Como si hubiera presentido la inminencia de su partida, Guillermo Perry Rubio publicó el pasado 14 de agosto, hace menos de dos meses, su obra cumbre, Decidí contarlo, en el cual compendia y examina, con la sapiencia y ponderación que lo caracterizaban, los avances y las transformaciones que ha experimentado Colombia en los últimos 50 procelosos años. Él, que como en el teatro pirandélico fue actor y a la vez espectador de esta historia, fue ante todo un servidor público integérrimo. Se inició como subdirector del Departamento Nacional de Planeación entre 1969 y 1970, luego se desempeñó como Director Nacional de Impuestos y así fue escalando posiciones hasta ocupar dos carteras ministeriales, la de Minas y Energía y la de Hacienda y Crédito público, las cuales desempeñó con lujo de competencia. Como constituyente le puso su impronta al capítulo de la economía y las finanzas públicas de la Carta de 1991.

A su paso por el Ministerio de Minas y Energía, con una gran visión de futuro, como adelantado de su época que fue, planteó, diseñó y puso en marcha su programa del Gas para el Cambio, con miras a masificar su uso en Colombia. A él se le debe que hoy más de 9 millones de hogares estén conectados a las redes del gas domiciliario y que más de medio millón de vehículos tengan en el gas natural comprimido (GNC), una mejor alternativa.

La Guajira tiene una deuda perenne con Guillermo, pues siendo Ministro expidió la Resolución No. 0057 de enero 20 de 1987, cuando a la sazón me desempeñaba como Secretario de Planeación de La Guajira, en respuesta a nuestro reclamo, reconociéndole el derecho que le asistía a recibir regalías por la explotación del gas natural en el campo de Chuchupa, que se le venían escamoteando con el socorrido argumento de que el mismo quedaba costa afuera y, por ende, no estaba en su jurisdicción. Y fue más allá, al reconocerle lo que había dejado de percibir desde 1976, cuando empezó a explotarse, hasta 1987, cuando se firmó por parte de él y el entonces gobernador de La Guajira Luis Felipe Ovalle el Acuerdo de Villanueva el 9 de abril del mismo año.

En su calidad de Ministro de Hacienda, cuando se avizoraba el boom petrolero con el reciente hallazgo de Cusiana (1991), tuvo la perspicacia de presentar al Congreso de la República su iniciativa, convertida en la Ley 209 de 1995, creando el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP), con miras a vacunar la economía colombiana y evitar así que contrajera la enfermedad holandesa, al tiempo que se ahorraba en la época de las vacas gordas para afrontar la de las vacas flacas, ya fuera por la caída de los precios del crudo o por la declinación del yacimiento. Como se recordará el FAEP tuvo un triste final, porque terminaron feriándose lo ahorrado, en medio del auge de la producción, en la cresta de la ola de la coyuntura de altos precios del crudo (US $146.50 por barril, en julio de 2008).

Con la muerte súbita de Guillermo, el experto, el doctorado en economía del Massachusetts Institute of technology, se nos fueron sus luces, las de un brillante profesional, las de un lúcido pensador, las del investigador infatigable, que legó a Colombia dos centros de pensamiento, Fedesarrollo y el Cede de la Universidad de Los Andes, de los cuales fue cofundador y director.

Brilló con luz propia en su paso por el Banco Mundial, como economista Jefe para Latinoamérica y el Caribe, así como en la cátedra, que ejerció con la dedicación y el rigor que le eran propios hasta el final de sus días, alternándola con sus acostumbradas columnas de prensa, a través de las cuales orientaba e ilustraba a la opinión, así la de los legos como la de los expertos. Guillermo nos va a hacer mucha falta, sobre todo al sector minero – energético, en donde era tan apreciado como admirado; fue y seguirá siendo un obligado referente.

Yo, personalmente, tengo un agradecimiento imperecedero con Guillermo, pues gracias a él pasé de la Coordinación del CORPES de la región Caribe a la Presidencia de la Compañía Colombiana de Gas (COLGAS) primero y al Viceministerio de Minas y Energía después, recibiendo el apoyo y el impulso inicial de parte de él, gracias a los cuales me pude proyectar a nivel nacional, siempre siguiendo su ejemplo. De él aprendí la importancia de conjugar la economía con la energía y que la economía es energía, lo que hoy es mi convicción y predilección, así en la docencia como en la investigación. Gracias, Guillermo, ¡mil gracias!

Amylkar Acosta, ex Ministro de Minas y Energía

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