Hablemos de los habitantes de la calle

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Contrario a lo que muchos prejuzgan, quienes viven en la calle no lo hacen por gusto o porque no quieren trabajar; no son todos ladrones, campaneros o expendedores de drogas. Son personas. Son ciudadanos. Son los olvidados del debate presidencial.

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En 2021, el DANE censó 6.248 personas que desarrollan todas las dimensiones de su vida en el espacio público y que, por tanto, se consideran habitantes de la calle, 1.205 más que en 2020. Mientras la pobreza monetaria extrema se redujo entre 2020 y 2021, según el mismo DANE, los habitantes de calle se incrementaron en el mismo período de tiempo.

La mayoría son hombres. Por cada mujer en la calle, hay un poco más de siete hombres, aunque las mujeres que están en la calle son en promedio más jóvenes que los hombres. Once de cada 100 mujeres habitantes de la calle tienen 21 años o menos; en los hombres, solo seis de cada 100. Algunas de ellas viven en la calle desde hace 10 o 15 años.

La prevalencia de la discapacidad es tres veces mayor entre este grupo poblacional en comparación con el agregado nacional. Casi 16 de cada 100 habitantes de la calle no pueden o tienen una dificultad severa para realizar sus actividades diarias; en el país, solo cinco de cada 100 tienen alguna discapacidad. De los 16 habitantes de la calle, casi tres reportan una discapacidad en dos o tres actividades diarias simultáneamente. Las más frecuentes son ver de lejos o de cerca y mover el cuerpo.

Las principales causas de problemas de salud en esta población no son ni las lesiones de terceros ni las intoxicaciones o envenenamientos accidentales: son las molestias dentales (cinco de cada 100), los problemas respiratorios (tres de cada 100) y el dolor abdominal o la diarrea (también tres de cada 100). La mayoría de quienes fueron diagnosticados con hipertensión, diabetes, cáncer, tuberculosis o VIH afirmaron que sí habían recibido algún tratamiento.

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Cuando les preguntan por qué siguen viviendo en la calle, la mayoría responde que lo hacen por el consumo de sustancias psicoactivas, en su mayoría basuco y marihuana. Los porcentajes no difieren significativamente entre sexos – aunque entre las mujeres es ligeramente inferior – ni por nivel educativo – aunque entre quienes tienen al menos educación tecnológica o técnica profesional es más alto -. No obstante, sí hay una diferencia significativa por edades: la prevalencia del motivo de la adicción a las sustancias es más alto entre las personas de 20 a 35 años; a partir de los 35 años, crece la importancia de las dificultades económicas y de la falta de trabajo.

Las principales actividades económicas de los habitantes de la calle son recoger material reciclable (36 de cada 100), limpiar vidrios (21 de cada 100) y mendigar (20 de cada 100). La prostitución también es una opción económica tanto para hombres como para mujeres. Contrario a la intuición popular, solo una de cada 100 personas que se dedican a la prostitución han sido diagnosticadas con VIH.

La mayoría de los habitantes de la calle no conoce los programas de sus gobiernos locales que existen para atenderlos.

En suma, una política pública nacional para los habitantes de la calle que busque su inclusión social y económica debería adoptar un enfoque diferencial de género y etario, enfocando sus esfuerzos en (1) la prevención y el tratamiento del consumo recurrente de sustancias psicoactivas entre la población juvenil y de adultos jóvenes, (2) la inclusión y formalización laboral de los adultos mayores, (3) el tratamiento de enfermedades crónicas no transmisibles, (4) la atención de las discapacidades visuales y motoras y (5) la difusión de los programas gubernamentales que existen para ellos.

La Política Pública Social para Habitantes de la Calle 2021-2031, que elaboró el Ministerio de Salud y Protección Social, recoge algunas de estas ideas. Lastimosamente, esa política no es más que una versión preliminar: aún es una buena intención de abril de 2021. Los candidatos presidenciales de 2022 tampoco dicen mucho al respecto; de hecho, no dicen nada.

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*Daniel Poveda. Economista. Exvicepresidente del Capítulo de Economía de la Asociación de Egresados de la Universidad de los Andes y miembro del movimiento Defendamos la Paz.

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