ensordecedor.  

Otras lecciones para nosotros son, por una parte, que si el liderazgo opositor nicaragüense es capaz de sustituir a quienes el gobierno impedirá competir, en nuestra tierra deberíamos evaluar hacer lo propio, en tanto abstenerse, solo por razones éticas, ante gobiernos como los que observamos, ningún resultado lamentablemente produce. 

(Le puede interesar: Discrepancia conceptual en la tierra de Bolívar)

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here